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El clásico dejó muy tocado al Madrid

El equipo blanco se lleva otro varapalo y cae ante un Sevilla firme y lanzado por Bacca (2-1)

Bacca, en el primer gol a Diego López. Ampliar foto
Bacca, en el primer gol a Diego López. EFE

La onda expansiva del clásico afectó al Madrid en el Sánchez Pizjuán, donde acabó a cola de Atlético y Barça. Un varapalo para un equipo que el pasado domingo amaneció líder. Ahora está a tres puntos de los rojiblancos y a dos de los azulgrana. Y con ambos tiene el goal average perdido. En Sevilla arrancó bien, se destempló con el empate de un rival muy defensivo y terminó en la lona cuando se hizo rutinario en el segundo acto. Bacca, el jugador de la noche, se lo hizo pagar con el don de la oportunidad. Dos bingos en las pocas veces que se estiró su equipo, que mantuvo el tipo primero enganchado a su portero Beto y luego con orden y firmeza. El Sevilla ya mira alto.

El Real Madrid notó la sacudida de la derrota ante el Barça y tras un inicio en combustión, con el mando absoluto, se gripó más de la cuenta tras el empate del Sevilla, que parecía episódico, porque no había señales de humo en un equipo, el andaluz, muy contenido en el balcón de Beto. El gol de Bacca, que penalizó una pérdida de Alonso que pilló a la defensa en tanga, le disparó la ansiedad. Le quedaba un mundo por delante, pero se agobió antes de tiempo. Nada que ver con su puesta en escena con puño de hierro.

Sevilla, 2 - Real Madrid, 1

Sevilla: Beto; Coke, Nico Pareja, Fazio, Alberto Moreno; Iborra, Mbia, Reyes (Fernando Navarro, m. 75), Rakitic, Marin (Vitolo, m. 71); y Bacca (Gameiro, m. 83). No utilizados: Javi Varas; Jairo, Cicinho y Trochowski.

Real Madrid: Diego López; Carvajal, Pepe, Varane, Marcelo; Illarramendi (Isco, m. 67), Xabi Alonso, Modric (Morata, m. 90); Bale, Benzema y Cristiano. No utilizados: Iker Casillas; Nacho, Coentrão, Casemiro y Lucas Vázquez.

Goles: 0-1. M. 14. Cristiano. 1-1. M. 18. Bacca. 2-1. M. 72. Bacca.

Árbitro: José Luis González. Amonestó a Iborra, Marin, Nico Pareja y Bale.

Unos 45.500 espectadores en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán.

El conjunto de Ancelotti empezó lanzado, con Benzema en la periferia del gol una y otra vez. El Madrid tenía el partido por la solapa. Percutían Cristiano y Bale, gobernaba Illarramendi, relevo de Di María. El Sevilla estaba a lo suyo, con la manta en las cejas, con Reyes y Marin empotrados junto a sus respectivos laterales para bloquear a su adversario en las orillas. Atascadas las bandas, Cristiano se fue al eje central del ataque, le quitó foco a Benzema y el Madrid se colgó de su astro. Por el pasillo central Ronaldo provocó la falta que dio origen al tanto inicial. El golpeo del portugués iba al lado derecho de Beto, pero Bacca, incrustado en la barrera metió la mano y desvió la pelota al lado contrario.

El Madrid se imponía en todo, masticaba el duelo a su antojo, con Illarramendi activo y preciso, con Modric más animado que en el clásico. Hasta el error de Xabi Alonso. Aceleró Reyes y Bacca superó a Diego López, que se quedó a media salida, en tierra de nadie. De inmediato, el colombiano, futbolista vivo y chisposo, enlazó otra vez con Reyes y el sevillano estuvo cerca de la remontada. Ahí se le disparó el pulso al Madrid, que entonces tuvo más nervio que orden. Con todo, al toque de corneta de Cristiano los madridistas encadenaron un puñado de ocasiones. Beto, el infortunio en un remate de CR a un poste y la mirada baja de Bale —que se olvidó de Benzema en una jugada que reclamaba el pase al francés, no el disparo a puerta en un callejón con poca salida— dejaron al Madrid con solo un tiempo para el remedio. Con bastante poco, el Sevilla tenía medio botín. El plan de Emery era cristalino: orden defensivo, con un doble dique delante de su área, y confiar en que la ruleta girara en favor de Reyes, Bacca o Rakitic. Le fue de perlas.

Cristiano, sobre el césped del Pizjuán.
Cristiano, sobre el césped del Pizjuán. Getty

De vuelta del descanso, a los locales les importó aún menos desocuparse más de la pelota, una concesión al Madrid, que solo tuvo que jugar en dirección a Beto. Se agitó con poco éxito Marcelo, se difuminó Bale y no regresó Benzema. El Madrid fue más ortodoxo y menguó su producción atacante. Cristiano quería remar siempre por el embudo central, y Bale se obcecó en disparar sí o sí, fuera como fuera la jugada. Ancelotti reaccionó y aumentó la artillería con Isco, relevo de Illarra, el mejor de los centrocampistas. La decisión de Ancelotti resulta comprensible. En partidos de tanto hueso, parece lógico que el entrenador italiano se decantara por sostener a Xabi Alonso, con mil muescas en duelos crudos, aunque no estuviera en su mejor noche.

Sin tiempo para que Isco se soltara, apareció Rakitic, muy contenido hasta entonces, y le quitó los grilletes a los suyos. El croata, jugador de alto rango, recibió en el medio de la cancha con Pepe de escolta en su nuca. Con una exquisitez, de espuela, le hizo un sombrero al portugués y se citó con Bacca. El colombiano tiró un desmarque perfecto y Rakitic le dejó ante Diego López. No fue el mejor golpeo de Bacca, pero la pelota se abrió paso entre las piernas del desafortunado Diego López. Por el costado en el que se germinó la jugada no estaba Bale, que andaba cambiándose las botas. Quien sí acudió puntual fue Bacca, futbolista siempre sustancial en sus intervenciones, de aquellos que no están de paso en las jugadas. Ya contabilizada 14 goles con el Sevilla. El equipo de Nervión siempre tuvo ojo fino para importar arietes: Luis Fabiano, Kanoutè, Negredo... Y ahora Bacca, un filón por lo que parece. Él dejó sin aliento al Madrid, ya en el retrovisor de Atlético y Barça. Después de 31 jornadas sin rasguños, el paso de los barcelonistas por Chamartín le ha dejado tan aturdido que en cuatro días está contra las cuerdas en la Liga.

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