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España, un año sin aura

Desde 1991, con Luis Suárez y Miera, la selección no perdía tantos partidos (5) en un curso ● La Roja ha caído del primero al décimo puesto en la FIFA y sufre problemas estructurales

Nolito se lamenta durante el España-Alemania en Vigo. Ampliar foto
Nolito se lamenta durante el España-Alemania en Vigo. EFE

Decía anoche Vicente del Bosque, con rostro taciturno y después de que España cayese frente Alemania en Balaídos (0-1), que el de 2014 “no ha sido un buen año”. Y no le falta razón al seleccionador. A tenor de las cifras y algunas cuestiones nucleares del equipo, parece evidente que España ha perdido el aura que le acompañó en el ciclo triunfal de 2008 a 2012, cuando engarzó tres triunfos consecutivos, uno Mundial y los otros dos continentales. “No puedo estar contento con lo que pasó en Brasil, pero afrontamos una época de transición y hay que afrontar con optimismo el futuro”, se consuela el técnico.

El topetazo en el último Mundial simbolizó la degeneración de un equipo que poco a poco ha ido perdiendo el pulso. En 2014, la selección ha disputado 12 partidos, con un balance de siete victorias y cinco derrotas, 22 goles a favor y 12 en su contra. Desde 1991 no perdía La Roja tantos partidos en un año natural. Aquel curso, España lo empezó con Luis Suárez en en banquillo y lo acabó con Vicente Miera. En total, fueron cinco derrotas, dos victorias y un empate. La selección de Luis Suárez sucumbió tres veces (ante Francia en choque clasificatorio para la Eurocopa de Suecia 1992; y en dos amistosos frente a Hungría y Rumanía); y el combinado de Miera perdió en dos ocasiones, las dos camino del torneo sueco que acabaría ganando Dinamarca (contra Islandia y otra vez ante la Francia de Michel Platini como entrenador)

En 2014, La Roja cayó ante Holanda y Chile en la Copa del Mundo, en la que quedó apeada en la fase de grupos; inclinó la rodilla en un amistoso contra Francia, en París; se quedó en paños menores en el clasificatorio ante Eslovaquia, a principios de octubre; y volvió a besar la lona este martes ante la campeona Alemania, en una muestra más de que ha perdido su pujanza frente a las más grandes.

Después de 33 meses al frente del ranking de la FIFA, de una soberanía incontestable, la selección ha caído hasta el décimo puesto. Pese al empeño del seleccionador en minimizar las fisuras, la estructura del equipo nacional exige una revisión de arriba abajo.

Del Bosque, durante un entrenamiento de la selección. ampliar foto
Del Bosque, durante un entrenamiento de la selección. EFE

Fuerte con las débiles, débil con las fuertes. A lo largo de este año, España ha doblegado a rivales como Bolivia, El Salvador, Italia, Australia, Macedonia, Luxemburgo y Bielorrusia. A excepción del cuadro transalpino, todos ellos sin apenas pedigrí. Hegemónica antes, competitiva a más no poder ante adversarios de altura, hoy día se agarrota frente a las más potentes. El moderno proyecto alemán le ha volteado, por Francia asoma una generación prometedora e incluso la romántica Holanda cambió su plan para ganar vitalidad. En Italia, Prandelli dio un paso a un lado y se ha apostado por el molde de Conte, exitoso con el Juventus, mientras la Inglaterra de Hodgson por fin busca algo más allá del box to box y el juego lanzado.

Dificultades en el relevo. España acudió a Brasil con una media de casi 28 años (27,8), una edad talluda que el cuerpo técnico trata ahora de ir rebajando. Con el último listado se ha refrescado hasta los 26. Aparecen nuevas caras y futbolistas hambrientos que invitan a pensar en nuevos registros, ya sean De Gea, Isco, Koke, Callejón, Raúl García o en última instancia Nolito. Intenta Del Bosque garantizar el relevo y desentumecer al equipo, aletargado, pero aún no se divisan sustitutos de empaque para referentes de tantísimo peso en la columna vertebral como Puyol, Xavi, Xabi Alonso o Villa, que progresivamente fueron dejando paso.

Juanfra, Xavi, Villa e Iniesta celebran un gol en un amistoso de 2012. ampliar foto
Juanfra, Xavi, Villa e Iniesta celebran un gol en un amistoso de 2012. Reuters

El desgaste de los pilares. Pese a la marcha de varios estandartes continúan algunos tótems de los éxitos. Sin embargo, la realidad es preocupante en torno a algunos de ellos. Pare más o menos, Casillas está sometido a un examen permanente, más tras su pobre rendimiento en Brasil y una actuación muy cuestionable frente a Eslovaquia; en la zaga, Piqué no atraviesa por un buen momento y apenas se parece al cacique de antaño; Busquets y sus problemas físicos han debilitado el motor, también gripado en la fase más creativa por las intermitencias de Silva e Iniesta, este último muy diluido; y también se ha acusado mucho la desaparición de jugadores que aportaban consistencia y continuidad como Valdés, Javi Martínez, Cazorla, Mata o Jesús Navas.

Atasco en la sala de máquinas. La esencia de la selección, su sello de distinción y el aspecto más definidor de su estilo, recibió un aguijonazo frente Alemania. Por primera vez en la era Del Bosque el equipo perdió la posesión (48% frente al 52% de los teutones). Actualmente, es el cuadro de Löw el icono pelotero bajo la batuta de Kroos, el doble nórdico de Xavi. Ausente el catalán, una de las prioridades es hallar otra pieza que dé sentido al engranaje colectivo.

Diego Costa, durante el amistoso de septiembre contra Francia. ampliar foto
Diego Costa, durante el amistoso de septiembre contra Francia. EFE

El enigma del 9. El hecho de que Pedro y Villa hayan sido los delanteros más prolíficos de 2014, con tres dianas cada uno, es significativo. El azulgrana, un extremo, es suplente y ha perdido presencia en su club, mientras que el asturiano hizo sus últimos servicios sabiendo ya que escribía el epílogo de su carrera. Desde que Fernando Torres quedó apeado, La Roja no ha resuelto el enigma del goleador. Ni Llorente, ni Negredo, ni Soldado han contado con el favor del entrenador y después de un kilométrico embrollo burocrático, el encaje de Diego Costa está resultando tortuoso. Se prueba ahora con savia nueva y una vía más directa, con cañoneros puros como Paco Alcácer y Morata, y se ha abortado la fórmula del falso ariete que tan buenos resultados dio con Cesc.

El muro resquebrajado. Abrigada a través de la posesión de la pelota y por dos colosos como Ramos y Piqué, la defensa presenta ahora filtraciones por el centro y grietas en los costados. Cuestionado el barcelonista en su club, donde no cuenta con la confianza de Luis Enrique y calienta el banquillo, el central andaluz echa en falta un escudero, si bien es cierto al azulgrana se ha mostrado entonado en los dos últimos compromisos. Se conserva el comodín de Albiol y crece la apuesta por Bartra, pero el vacío dejado por Puyol y la inestabilidad de Piqué, al que se le ha puesto en tela de juicio su implicación, como a Fàbregas y Costa por sus lesiones, es grande. En la derecha se observa con mucha esperanza el despegue de Carvajal para que compita con Juanfran y Azpilicueta, ubicado también en la izquierda para tapar las lagunas de Jordi Alba, muy alejado de ese cohete que maravilló hace dos años. Bernat, catapultado en el Bayern pero con escasa experiencia, es la otra opción para ese flanco.

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