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El Atlético, a octavos por la derecha

El Atlético certifica su clasificación a octavos lanzado el mejor Mandzukic

Un empate en Turín le sirve para ser primero de grupo

Raúl García anota tras el error de Roberto. Ampliar foto
Raúl García anota tras el error de Roberto. EL PAÍS

Lanzado por la sociedad Juanfran-Arda y por el mejor Mandzukic que se ha visto en lo que va de curso, con tres goles, certificó el Atlético su pase a octavos de final de la Liga de Campeones. Un empate en Turín puede servirle para terminar primero de grupo. El subcampeón ya está donde pretendía. Se siente muy fuerte este Atlético de Simeone en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias y allí está ya con una jornada de antelación. Tiene el grupo la convicción competitiva, refrendada por la campaña anterior, de que a dos partidos puede mirarle a la cara a cualquiera. Ha corregido con cuatro victorias consecutivas esa primera derrota en Atenas que le ha obligado al meritaje de una reacción contundente y ha salido reforzado.

ATLÉTICO, 4-OLYMPIACOS, 0

Atlético: Moyá; Juanfran, Giménez, Godín, Ansaldi; Arda (Raúl Jiménez, m. 66), Tiago (Mario Suárez, m. 46), Gabi, Koke; Raúl García; Mandzukic (Griezmann, m. 69). No utilizados: Oblak (p), Cerci, Gámez y Cebolla.

Olympiacos: Roberto; Elabdellaoui, Botía, Abidal, Masuaku; Maniatis (David Fuster, m. 46), Ndinga, Milivojevic, Afellay (Kasami, m. 46); Domínguez (Bouchalakis, m. 72); Mitroglou. No utilizados: Megyeri (p), Diamantakos, Avlonitis y Leandro Salino.

Goles: 1-0. M. 9. Raúl García. 2-0. M. 38. Mandzukic. 3-0. M. 62. Mandzukic. 4-0. M. 65. Mandzukic.

Árbitro: Wolfgang Stark (ALE). Amonestó a Ansaldi, Ndinga, David Fuster y Raúl Jiménez.

Unos 50.000 espectadores en el Vicente Calderón. 

Los indicios de final que marcaron la previa se confirmaron con el partido sobrio y decidido que ejecutaron los rojiblancos. Gobernaron el juego en toda su extensión hasta dejar sin capacidad de respuesta al superado equipo de Míchel. Desde el primer minuto olieron la sangre Juanfran y Arda. Olfatearon el rastro del trote cochinero de Afellay, que bajaba tarde, poco y mal, descubriéndoles un pasillo infinito. Una vía tan profunda como ancha que rentabilizaron sobremanera el lateral y el mediapunta turco. Esa combinación generó de salida un torrente de ocasiones por ese costado derecho. El dos contra uno persistente que practicaron retumbó una y otra vez a la espalda de Masuaku. Tac, tac, toques como centellas y Arda o Juanfran ganaban el área y la línea de fondo con una facilidad insultante. Ni Mandzukic, ni Raúl García llegaron a finalizar la primera colada. Sí conectó el llegador navarro un centro de Juanfran que desvió Roberto. A Mandzukic le volvió a faltar ese medio segundo para llegar a otro pase de Juanfran. Ya fue definitivo el siguiente taladro por el mismo flanco, otro centro raso que le cayó rebotado a Roberto. El meta, agobiado porque el balón le venía de un compañero, despejó y le entregó la pelota a Juanfran. Su centro lo empujó Raúl García anticipándose en el primer palo. Ya sea para correr como el que más o para sacar esa veta llegadora que con el tiempo le ha terminado situando cada vez más cerca del área, Raúl García siempre está.

Al ariete le faltaba un partido contundente en el remate, una actuación de goleador de altura

Ante el equipo griego, por primera vez, Mandzukic gobernó el área con contundencia y correspondió con eficacia a ese cambio de estilo al que ha obligado al equipo. Necesita el Atlético ser muy dominador y jugar en campo contrario para explotarle al máximo sus virtudes cerca del gol. Lejos de las zonas de remate, el croata es una especie de extraño falso nueve. Con poco juego con los pies, abre huecos con desmarques que pocas veces le corresponden sus compañeros y prologa balones aéreos. Desde la entrega para el colectivo hasta ahora no caben los reproches para el croata. Le faltaba un partido contundente en el remate, una actuación que terminara de reivindicarle como un goleador de altura. Se repuso el croata a una acción que le descubrió su mayor defecto. Pocas veces ha podido recibir desde que llegó un pase filtrado a la carrera y por abajo que le plantara mano a mano con un portero. Corrió en diagonal hacia Roberto y, en vez de chutar, recortó para perder la pelota y la ocasión. Lo suyo es el área y allí cazó un centro desde la izquierda de Ansaldi que no acertó a despejar Botía. Metió la bota Mandzukic para hacer el 2-0 estando donde muchas veces ha tardado en llegar. Ese tanto ya dejó en la lona al Olympiacos, que dejó en la primera mitad un disparo de Abidal por encima del larguero. El resto fue sufrimiento para los de Míchel. Sin noticias del Chori Domínguez ni de Afellay, sus dos futbolistas más exquisitos, se comió el campeón griego una tunda táctica, física y futbolística. Vio claro Simeone que el triunfo no podía peligrar y dejó a Tiago en el vestuario, con molestias desde la previa, para dar paso a Mario Suárez en la reanudación.

Fue Arda el que reactivó la noche de Mandzukic con una rosca precisa desde la derecha. A la carrera, el ariete dirigió un testarazo picado y ajustado de manual de nueve de toda la vida. Esa condición obligó Simeone a diseñar canales de abastecimiento para él desde la pretemporada. Y en esa búsqueda movió a Arda hacia la derecha para que se juntara con Juanfran. La sociedad ha ido progresando. De un sencillo aguantar la pelota de espaldas y doblar el pase han evolucionado hacia un entendimiento que ha aumentado el repertorio. Ahora puede ser una pared, un pase al espacio, o un balón picado por encima del defensa lo que derriba al lateral de turno. Uno hace mejor y más dañino al otro para beneficio de Mandzukic, que terminó por imponerse en sus dominios en otro testarazo en un saque de falta.

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