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El Inter pierde el alma

El club ‘nerazzurro’, un histórico, deambula por Italia tras la marcha de Massimo Moratti y la llegada del magnate indonesio Thohir

Erick Thohir, en el palco del Giuseppe Meazza. Ampliar foto
Erick Thohir, en el palco del Giuseppe Meazza.

Intenso e histriónico, sumido en la hipérbole permanente, al Inter de Milán le cuesta caminar en línea recta. Desde su nacimiento, cuando un grupo de 44 disidentes decidió escindirse del actual Milan en 1908 por no aceptar futbolistas extranjeros, la historia de la entidad se mueve entre picos de sierra, arriba y abajo, de un bandazo a otro. La última peripecia es el regreso al banquillo del técnico Roberto Mancini, con el que vivió cuatro años dulces en los que conquistó tres Scudetti de 2004 y 2008 y gobernó con mano dura el fútbol italiano, salpicado entonces por escándalos de fraudes y amaños. Desgastado, le reemplazó en la caseta José Mourinho, artífice en 2010 de un triunfo en la Copa de Europa que se resistía desde hacía 45 años. Y, a partir de ahí, la vuelta a las andadas. Un páramo. Seis entrenadores (Benítez, Leonardo, Gasperini, Ranieri, Stramaccioni y Mazzarri) en cuatro años; la Coppa de 2011, el único título.

La entidad ha perdido encanto y el poder de atracción de las figuras. Donde brillaron Ronaldo o Ibra hoy figuran jugadores de perfil medio

El relato del Inter, con tres trofeos de la Champions en sus vitrinas y el único italiano que se ha mantenido siempre en la Serie A, está marcado por tres puntos de giro. El primero, la compra de la sociedad por parte de Angelo Moratti, que en 1955 pagó 100 millones de liras por coger el timón y moldeó Il Grande Inter, aquel que elevó los cetros continentales de 1964 y 1965 con Helenio Herrera al mando y figuras como Mazzola, Fachetti o Luis Suárez sobre el campo. El segundo, la llegada a la presidencia en 1995 de su hijo Massimo, filocomunista y capo del negocio petrolífero; amante del buen juego y con un poder seductor que le permitió reclutar a grandes estrellas. Y el tercero, octubre de 2013, cuando hastiado de pilotar una nave tan inestable dio un paso a un lado y, después de 19 años, vendió el 70% de las acciones a un consorcio liderado por el magnate Erick Thohir.

El técnico Roberto Mancini, tercero por la izquierda, durante su presentación. ampliar foto
El técnico Roberto Mancini, tercero por la izquierda, durante su presentación. Getty

El indonesio, copropietario del club estadounidense DC United, accionista de los Philadelphia 76ers en la NBA y dueño de dos equipos de baloncesto (Satria Muda BritAma Jakarta e Indonesia Warriors) y uno de fútbol (Persib Bandung) en su país, es un personaje peculiar. Prometió reencauzar y devolver la grandeza al Inter. “Fichar a Messi. ¿Por qué no?”, soltó ante los medios. “No soy alto y nunca lo seré. Tampoco soy flaco. Mucha gente no me encuentra bonito, esos son hechos que no puedo negar, pero deberían saber que soy un gran trabajador”, expuso en su día, ante las burlas racistas de algunos dirigentes balompédicos del país.

Este señor viene de un país sin tradición  futbolística. Hemos perdido personalidad"

Luis Suárez, histórico del Inter y Balón de Oro en 1960

“Hay un follón enorme, crispación, la gente está sufriendo mucho”, expresa desde Milán el español Luis Suárez, miembro del histórico equipo de los sesenta y Balón de Oro en 1960. La muestra del desapego de algunos antiguos símbolos hacia la nueva dirección; “este hombre viene de un país donde no hay tradición futbolística y se nota. Hemos perdido personalidad. No se ve una salida clara ni hay indicios de formar un equipo como se debe”.

A sus 44 años, nadie duda de las dotes administrativas de Thohir, pero sí de su visión deportiva. La hinchada le ha vuelto la espalda y el Inter, una sociedad con trazos izquierdistas –en 2004 disputó un partidillo con miembros del ejército zapatista en Chiapas– ha vuelto a salirse de los raíles. Ha perdido encanto. El curso pasado concluyó quinto, apeado de la élite europea, y esta campaña es noveno. Ha ganado dos de los últimos ocho partidos, ambos de penalti y por la mínima. La goleada por 7-0 en el estreno contra el Sassuolo fue un espejismo. Como remiendo, Thohir prescindió de Walter Mazzarri, que nunca llegó a conectar con el Giuseppe Meazza, y se aferra a Mancini, querido por los tifosi. “Espero poder escribir una bella historia. No conozco bien a todos los jugadores, sólo los he visto alguna vez, pero creo que este equipo tiene calidad, como el de hace 10 años", señaló el preparador.

El brasileño Juan Jesús, tras caer contra el Hellas Verona en el Giuseppe Meazza. ampliar foto
El brasileño Juan Jesús, tras caer contra el Hellas Verona en el Giuseppe Meazza. EFE

Los nombres, sin embargo, desmienten a Mancini. En el vestuario ya no habrá futbolistas de la talla de Ronaldo, Vieri, Simeone, Seedorf, Pirlo, Recoba o Zamorano, alistados gracias a la pujanza de Moratti, ni los Ibrahimovic, Adriano, Verón o Zanetti, de su etapa anterior. Ahora se ha encontrado con una torre de Babel –de los 26 jugadores de su plantilla, solo seis son italianos y entre ellos Osvaldo, de origen argentino, es el único internacional– en la que futbolistas de calibre medio como Handanovic, Hernanes, Guarín o Icardi son sus mejores activos. “Un gran nombre, por sí mismo, no garantiza victorias. Un equipo necesita estabilidad. Gastaremos, pero en el momento adecuado”, aduce Thohir, que apunta al corsé del fair play financiero impuesto por la UEFA para justificar su escueta inversión el pasado verano, de sólo 12 millones de euros. “Dijo que iba a fichar, pero de momento no se ha visto por ningún sitio la pasta. El Inter tiene hoy un equipito muy normal”, puntualiza Suárez.

Los aficionados, deseosos de reverdecer laureles y de que su Inter recupere la gloria, el alma que le permitió elevar 15 cetros de 2005 a 2011 y en tiempos pasados, aguardan con incertidumbre al futuro y al derbi de esta noche frente al Milan (20.45, C+ Fútbol), otro coloso venido muy a menos.

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