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“Nos han desquiciado un poquito”

El vestuario español celebra la capacidad para voltear un escenario adverso: “Los grandes equipos se ven en los momentos difíciles”, dice Cadenas

Cañellas lanza un golpe franco
Cañellas lanza un golpe franco

“No hay que ser tontos. Todo el mundo diría que sí. Cuando te ponen en bandeja un viaje así…”. Habla Neus, una joven procedente de Gandía que ayer entonaba un mensaje, pero en su interior latía otro. “Es cierto, es un poco raro. Es una experiencia única la que nos han brindado, así que hay que aprovecharla. Sinceramente, me da igual lo que diga gente”, decía. “Yo disfruto del balonmano, y punto”, agregaba Eduardo, de Cuenca; “Qatar me ha traído aquí gratis, sí, pero yo soy español y, por supuesto, quiero que gane España”. En las gradas del recinto, 12.400 personas. Y una escena de lo más paradójica. Aficionados españoles, esta vez ataviados con prendas neutras, sin distintivos de la anfitriona, animando al rival: “¡Hasta el final, vamos Qatar!”. Los 60 peñistas contratados por el emirato se ubicaron en esta ocasión en una de las esquinas. Su charanga prendió la mecha y el resto del pabellón rompió a animar. En los fondos, con el culo pegado al asiento pero briosos, seguidores locales con túnicas y turbantes. Quién se lo iba a decir al Señor Balonmano. Allá quedó la tradición; la guita está donde está.

Fue una noche de sentimientos enfrentados. En uno de los banquillos, el padre; sobre la pista, en el bando contrario, el hijo. “Ha sido un partido con sensaciones muy extrañas”, reconocía Valero Rivera sénior, el técnico que dos años antes había coronado a España en el Sant Jordi; “no podía molestarme que marcaran goles jugadores a los que quiero muchísimo. Eso no lo había sentido nunca. Y también, claro, estaba mi hijo. Ha jugado muy bien, me encanta cuando mete un gol. Creo que ha sido más difícil para él que para mí”.

Aginagalde, ante los defensores de Qatar
Aginagalde, ante los defensores de Qatar EFE

Pletórico, con un 70% de efectividad, el retoño recogía el guante. “Lo siento por él y le deseo mucha suerte para lo que queda, pero estoy contento de haberle ganado el partido. Hay veces que sientes cosas e intentas tragártelas para seguir jugando”, decía Valero júnior, tipo serio y esquivo a los focos. Tan liberado por haber superado su día con nota que hasta se fotografió con algún reportero. “He intentado que esto no perjudicase al equipo y ya está”, contaba, a la vez que se refería al duelo: “Hemos estado muy bien. Hemos defendido y también hemos disfrutado corriendo. Hay que seguir así. No vamos a tener ningún final tranquilo. Qatar es un muy buen equipo”.

Además de emotivo, fue un encuentro muy psicológico. “Cuando lo peor lo ha tenido lo ha sabido hacer mejor. Ha sabido ir por detrás en el marcador y mantener los papeles. Ojalá que España esté en la final”, deseaba Valero, el padre. “Los grandes equipos se ven en los momentos difíciles”, continuaba con su tono lineal de siempre Cadenas, que elogió el temple de sus hombres: “La forma en que se ha comportado el equipo en la recta final tiene un gran mérito”. Prolongó el discurso positivo Cañellas, uno de los más destacados, con una solución siempre a mano en los instantes difíciles. “Hemos vuelto a jugar un gran balonmano. Los dos puntos son importantes para intentar quedar primeros de grupo y para demostrarnos que somos los mismos que ganamos el Mundial en 2013”, señalaba el 21. “Nos han desquiciado un poquito, pero es normal, era la anfitriona”, admitía Aginagalde, colosal en el epílogo; “cada partido nos está costando una barbaridad, pero no sólo a nosotros , sino a todos los equipos. Hemos sufrido muchísimo, pero cuando tuvimos que rematar el partido lo hemos hecho”.

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