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El éxito de la generación del asfalto

Tras el triunfo de Àlex Márquez en Moto3, se repite el triplete nacional del curso pasado gracias a la tradición, los patrocinadores y el impulso de Dorna, dueña de los derechos del Mundial desde 1992

Nadia Tronchoni
Àlex Márquez (número 12), pelea codo con codo con Miller, ayer en Cheste.
Àlex Márquez (número 12), pelea codo con codo con Miller, ayer en Cheste.heino kallis (reuters)

Cuando en 2010 tres pilotos españoles se proclamaron con pocas semanas de diferencia campeones del mundo de sus respectivas categorías del Mundial de motociclismo la hazaña provocó admiración. Pero no generó demasiada sorpresa: aunque la asignatura pendiente era MotoGP, hacía ya muchos años que los españoles cosechaban buenos resultados en las categorías inferiores. Desde que Ángel Nieto —13 títulos repartidos entre los mundiales de 50cc y 125cc— dejó de correr en 1986, siempre apareció alguien dispuesto a recoger el testigo.

Hubo que esperar a Àlex Crivillé para presumir de corona de 500cc. Ocurrió en 1999. El de Seva fue pionero y el suyo fue un triunfo aislado. Hasta que Jorge Lorenzo batió a Rossi aquel genial 2010 con su estilo fino y su fortaleza mental. Su éxito lo adornaron dos pilotos, campeones de Moto2 y 125cc, respectivamente: Toni Elías y Marc Márquez.

Desde entonces, el dominio español no ha hecho más que afianzarse y convertirse en modelo y referencia para otros países. El éxito de los corredores españoles, que este año, como el pasado, han ganado las tres categorías del Mundial, se explica por la cultura motera y la tradición de carreras en España. Pero no sólo por eso. La puesta en marcha de copas de promoción, como las impulsadas por Aprilia (en la que compitió Lorenzo), por Telefónica (de donde salió Pedrosa) o por Bancaja (ahora Cuna de Campeones) explica los resultados del presente.

Desde que Nieto dejó de correr en 1986, siempre hubo alguien para recoger el testigo

También la aparición de la empresa española Dorna. Dueña de los derechos del Mundial desde 1992, impulsó la profesionalización del campeonato y se implicó en la organización de algunas copas de promoción en los noventa o en el Campeonato Español de Velocidad (CEV) desde 1998. Y son responsables, especialmente, las federaciones territoriales (sobre todo la catalana y la valenciana), y la española, cuyo esfuerzo no tiene parangón en el mundo: han desarrollado una estructura para trabajar con criterio desde la base y facilitar que los pilotos avancen paso a paso, formar a los chicos desde edades muy tempranas en circuitos de asfalto —algo que no pudo hacer la generación anterior— y con motos que se adaptaran a las medidas y a las capacidades de niños menores de 13 años.

Una manera de trabajar ésta que hizo del CEV —hoy internacionalizado para dar, por ejemplo, oportunidades a niños japoneses o australianos: Miller, subcampeón de Moto3, es una buena muestra— el mejor trampolín para dar el salto al Mundial. Todo ello ha sido posible gracias al apoyo de empresas como Repsol o Movistar y de las instituciones, pues han proliferado en España en los últimos años cantidad de circuitos de calidad y seguros como no los hay en ningún país europeo. Es la semilla de los frutos que se recogen hoy. Es la causa por la que lo del 2010 no fue un éxito aislado. El enano que aquel año ganó el título de 125cc se llama Marc Márquez y es hoy el chaval que marca el compás en MotoGP. Tiene enfrente a otros dos españoles con quienes ya peleó por el Mundial el año pasado, Lorenzo y Pedrosa. Es el motivo por el que España es el país que más veces ha logrado un triplete como aquel: tres. Los últimos en dos temporadas consecutivas: en 2013 con Márquez, Pol Espargaró y Maverick Viñales y este año con el mismo Márquez, Tito Rabat y Àlex Márquez.

Las federaciones territoriales, sobre todo la catalana y la valenciana, decisivas

La de los tres últimos campeones es la victoria de la generación del CEV, una fábrica de producción en cadena donde se moldean ganadores desde hace un decenio, comenzando por Marc Márquez.

La base es la misma. Luego, cada uno ha ganado a su manera. Márquez, impulsado por esa obsesión por encadenar victorias que marcó el inicio del campeonato en MotoGP, y por su hambre de nuevos retos, como en Aragón o Phillip Island. Rabat, merced al trabajo duro, a entrenamientos interminables en el circuito de Almería para entender cómo dibujar la trazada perfecta, cómo atacar las curvas, cómo trabajar la confianza que otros le negaron. Y el pequeño de los Márquez, gracias a su infinita paciencia: sin la inteligencia y la calma, incluso cuando la Honda no era la mejor moto, no hubiera podido ganar. Piensa, mucho, tanto que irrita a su impulsivo hermano, pero es así como ha conseguido ganar a Miller. Y cerrar un año memorable para el motociclismo español.

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Sobre la firma

Nadia Tronchoni
Redactora jefa de la sección de Deportes y experta en motociclismo. Ha estado en cinco Rally Dakar y le apasionan el fútbol y la política. Se inició en la radio y empezó a escribir en el diario La Razón. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, Máster en Fútbol en la UV y Executive Master en Marketing Digital por el IEBS.

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