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38ª jornada | real madrid, 3; espanyol, 1

Cristiano se para en seco

El goleador del Madrid pidió jugar pero sintió molestias en el calentamiento contra el Espanyol y prefirió reservarse para la final de Lisboa

Cristiano, en el momento de retirarse al vestuario. Ampliar foto
Cristiano, en el momento de retirarse al vestuario.

Chamartín despidió al equipo con aplausos tibios y una inquietud manifiesta. La retirada de Cristiano, que pidió jugar contra la opinión de los médicos y que abandonó ante las molestias recurrentes que sufre en la rodilla izquierda, dejaron al público frío. La gente teme por la salud del mejor jugador del equipo ante la jornada más importante en la historia reciente del club, el próximo sábado 24 en Lisboa, en la final de Champions. Lo demás, el partido contra el Espanyol, fue lo menos trascendente, aunque el equipo tampoco hizo méritos para excitar a nadie. Durante una hora, el Madrid se mostró incapaz de darle sentido al juego. Exactamente hasta que entró Modric y tiró de las riendas. Ofreciéndose aquí, tocando allá, arrancando, desbordando, rompiendo líneas y moviendo la pelota como hacen los futbolistas grandes. El croata manejó todos los registros con criterio y habilidad. De su mano cayeron los tres goles que disuadieron a la gradería de arrancarse a pitar.

La ficha oficial anunciaba la presencia de Cristiano en el equipo titular y el portugués saltó a prepararse a eso de las 15.20. Todo marchó según lo previsto hasta unos minutos más tarde. El sol bañaba la hierba del Bernabéu cuando, para sorpresa de la multitud, el goleador abandonó el calentamiento y se metió al túnel de vestuario meneando la cabeza. Sintió molestias físicas. Él no las esperaba. Los médicos del club sí. Los médicos le repiten desde marzo que necesita descansar, que su cuerpo roza el límite y que el tendón rotuliano de su rodilla izquierda sufre una inflamación aguda. Le advirtieron que padecía una tendinitis que se volvería incontrolable si no era capaz de inhibir sus deseos de competir. Ese parece el caso, a la vista de las idas y venidas de Cristiano, que pidió la sustitución en Valladolid y se retiró antes de medirse al Espanyol después de haberse entrenado toda la semana forzando su pierna. Cristiano quería jugar el último partido de Liga para elevar su registro de 31 goles y asegurarse la Bota de Oro, premio al máximo anotador de Europa. El resultado es una lesión que persiste y que se vuelve cada vez más difícil de curar cuando quedan seis días para disputar la final de la Champions, el partido más importante para el club en los últimos 12 años. “Tiene una pequeña contractura”, dijo Ancelotti, quitando hierro al asunto, al acabar el encuentro. Hay fuentes dentro del club que explican otra cosa. El técnico ya no sabe qué contar para proteger a los médicos y al futbolista.

REAL MADRID, 3; ESPANYOL, 1

Real Madrid: Casillas; Carvajal (Arbeloa, m. 46), Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Khedira (Modric, m. 64) Illarramendi, Isco; Di María, Benzema (Morata, m. 67) y Bale. No utilizados: Jesús; Nacho, Xabi Alonso y Casemiro.

Espanyol: Casilla; J. López, Colotto, Héctor Moreno, Fuentes; Víctor Sánchez (Álex, m. 66), David López; Stuani, Abraham (John Córdoba, m. 63), Simão (Pizzi, m. 69); y Sergio García. No utilizados: Germán; R. Rodríguez, Torje y Sidnei.

Goles: 1-0. M. 64. Bale. 2-0. M. 86. Morata. 2-1. M. 90. Pizzi. 3-1. M. 91. Morata.

Árbitro: Fernández Borbalán. Sin amonestados.

Unos 60.000 espectadores en el Bernabéu

Isco sustituyó a Cristiano y Ancelotti rediseñó las líneas. El técnico dispuso un 4-3-3 y situó al malagueño en el medio campo, por la izquierda, escoltando a Illarra. El volante por la derecha fue Khedira. Arriba se desplegaron Di María, Benzema y Bale. Atrás, Casillas regresó al Bernabéu después de más de un año de ausencia en la Liga, una anomalía que casi todo el mundo ha dado por normal pero que ha dejado un poso de melancolía. La zaga la formaron Carvajal, Varane, Ramos y Marcelo. En el banquillo Modric fue el único de los titulares habituales que se tomó un descanso.

El clima del Bernabéu era el anticlímax. La hora de la siesta impregnaba las cosas de un sopor extraño, hacía calor, y en el Camp Nou estaba a punto de disputarse la liga en una final sin precedentes desde hacía medio siglo en el campeonato. El precio de las entradas, de entre 120 y 30 euros, no ayudó a animar al personal y el estadio se quedó a medio llenar de aficionados infrecuentes con abonos cedidos. A la gente el partido le sirvió de poca diversión. Ancelotti lo utilizó para hacer su última prueba en el mediocampo que disputará la final de Champions. Descartó a Casemiro, y puso a Illarramendi al mando con un Khedira que se mostró lejos de su mejor versión. En este panorama, el futbolista más determinante del equipo fue Ramos.

Sergio Ramos se anticipó a los escasos problemas que generó el Espanyol y distribuyó el balón con más precisión que nadie en esa primera hora de pasatiempo. El Madrid avanzaba con dificultad, lentamente, hasta que encontraba la segunda línea de presión del Espanyol. Ahí, en la enredadera de Abraham, se disolvían todos los intentos. No había medios para progresar por el interior cerrado. Solo las penetraciones de Marcelo y Di María por los flancos dieron vida al equipo. Un centro llovido al área, mal defendido por los centrales espanyolistas, permitió a Benzema poner a prueba a Casilla. Ganó el portero y el público despidió a los jugadores entre pitos mientras enfilaban el descanso.

Casillas desbarató un mano a mano con Sergio García en el inicio de la segunda mitad. La ocasión dejó en mal lugar a Illarramendi y a Varane, descolocados por el pase de Simao. El Madrid parecía rendido a la irrelevancia hasta que entró Modric por Khedira. El mediapunta imprimió velocidad al juego, la velocidad desorganizó a la defensa del rival, y Benzema recibió un balón con espacios para girarse y mirar. El pase del francés fue magnífico y Bale lo aprovechó a la perfección ganándole la espalda a Moreno antes de definir con un tiro cruzado de derecha, pegado al palo. Fue un golazo. La apertura de un nuevo partido, bajo otras condiciones. Con espacios por delante, Di María y Ramos armaron dos contragolpes que Morata empleó con un último toque salvador. Salvador para Morata que, un rato antes, había escuchado los pitos de sus propios seguidores tras un fallo más o menos grueso.

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