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La Final Four del 33

Karabatic, que en el Barcelona ha encontrado la calma que buscaba, lidera a un equipo que persigue el pleno de títulos con la Liga de Campeones

Karabatic celebra un gol en el Palau Blaugrana. Ampliar foto
Karabatic celebra un gol en el Palau Blaugrana.

Hace ahora justo un año que el Barcelona anunciaba la contratación de Nikola Karabatic (Serbia, 1984), que llegó libre al Barça y que firmó un contrato hasta 2017 con un objetivo prioritario: ganar la Final Four de la Liga de Campeones que este sábado (18.00 horas, Esport3) comienza en Colonia. Una semifinal enfrenta al Barcelona y al Flensburg alemán, y la otra dejará en la cuneta al Veszprém, húngaro, o al Kiel, también germano, dos de los conjuntos más potentes del panorama europeo.

Nada más llegar a Barcelona, Karabatic cogió el teléfono y llamó a Didier Dinart, que además de ser considerado uno de los mejores defensas de la historia del balonmano también ha sido su confidente, su contrincante y su amigo; para que le permitiera lucir el dorsal número 33, el mismo que Dinart llevó en la selección francesa, en el Ciudad Real y en el Atlético de Madrid. “Conozco a Nikola desde que era pequeño, cuando ya le llevaba a los entrenamientos. Siempre iba por delante de los demás. A los 16 años ya me dijo que quería convertirse en el mejor jugador del mundo”, explica Dinart en conversación con este diario.

En Barcelona, una ciudad entregada al fútbol y en menor medida al baloncesto, Karabatic encontró la tranquilidad que necesitaba. “Puedo salir tranquilo a la calle sin que me reconozcan. Me encanta ir a cenar con mis amigos o con mi novia, y conocer sitios nuevos. O acercarme a la playa, ir al baloncesto…”, dice. Allí le recibió un grupo consolidado que rápidamente se puso en el bolsillo, tanto por su perfeccionismo como por su capacidad de trabajo. Con su número favorito a la espalda y con la Liga ASOBAL, la Copa del Rey, la Copa ASOBAL, la Supercopa española y el Mundial de Clubes en la mochila, Karabatic quiere conseguir el pleno de títulos. Esta sería su tercera Copa de Europa —ya posee una con el Montpelier y otra con el Kiel—, pero la primera en el formato de Final Four. Sería una buena forma de devolverle al club azulgrana toda esa calma que tanta falta le hacía para que todo su potencial, ese que le hace ser visto como el jugador más determinante del mundo, emerja con la misma fuerza que contra el Rhin-Neckar, en el partido que dio la clasificación a los hombres de Xavi Pascual, después de ejercer de estilete y meter siete goles.

“Nikola necesitaba un club como el Barcelona. Vive en una gran ciudad y forma parte de un proyecto grandísimo. Es un sueño para cualquiera”, comenta Dinart desde Ciudad Real. “Ha hecho una muy buena temporada, probablemente la mejor de su vida desde el punto de vista físico. Ahora aguanta los partidos corriendo todo el tiempo. Está muy sereno de cabeza, tanto en su club como cuando juega con Francia. Que su hermano juegue con él le ha estabilizado”, añade el ahora técnico desde el otro lado del teléfono. “Por la plantilla que tiene y por su juego, el Barça es el favorito”, zanja Dinart.

El Barcelona aspira a su noveno título en la Liga de Campeones. El primero lo consiguió en 1991 y el último, en 2011. En la final de 2013 perdió ante el Hamburgo en la prórroga por 30-29.

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