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Rutinas, cabreos y dineros

Como todas las semanas, Juanma Iturriaga analiza la actualidad deportiva en una nueva entrega de su diario

Marc Gasol sostiene el balón ante la marca de Ricky Rubio. Ampliar foto
Marc Gasol sostiene el balón ante la marca de Ricky Rubio. EFE

30/10. Jueves

No soy persona de muchas rutinas, sino más bien lo contrario. Eso sí, tengo una que procuro llevar a rajatabla, lo que a veces no resulta sencillo. Durante las primeras horas de cada día, intento no perder demasiada de la energía que te da el reseteo de un buen sueño, por eso en mi primer repaso a la actualidad que realizo mientras desayuno, evito fijar mi mirada en asuntos que me alteren. Mientras hago caso a los expertos que aseguran que el desayuno es la comida más importante del día, no voy más allá de la información deportiva y dejo para más adelante redadas, corruptelas, crisis y demás asuntos que por mucho temple que tengas, pueden terminar por amargarte el día.

Esta madrugada, los hermanos Gasol disputaron su primer partido de la temporada regular de la NBA y ambos confirman, al menos en primera instancia, que andan bastante enfocados. Pau (21 puntos y 11 rebotes) y sus Bulls han tomado Nueva York, plaza que tiene más prestigio que complicación, al menos hasta que el mago Phil Jackson y su acólito Derek Fisher puedan cambiar una dinámica que se remonta ya casi al origen de los tiempos. A Pau le motiva su nueva vida y también los zascas dialécticos que se lleva, a los que ya debe estar acostumbrado, pues durante su estancia en Los Ángeles le llovieron algunos desde fuera y también desde dentro. El último lleva la firma de Shaquille O´Neal, eterno aspirante junto a Charles Barkley al bocazas del año, que ha dicho que Pau está viejo y acabado. El tiempo dará y quitará razón, pero así a botepronto, ya me gustaría a mí estar así de viejo y acabado.

Marc, por su parte, ha hecho 32/9, récord de anotación en su carrera. Si nos atenemos a la circunstancia bastante habitual (seguro que es casualidad) que jugadores que están próximos a negociar contratos suelen jugar temporadones, las buenas prestaciones de Marc están garantizadas. Menos seguro estoy que la metabolización de lo que ocurrió en el Mundial haya sido tan acertada, al menos ateniéndome a sus recientes declaraciones donde afirmaba con rotundidad que no cambiaría nada de lo que hizo en el Mundial. Sólo espero que alguno de los otros once jugadores sí lo harían.

En el capítulo de efemérides, que casi todos los días hay alguna en el universo deportivo, si el miércoles tocaba los veinte años del debut de Raúl, hoy es el turno a los cuarenta de la mítica pelea entre Ali y Frazer en el ex-Zaire, lo que me recuerda que en cuanto tenga un rato, tengo que volver a ver el documental When we were kings (cuando éramos reyes), pieza imprescindible para entender lo que fue y significó aquella histórica pelea, la convulsa época en la que se celebró y la personalidad arrolladora de Muhammad Alí. Vale cada minuto de su metraje.

31/10. Viernes

Caparrós, con la polémica portada del diario Marca. ampliar foto
Caparrós, con la polémica portada del diario Marca. AS

La imagen del día no puede ser otra que la de Joaquín Caparrós haciendo un churro con la primera página del Marca (por un momento pensé que, después de arrugarla, se la iba a comer) como demostración del monumental cabreo que llevaba por el titular de su entrevista previa al partido del Granada ante el Real Madrid. Mientras elaboraba su argumentario, yo esperaba un rotundo “es mentira” , pero este no llegaba. Y no podía llegar porque Caparrós sabía que lo había dicho. O sea, que su mosqueo venía no por la veracidad o falsedad de lo expuesto a grandes letras en la portada, sino por la elección del titular por parte del periodista, lo que guste o no está en sus manos salvo que te asegures de antemano el derecho a aprobarla antes de su publicación.

Como a mí me ha ocurrido alguna vez, he de decir que en estas situaciones con el que primero que estás enfadado es contigo mismo. ¿Cómo es posible que haya sido tan pardillo al decir esta frase? Dado que es difícil comerte el marrón tú sólo, pues lo que se suele hacer es buscar otro culpable para liberar la mala leche que te entra. Una vez pasado el calentón, ves las cosas con una mayor claridad y si has metido la pata públicamente, como en el caso de Caparrós, pues no queda otra que sacarla pidiendo disculpas e intentar zanjar el asunto para no darle más vueltas. Eso no deja para que, a veces, los periodistas tiendan a preferir las formas que el fondo, la frase llamativa antes que el contexto en el que está dicha. Aunque estén en su derecho, puede resultar irritante.

Caparrós ha logrado ser noticia en un día donde a Isco le siguen subiendo a los altares. Sí, ese jugador que cuando hace poco más de un año fichó por el Madrid era Zidane con acento malagueño, para luego convertirse en alguien de moral frágil y que no estaba preparado para grandes exigencias físicas y defensivas, para luego volver a ser un tipo con dureza mental, capaz de subir y bajar mil veces, robar y crear, destruir y hacer obras de arte. Vamos, que según nos cuenta, como siga así, un Zidane 2.0. Al menos en estas semanas, que en la montaña rusa mediática, no se sabe cuándo vas a subir o bajar.

Siempre he pensado que uno de los retos más importantes que debes superar cuando estás en un club de los grandes, es el poder ser dios una semana y el diablo la siguiente. Todo ocurre tan rápido que resulta extremadamente complicado, y más a edades tempranísimas, gestionar correctamente esto, que no se te vaya la bola con el halago desmesurado ni seas carne de psiquiatra cuando crees que ya nadie te quiere. Unos cuantos han terminado perdidos en este desconcertante subibaja para el que se necesita una templanza que sólo la edad y la experiencia te puede dar.

01/11. Sábado

Escribiendo ayer de las cosas a las que se debe enfrentar un chaval joven cuando entra en el circuito de las estrellas seguidas y perseguidas, adoradas y denostadas en un breve espacio temporal, se me olvidó mencionar el asunto económico. Hacerse multimillonario y resolver tu vida y la de varias generaciones posteriores cuando casi la estás empezando es otra exigente prueba de carácter, que, por otro lado, a todos seguro que nos gustaría tener que enfrentarnos.

Ricky Rubio, antes del partido ante los Detroit Pistons. ampliar foto
Ricky Rubio, antes del partido ante los Detroit Pistons. EFE

La pasada noche, sin ir más lejos, y en una cena entre amistades muy cercanas, surgió, al hilo de sorteos tipo Euro millón, la Once o el ya cercano del gordo de Navidad, la pregunta clásica. ¿Qué harías si te caen de golpe 10-15-20 millones de euros? Si llego a saber, le hubiese llamado a Ricky Rubio, pues más o menos a la misma hora que prometíamos, en plena exaltación de la amistad, que si alguna vez nos ocurre, repartiríamos algo entre los presentes (otro clásico), se hacía oficial su renovación por ¡56 millones de dólares! durante el ciclo de 2015 al 2019. Como cada vez que surgen cifras de este calado, la pregunta consiguiente que nos hacemos es inevitable: ¿Vale lo que cuesta?

Analizando este tipo de movimientos, está claro que hay dos formas de fichar/invertir/gastar, que cada uno lo llame como quiera: A presente o a futuro. Por lo que eres o por lo que puedes llegar a ser. Creo entender que en la renovación de Ricky por los Minnesota Timberwolves hay más de lo segundo que de lo primero, aunque también habrá tenido que ver cuestiones aleatorias como la marcha de Kevin Love, que sin duda ha sumado algún que otro milloncejo al contrato de Rubio. Como en otros casos de grandes inversiones, el tiempo dirá si ha sido caro o barato. Por poner un ejemplo, Cristiano le costó al Madrid mucho más dinero que Kaká, y años después el portugués ha sido una ganga y el brasileño una ruina.

Eso sí, la tremenda suma de dinero que va a recibir Ricky le coloca por un lado en una situación de respeto ajeno, que en la NBA estas cosas tienen su importancia, y por otro de exigencia máxima. Para justificar su sueldo, tendrá que dar un gran paso adelante, mejorar sus prestaciones individuales y además, liderar el crecimiento colectivo. No le bastarán dar asistencias espectaculares o rondar el triple doble cada noche, sino que su consistencia como jugador y caudillo ha de merecer la confianza, cifrada en 56 millones de dólares, que le ha mostrado su franquicia.

02/11. Domingo

Hacía mil años que no veía una carrera completa de Fórmula 1. No me preguntéis por qué, pues fue un cúmulo de circunstancias que sería largo explicar, el caso es que cierro la persiana del fin de semana televisivo viendo el GP de Estados Unidos. Rápidamente entiendo el por qué de mi deserción como espectador. Quitando las dos o tres primeras curvas, donde se agolpan los coches y se producen momentos de cierto interés y algún que otro adelantamiento, el resto se reduce a un montón de coches dando vueltas y vueltas sin que pase prácticamente nada, mientras Lobato y su equipo (grande siempre Pedro De la Rosa) se afanan por ponerle emoción, cosa harto complicada cuando sabes el ganador, el segundo, el puesto de Alonso y quien sea el futuro campeón te importa más bien poco.

Lewis Hamilton celebra su triunfo en el Gran Premio de Estados Unidos. ampliar foto
Lewis Hamilton celebra su triunfo en el Gran Premio de Estados Unidos. AFP

Eso sí, como lo que da la pista no es ni mucho menos suficiente para mantener el interés, aceite que mantiene engrasada la maquinaria del tinglado, pues el foco se traslada a renovaciones de contratos o piques entre corredores de la misma escudería. Mal asunto cuando un deporte se sostiene por lo accesorio y no por lo fundamental.

Buena semana a todos

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