“Olvídense del dinero, de la fama…”

Gulbis, un talento incorregible que hace año y medio estaba fuera del top 150, medirá a Djokovic tras eliminar a Federer y a Berdych

Gulbis, ante Berdych.
Gulbis, ante Berdych.David Vincent (AP)

-El pasado febrero, su madre le dijo que debía dejar el tenis.

-Y ahora me dice que si gano el torneo tengo que dejar el tenis.

Todo es posible cuando Ernests Gulbis, el número 18 mundial, está de por medio. Cualquier cosa puede salir de su boca. Cualquier cosa puede salir de su raqueta. Este letón de 25 años, que ya estaba en los cuartos de París en 2008, medirá a Novak Djokovic en semifinales tras eliminar a Roger Federer y a Tomas Berdych sin que eso le impidiera hablar del alcohol, las fiestas que le esperan, de descansar en la playa y, en general, de seguir viviendo la vida que le ha tocado como hijo de un millonario que le permite volar alrededor del mundo en su avión privado.

"En estos años he descubierto lo que me hace verdaderamente feliz: hacer bien mi trabajo", reflexionó en París el letón, un hombre dado a romper raquetas, vacilar a los rivales ("Princesita", le decía entre punto y punto una vez a Roberto Bautista) y tener explosiones geniales, en la pista y fuera ("Me cagué en los pantalones", dijo una vez en la que sufrió para batir a Federer). "Eso me permite vivir mi vida al máximo. Puedo disfrutar mucho más. Olvídense del dinero, olvídense de la fama, se trata de estar a gusto conmigo mismo y con lo que hago en la pista", añadió. "A veces no eliges tu profesión, si no que tu profesión te elige a ti. El tenis me eligió porque mi padre tenía un amigo entrenador. Así empecé, aunque sé que sería bueno con cualquier deporte de pelota", bromeó. "Necesito demostarme que he llegado a ser lo mejor que puedo ser en el tenis, para tener la mente limpia cuando tenga 35 años y esté en una playa..."

Djokovic, su compañero de aventuras adolescentes en la academia alemana de Pilic, es el favorito indiscutible para llegar a la final. El cruce, en cualquier caso, es intrigante: con un saque como el de Gulbis y su capacidad para desbordar, todos los favoritos le tienen catalogado de rival incómodo.

Djokovic celebra su victoria ante Raonic.
Djokovic celebra su victoria ante Raonic.DOMINIQUE FAGET (AFP)

"Da igual el cara a cara [4-1 para el serbio]", contó Gulbis. "Para mí estamos 0-0. Nunca he jugado contra él en un estado de forma tan bueno como el de ahora. Lo que está en el pasado no es valorable. De su lado espero un tenis estable, sin fallos, sin puntos gratis. Tendré que estar ahí, sin excusas, del primero al último punto".

Gulbis, que llegó a verse fuera de los mejores 150 tenistas del mundo hace año y medio, ha celebrado este curso dos torneos (Marsella, en dura, y Niza, en tierra). Su ascenso al top-10 parece imparable. Es un talento reencontrado, pero tiene un problema: Djokovic busca una nueva corona.

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Sobre la firma

J. J. M.

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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