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Fígaro vale una medalla de plata

Fernández, segundo detrás de un maravilloso Hanyu, se recupera del tropiezo del viernes y deleita en el Grand Prix de Barcelona

Javier Fernández tras conseguir la medalla de plata. Ampliar foto
Javier Fernández tras conseguir la medalla de plata. EFE

La elegancia en la pista. La perfección en los saltos. Ambicioso el programa. Es de goma su cuerpo. Y él, tan comedido, esconde fuego dentro. Sonaba El Fantasma de la Ópera de Webber y Yuzuru Hanyu se deslizaba por la pista de hielo con esa dulzura que le dio el oro olímpico en Sochi o el campeonato del mundo pocas semanas después, a principios de año. Acaba de cumplir 20 años. Y es la envidia del circuito internacional. Con una técnica brillante y un programa bellísimo, puro clasicismo, el japonés completó su actuación del viernes para colgarse la medalla de oro en la final del Grand Prix de patinaje artístico celebrada en Barcelona. Sólo él podía superar a un Javier Fernández excelso esta vez, en su segunda oportunidad ante su público. Quinto en el programa corto, el madrileño logró recuperar la compostura y la confianza de los jueces para terminar segundo en el programa libre, y también en la general. Su Fígaro bien valía una medalla de plata.

Como el viernes, el japonés falló en un salto, y acabó sentado en la pista

Juegos Olímpicos al margen, esta es la competición más importante después del Mundial y en ella se dan cita los mejores seis patinadores de esta primera mitad de la temporada. Y Hanyu volvió a triunfar, con la mejor nota en ambos programas, el corto y el libre, a pesar de que por poco se pierde la cita como consecuencia de un traumatismo en la cabeza tras chocar con otro patinador durante el calentamiento en la Copa de China hace un mes. Pero entonces ya salió a la pista para terminar en segunda posición; decisión, por cierto, muy criticada (por arriesgada), que da buena muestra de que no tenía intención alguna de perderse esta cita.

Javier Fernandez, durante el ejercicio que le valió la plata. ampliar foto
Javier Fernandez, durante el ejercicio que le valió la plata. REUTERS

Al igual que ocurrió el viernes, en el programa corto, Hanyu también falló en uno de sus saltos. De nuevo erró su aterrizaje sobre el hielo, a mitad de programa: estaba previsto que hiciera un triple Lutz y acabó sentado en la pista. Pero se recompone rápido. Y como no hay nadie que borde los cuádruples como él, nadie con esa elegancia al cerrar un triple Axel, el público le otorgó el oro con su ovación antes incluso de que los jueces le concedieran una nota de 194,08, lo que supera su mejor marca personal (193,41). Con 288,16 puntos en total fue el gran vencedor de la noche. Con permiso de Fernández, el chico mimado por un Centre de Convencions repleto.

Con una nota de 194,08, los jueces le otorgaron su mejor marca personal

A Fernández el viernes le pudieron los nervios. Estaba asustado, reconoció. Tenía miedo de fallar. Nunca había competido con tanto público entregado a su causa. Y pagó un precio muy caro. No sólo aterrizó mal en el primer salto previsto en su programa corto, un cuádruple, sino que desde entonces se le torció todo: le faltó energía. Y los jueces se lo hicieron pagar caro. Todo lo contrario le había pasado a Hanyu, que también erró en un salto, que también cayó; pero salvo aquel solitario fallo bordó el resto del programa. Por eso partía con la mejor nota, encabezando la clasificación. No así el español. Pero le importó poco, lo que dice mucho de su personalidad.

Segundo en el orden de salida, Fernández se embadurnó de cariño para convertir el apoyo de la grada en toda esa velocidad y poderío que le había faltado un día antes, hundido por la presión y su error. No pudo cerrar su segundo cuádruple, una de las marcas de la casa (pues es uno de los pocos que se atreve a meter tres en el programa libre), pero lo recuperó más tarde. Perfecto en las combinaciones. Divertido en la piel del Fígaro de El Barbero de Sevilla. Veloz, dinámica la coreografía, fresco el patinador. Vuelve a enamorar como hizo con aquel Chaplin que le dio su primer Europeo. Ganó el segundo en febrero. Y aspira al tercero. Si patina como este sábado no será difícil.

Apenas unas horas antes, la rusa Elizaveta Tuktamisheva se había colgado la medalla de oro merced a su excelente ejecución en ambos programas. Nadie saltó como ella, repleta de energía, que logró la primera gran recompensa del año después de que una lesión en el pie la dejara sin patinar durante tres meses. En segundo lugar, brilló su compatriota Elena Radionova, que con sólo 15 años encandiló con su frescura y su técnica. El bronce fue para la estadounidense Ashley Wagner.