UNDÉCIMA JORNADA | CÓRDOBA, 0-DEPORTIVO, 0

El Deportivo aburre a un triste Córdoba

Los de Djukic fallan un penalti y desperdician jugar en superioridad numérica más de una hora por la expulsión de Postiga

Ghilas pelea un balón aéreo con Sidnei.
Ghilas pelea un balón aéreo con Sidnei.Rafael Alcaide / EFE

No hay forma de que el Córdoba gane. Y ya van 11 partidos. El choque ante un digno Deportivo revela una conclusión evidente. El colista no tiene fútbol y no parece que sus problemas estén en el banquillo. Se marchó Ferrer, destituido, y llegó Djukic. Tres partidos van con el preparador serbio y el triunfo no llega. Dos puntos de nueve posibles y lo peor, quizás, son las formas.

El Córdoba falló un penalti y desperdició jugar en superioridad más de una hora por la injusta expulsión de Postiga. Su partido fue una agonía salvo 10 minutos de la segunda mitad. La confusión y la falta de ideas de los locales fueron muy bien aprovechadas por el Deportivo, que sacó un punto que le sabe a gloria. El Córdoba, si no gana partidos como éste, difícilmente lo hará en otras situaciones. Su falta de fútbol es gigantesca. Además, su moral se resentirá después de este tipo de actuaciones. Acabó el partido sin ideas y, lo que es muy triste, sin alma, alejado del área rival y siendo la viva imagen de la impotencia.

CÓRDOBA, 0-DEPORTIVO, 0

Córdoba: Juan Carlos; Gunino, Íñigo López, Pantic, Crespo (Pinillos, m. 11); Luso (Borja, m. 46), Rossi, Abel; Fede, Ghilas y López Silva (Xisco, m. 69). No utilizados: Sáizar; Bouzón, López Garai y Fidel.

Deportivo: Fabricio; Laure, Lopo, Sidnei, Canella (José Rodríguez, m. 63); Juanfran, Wilk (Álex Bergantiños, m. 84), Medunjanin (Juan Domínguez, m. 75), Luisinho; Cavaleiro y Postiga. No utilizados: Lux; Diakite, Cuenca y Dani Iglesias.

Árbitro: Mateu Lahoz. Expulsó a Postiga (m. 29) por doble amarilla. Amonestó además a Luso, Íñigo López, Pinillos y Pantic.

El Arcángel. Unos 15.000 espectadores.

Mateu Lahoz es un árbitro que, a veces, solo pita una falta si el futbolista está cerca de lesionar al contrario. Algo ha cambiado en la mentalidad de este colegiado para dejar a un equipo con 10 como hizo con el Deportivo. Postiga se fue al vestuario después de ver una amarilla justa y otra de cachondeo por empujar levemente a Íñigo López. Las dos acciones del delantero portugués resultaron cruciales en el desarrollo del encuentro. La primera provocó un penalti fallado por Fede debido a la gran estirada de Fabricio. La segunda condenó al Deportivo a defenderse con uno menos durante más de una hora.

El equipo de Víctor Fernández, plagado de laterales debido a las ausencias, había salido con cierta pujanza. Las acciones de Postiga lo condenaron al repliegue, donde es cierto que se movió con cierta destreza. A esta ausencia de problemas defensivos ayudó la falta de ideas del Córdoba. Con un jugador más se empeñó en entrar por el centro, olvidando el juego por las bandas para hacerle amplio el campo a su rival. Salvo Fede, ningún elemento del conjunto andaluz tuvo velocidad ni recursos para desbordar a los jugadores del Deportivo. El conjunto gallego, por su parte, bastante tenía con sobrevivir. Víctor tiró de manual. Dos líneas de cuatro, Cavaleiro arriba y a apretar.

La mano de Djukic se hacía necesaria para dotar al Córdoba de ideas y velocidad. Entró Borja García para jugar entre líneas y Pinillos abrió el campo en la izquierda. Entonces, el Deportivo comenzó a sufrir. El partido, irremediablemente, se le fue haciendo muy largo. Salvó Fabricio un par de acciones de Borja y Víctor refrescó con inteligencia a su equipo. José Rodríguez, por ejemplo, trabajó lo indecible en la banda derecha. El Deportivo, muy ordenado y solidario, se trabajaba un punto con enorme esfuerzo ante la falta de talento del Córdoba.

El equipo gallego resistió mientras el Córdoba agonizaba y rumiaba su evidente falta de talento. Gran punto del Deportivo, que le sabe a gloria, mientras que el conjunto andaluz sigue sin conocer la victoria. Si no gana en partidos como éste, no se sabe muy bien cuándo lo hará. El final de partido del Córdoba fue un triste ejercicio de impotencia, que provocó el alboroto de una grada fiel hasta el momento.

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