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El Atlético: 17 entrenadores, 261 altas y 696 millones de euros después...

Del ‘doblete’ (1996) al éxito actual, encarnado en la figura de Simeone, el club ha logrado regenerarse tras la intervención judicial (1999) y el descenso a Segunda División (2000)

Simeone, junto a un escudo del Atlético. Ampliar foto
Simeone, junto a un escudo del Atlético. REUTERS

Bien podría Enrique Cerezo, uno de los jefes de la industria cinematográfica de España, producir un blockbuster con la historia del club que preside, el Atlético. La entidad reúne todos los componentes. Misticismo, pasajes inolvidables y personajes de todos los colores. De los buenos a aquellos más maquiavélicos. También concentra altas dosis de drama. El periodo comprendido desde 1996, año del doblete, a la bonanza actual es, probablemente, uno de los más ricos en matices. Está plagado de puntos de giro. La gestión del expresidente Jesús Gil, la intervención judicial, el descenso, y el aterrizaje de Diego Simeone, redentor del equipo, son los cuatro más significativos en una institución tan hechicera como paradójica. Porque, en estos últimos 18 años, el Atlético se ha regenerado a partir de la descomposición, de las idas y venidas de futbolistas, técnicos y personajes que revolotean alrededor del club. En esa franja de tiempo, hasta la llegada de El Cholo en diciembre de 2011, cada curso fue un mundo nuevo. Un volver a empezar continuo.

Cuando llegué, había aluminosis en el estadio. Mi Atlético fue pionero en muchas cosas"

Radomir Antic

“Cuando llegué, había aluminosis en el Calderón. Se caía”, explica Radomir Antic, coronel de aquel equipo que logró difuminar los fantasmas en 1996 de un conjunto que no levantaba un trofeo de Liga desde 1977. “El Atlético se había salvado el año anterior en la penúltima jornada. Había muchos jugadores, pero no equipo. Mi Atlético fue pionero en muchas cosas: la presión, defensa adelantada, la estrategia… Ahora es mucho más fácil preparar los partidos. Hay muchos más medios. En mi época yo tenía que mandar a un fotógrafo a otros campos para espiar a los contrarios”, recuerda el serbio. Uno de sus centrales y después capitán, Santi Denia, lo recuerda así: “Muchos éramos nuevos, pero nos acoplamos perfectamente. Radomir era valiente. Jugábamos con rombo y la idea era muy ofensiva. Nosotros, los defensas, jugábamos muy adelantados”.

Bajo las órdenes de Antic, el Atlético besó el cielo, pero también cayó al hollín del infierno. El 7 de mayo de 2000, tras empatar contra el Oviedo de Luis Aragonés, descendió a Segunda. Fue el epílogo de un curso tumultuoso que arrancó con el romano Claudio Ranieri en el banquillo. “Hubo muchos problemas extradeportivos. Se sufrió mucho, tanto como jugador como persona. Entonces había una presión tremenda. Por desgracia no tenías la cabeza al cien por cien en el fútbol. Era difícil jugar”, detalla Santi, actual seleccionador Sub-21.

Los aficionados del Atlético protestan contra los jugadores tras el descenso de 2000. ampliar foto
Los aficionados del Atlético protestan contra los jugadores tras el descenso de 2000.

El 22 de diciembre de 1999, la Audiencia Nacional decretó la destitución de Jesús Gil y todo el Consejo de Administración. El club fue intervenido y el juez designó a Luis Manuel Rubí como administrador judicial. Las imágenes de los registros policiales en el Calderón definen una época oscura. El magistrado levantó la administración y la familia Gil volvió a tener el poder, supervisada por dos interventores. “Fue traumático. Al club le faltó tranquilidad institucional. Eso sí, Gil lo puso todo. El Atlético era su pasión y no escatimó en nada”, describe Abel Resino, exportero (1986-1985) y sustituto de Javier Aguirre en el banquillo, en 2009. “La cosa se puso fea. Al no ser equipos ascensores, a los clubes grandes les cuesta mucho reponerse. Se les atraganta la situación”, agrega. Fueron tiempos duros, con la afición como pilar fundamental para sostener al club. Se llenaba el Calderón los domingos por la mañana, ya lo visitaran el Córdoba o el Universidad Las Palmas.

En concreto, la penitencia del Atlético para regresar a Primera fue de dos años. Lo acarició el primero, pero la diferencia de goles le impidió volver a la élite. Después, Luis Aragonés atendió la llamada del club. “Hizo un gran esfuerzo. Estábamos en Segunda y tenía buenas ofertas, pero vino con nosotros”, puntualiza Santi. Esos años supusieron también la eclosión de Fernando Torres. “Su irrupción también fue importantísima, aunque él no se diera cuenta del todo. Era un chico de aquí, atlético hasta la médula y con 17 años supo manejar una presión alta. Simbolizaba la esperanza”, añade el preparador manchego.

De nuevo en la máxima categoría, Aragonés, tan visionario como siempre y con información de primera mano sobre el estado del club, calculó que “el Atlético tardará entre seis y ocho años en volver a competir”. Los años posteriores al ascenso estuvieron marcados por la llegada al butacón presidencial de Enrique Cerezo, en el año del centenario, en 2003, y por los constantes vaivenes en el banquillo y con los futbolistas. En total, de 1996 hasta hoy día el club ha firmado 261 altas (53 de la cantera). Una media de 14,5 por campaña. El desembolso total en fichajes se cifra en 696 millones de euros. Por la venta de jugadores se ingresaron 450. Y en cuanto al número de entrenadores, este asciende a 17: Antic (dos veces), Aguiar, Ranieri, Zambrano, Marcos Alonso, Cantanero, Aragonés, Manzano (dos veces), Ferrando, Bianchi, Murcia, Aguirre, Abel, Santi, Quique y Simeone.

Con la intervención judicial había una presión tremenda. No pensabas del todo en el fútbol. Era difícil jugar”

Santi Denia

Hasta hace poco, el desfile de jugadores de ida y vuelta era permanente. La reconfiguración de la plantilla a final de temporada se convirtió en una actividad rutinaria para los dirigentes. También se hizo muy común la injerencia de los agentes. Sobre todo la del portugués Jorge Mendes, que llevó hasta 22 jugadores al Calderón. El club recurrió además a los fondos de inversión, a la financiación ajena, para sostener su renovación de la estructura deportiva y poder competir en la zona alta. “No quedaba otra. En fútbol actual los equipos sufren”, apunta Antic. “Hay que cuadrar balances y hacer que el club siga siendo competitivo. Miguel Ángel [Gil] lo ha hecho muy bien. Es lo contrario que su padre. Aporta calma y trabaja desde la sombra”, prolonga Abel.

La venta de activos ha sido otro de los rasgos característicos en los últimos años. Después de triunfar, estrellas como Forlán (5 millones de euros, al Inter), Agüero (45, al City) o Falcao (60, al Mónaco) cogieron la puerta. El mismo camino tomaron jugadores de la cantera como Torres (38, al Liverpool), De Gea (20, al United) o Domínguez (8, Mönchengladbach). El Atlético, sin embargo, tuvo la virtud de acertar con los reemplazos. “¿Por qué no vas a vender? La secretaría técnica ha acertado. Es un modelo de gestión y hoy día la mayoría de clubes deben traspasar a sus mejores jugadores. Hay momentos en los que una operación es buena y el tiempo lo ha demostrado”, señala Santi. “Han dado en el clavo y no solo para encontrar relevos a los cracks, sino también para revalorizar a futbolistas intermedios. Un claro ejemplo es Koke, que debutó conmigo”, indica Abel.

Simeone ha ido contra la historia del club. Ahora se puede ganar o perder, pero se acabó aquella cantinela del Pupas”

Abel Resino

El trasvase patrimonial del Calderón -el Atlético acordó en 2007 la venta de los terrenos al Ayuntamiento- para aliviar las arcas y la incierta mudanza al norte de la ciudad, al estadio de La Peineta (por 41 millones de euros, antes de 2017), definen otras líneas maestras de la gestión. No se altera el rumbo del equipo, que desde que tocase fondo ha sabido levantarse para volver a estar en la cima. En 2007 regresó a Europa y un año más tarde a la Liga de Campeones. En los últimos tiempos ha alzado dos cetros de la Liga Europa (2010 y 2012), dos Supercopas continentales (2010 y 2012) una Copa del Rey (2013).

El despegue vino de la mano de Quique Sánchez Flores, hace cuatro años. Solo dos jugadores, Koke y Raúl García, sobreviven de aquella etapa. En solo dos años, del título alzado en Hamburgo (2010) al de Bucarest (2012), se vieron dos alineaciones completamente distintas. Sin embargo, el Atlético encontró en Simeone un líder capaz de ensamblar todos los estamentos de la entidad y multiplicar el rendimiento de los futbolistas. ¿El secreto? “¿Fe, esfuerzo, sacrificio... y que trabajan como burros”, argumenta Santi. “El Cholo ha ido contra la historia del club. Ahora podemos ganar o perder, pero se acabó aquella cantinela del Pupas”, concluye Abel. Es el renacer del Atlético.

El autobús del Atlético, en las inmediaciones de Neptuno tras ganar la Liga Europa en 2012. ampliar foto
El autobús del Atlético, en las inmediaciones de Neptuno tras ganar la Liga Europa en 2012.

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