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Bilbao, espiral y cuenta atrás

Los jugadores negocian posibles salidas a la huelga mientras Arrinda está desaparecido

Gorka Arrinda, en una rueda de prensa de enero. Ampliar foto
Gorka Arrinda, en una rueda de prensa de enero. DIARIO AS

“Ahora mismo el equipo está en la UVI”, reconoce Álex Mumbrú. Los capitanes del Bilbao Basket afrontan una semana tan dramática como sui génerisen la que no están destinando sus esfuerzos a entrenarse para preparar el partido del fin de semana ante el Barça sino a reunirse con los gestores que puedan rescatar un proyecto abocado a la desaparición por la asfixia económica y una dirección pretenciosa. Con el equipo en huelga —aunque todavía no es oficial por un matiz burocrático—, el máximo accionista, Gorka Arrinda, apartado y desaparecido pero aferrado a sus acciones, y los anunciados nuevos dueños sin cuota de poder ni margen de maniobra, la cuenta atrás ha comenzado.

Los jugadores llevan dos días de negociaciones infructuosas con el grupo inversor que se disponía a entrar en el club con el seguro privado Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ) como sponsor principal hasta 2018. Una auditoría que les descubrió que el proyecto “no tenía viabilidad” y los movimientos de Arrinda, que pretendía vender solo parte de sus acciones sin abandonar el club, les llevaron a romper las negociaciones el pasado viernes. Acto seguido, los jugadores anunciaron una huelga indefinida “hartos de impagos y promesas incumplidas”.

La ACB asegura que aún no le consta ninguna denuncia de impagos de la plantilla

Desde las instituciones, que hace tiempo cerraron el grifo de las subvenciones que enmascaraban la crisis del club, se presiona para forzar la salida de Arrinda, máximo accionista y a la vez representante directo de tres jugadores de la plantilla (Mumbrú, Raúl López y Germán Gabriel). Pero, al tiempo, los movimientos de presión de los jugadores y su huelga se interpretan como una maniobra de Arrinda para acelerar la venta de su paquete accionarial en condiciones rápidas y ventajosas para el actual propietario. Una situación que aboca al club a una espiral autodestructiva en la que el dueño no abandona hasta que no le compren sus acciones y los interesados en esa compra no la ejecutan hasta que no salga el propietario.

“Necesitamos garantías reales de cobro, no palabras y promesas. Si no aparecen esas garantías, el domingo a las 12 no estaremos en Barcelona”, aseguraba Mumbrú el lunes en El Larguero. Esa primera incomparecencia supondría la activación del reglamento disciplinario de la Federación Española que daría por perdido el partido al Bilbao Basket por 2-0 y sancionaría al equipo con una multa de entre 3.000 y 12.000 euros según recoge el reglamento. En caso de tener que resolver algún empate en la clasificación el conjunto bilbaíno sería relegado siempre en cualquiera de los supuestos. Si se produjera una segunda incomparecencia, la normativa de la ACB indica que el equipo sería sancionado con la pérdida de la categoría.

Desde la propia ACB se indica que aún no han activado sus mecanismos de control puesto que no les consta la pertinente denuncia de impagos o la reclamación de los jugadores de acogerse al Fondo de Garantía Salarial. Dicho Fondo, que fue uno de los principales puntos de conflicto en las negociaciones que mantuvo el sindicato de jugadores con los clubes para la firma del nuevo Convenio Colectivo tras la amenaza de huelga en los playoffs de la temporada pasada, se incrementó de 270.000 euros a 400.000 euros por club para un total de 1.400.000 de hucha conjunta.

Pancartas de apoyo al club durante el Bilbao-Real Madrid. ampliar foto
Pancartas de apoyo al club durante el Bilbao-Real Madrid. DIARIO AS

Los portavoces de la ACB reconocen estar en contacto con el club y con el grupo inversor que declaró su intención de adquirir las acciones de Arrinda, para intentar conocer la situación económica de la entidad y el estado de las negociaciones que mantienen las partes para ese traspaso accionarial que podría desenquistar la situación. Los mecanismos de control de la ACB incluyen la solicitud a los clubes de una auditoría anual que acredite su salud y viabilidad económica, pero no manejan ninguna información parcial del Bilbao Basket a mes de marzo que demuestre los impagos de hasta ocho meses que arrastra la plantilla. La situación del club vizcaíno no es en cualquier caso un hecho aislado en la competición. A día de hoy, más de la mitad de los clubes (11 de los 18 que forman la Liga) deben algún tipo de cantidad a sus jugadores. En la escala de impagos aparecen pequeñas cantidades en pluses y primas, derechos de imagen o finiquitos sin resolver con jugadores que ya no están en la plantilla. Especialmente delicada es la situación del Valladolid que, en manos de la Fundación del club y con una directiva improvisada, logró reunir un millón de euros a dos semanas del comienzo de la competición para sostener el equipo, pero también arrastra impagos a sus jugadores y su técnico y cuyo anterior presidente, Mike Hansen, reconoció en su despedida que el club tenía una deuda a corto plazo de 2,5 millones de euros, la acumulada en los dos últimos años, tras salir del concurso de acreedores. Una lista de desmanes y despropósitos económicos que estos días escribe en otro episodio en Bilbao.

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