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Griezmann rompe por el medio y por arriba

El equipo de Simeone supera al conjunto granota con un doblete de Griezmann y un nuevo gol de Godín (3-1)

Griezmann, rodeado de jugadores del Levante, durante el partido. Ampliar foto
Griezmann, rodeado de jugadores del Levante, durante el partido. AFP

Situado por detrás de Mandzukic, como eje de las operaciones ofensivas Griezmann reventó al Levante por juego y por remate aéreo. Suyos fueron los dos primeros goles del Atlético y suya fue la llave del partido a la espalda de dos tallos como Diop y Sissoko. Contrastaba la menuda figura de Griezmann en esa zona muerta ante la corpulencia de los dos mediocentros del Levante. Una pelea de músculo y centímetros contra velocidad y habilidad. El orden de la pizarra contra el desorden de la cintura y de la sorpresa. Triunfó la pillería de Griezmann fuera y dentro del área, explicada con dos cabezazos en los que tuvo esa décima de segundo de más para aparecer y sorprender. Siendo un retaco, tiene una potencia de salto y de cuello para ejecutar remates de cabeza propios de un nueve de toda la vida. En el primer tanto se anticipó a Juanfran y Mariño para conectar un testarazo centrado pero reventón. En el segundo, cazó un rechazo tras un testarazo de Mandzukic que pegó en el palo.

Atlético, 3-Levante, 1

Atlético de Madrid: Moyá; Juanfran, Godín, Giménez, Siqueira; Tiago,
Gabi, Koke, Arda Turan (min.65 Raúl García); Griezmann (min.83 Saúl Ñíguez) y Mandzukic (min.78 Raúl Jiménez).

Levante: Mariño; Iván López, Vyntra, Juanfran, Nikos (min 72 David Barral); Diop, Sissoko, Morales, Ivanschitz; Casadesús y Rafael Martins (min.59 El Zhar).

Goles: 1-0. M. 18. Griezmann. 2.0. M. 46. Griezmann. 2-1. M. 61. EL Zhar. 3-1. M. 81. Godín

Árbitro: Álvarez Izquierdo. Amonestó a Mandzukic, Raúl García, Juanfran, Diop y Sissoko.

52.163 espectadores en el Vicente Calderón.

Con ocho goles Griezmann ya se ha convertido en el máximo goleador del Atlético en Liga. Con esas credenciales y el fútbol que suele destilar, Griezmann sería indiscutible en cualquier equipo. Estamos ante un futbolista que cuestiona como ninguno la ideología de su entrenador a la hora de hacer las alineaciones. Y no es fácil, porque esa metodología de Simeone en la que el balance defensivo cuenta tanto como el ofensivo en los delanteros ha parido una de las etapas más gloriosas del club, si no la que más. Ya corre mucho Griezmann hacia atrás, lo que debe contentar sobremanera a Simeone, que probablemente celebre tanto los goles como esos esprines hacia atrás para tratar de recuperar el balón. A partir de ahora entra en escena Fernando Torres, pero ahora mismo es cuestionable si el ídolo regresado debe competir más con Mandzukic o Raúl García que con el francés. El croata volvió a tener otro de esos partidos tan voluntariosos como destemplado en el área, donde le costó imponerse en el remate por no acelerar a tiempo para encontrarlo.

Los dos goles de Griezmann fueron la culminación del trabajado dominio del campeón. Intuía Simeone un partido para desgranar con movimientos precisos. Durante la semana había trabajado esa posición centrada de Griezmann, su asociación en corto con Arda y la subida de los laterales. Todo para desequilibrar al contrario que esperaba. Alcaraz está en la línea de los entrenadores que mejor rendimiento han sacado al Levante. Sigue la estela de crear un equipo incómodo como ya hicieron antes Juan Ignacio Martínez o Caparrós. Dos líneas de cuatro muy bien formadas y que sea el rival el que piense y maneje el juego para tratar de romperlas. También le hizo darles vueltas a la cabeza al Atlético en las jugadas a balón parado. En las tres primeras faltas laterales cayeron los atacantes rojiblancos en la trampa del fuera de juego, tirada con la eficacia de aquel Anderlecht de los años sesenta. Una de las tretas impidió que subiera al marcador un remate de Arda por fuera de juego previo de Godín. Otro tanto fue anulado también a Mandzukic por ayudarse de las manos para introducir el balón en la portería.

Torres saluda a Clemente Villaverde. ampliar foto
Torres saluda a Clemente Villaverde. AFP

Desde esa posición centrada de Griezmann, se apoyó el Atlético para descodificar al Levante. En algunas ocasiones contó con la ayuda de Arda, tan intermitente como jerárquico en sus intervenciones. Le ha cogido gusto al taconazo el turco, una suerte tan imprevisible como él mismo. Le pega mucho a esa manera de interpretar el juego en la que solo él sabe lo que va a suceder cuando recibe el balón. A partir de esa asociación creció el Atlético que se acostó hacia la banda de Juanfran. Heredero indiscutible del peso en el juego ofensivo que tenía Filipe Luis en el otro costado, Juanfran volvió a firmar su tarjeta más habitual: imprescindible para abrir las defensas contrarias en velocidad o en apoyos cortos y unas cuantas roscas precisas. Ese repertorio de toques rápidos por el medio, mezclado con algunos balones largos cruzados de Godín fueron suficientes para que el Levante intentara muy poco desplegarse en ataque. Solo lo hizo con convicción cuando logró acortar distancias en el marcador con el gol de El Zhar, que pescó con la tibia un tiro esquinado de Iván López.

Se desplomó por unos momentos el Atlético, que aguantó con la respiración contenida una cascada de saques de esquina y centros al área antes de que Godín volviera a poner de manifiesto el poder aéreo propio de su equipo en las jugadas a balón parado. Otro cabezazo, el tercero, que terminó de cerrar el partido que reventó Griezmann por el medio y por arriba.

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