Liga BBVA | 29ª Jornada

Feo al principio y precioso al final

El Valladolid se adelanta con un gol fantasma, pero Bueno empata para el Rayo

Larrivey trata de llegar a un balón.
Larrivey trata de llegar a un balón.R. GARCIA / EFE

Un empate inútil para el Valladolid; otro más, feo y soso al principio, precioso e intenso al final. El Valladolid regresó a su versión menos mala, a la de la presión sin descanso que ahoga a cualquiera pero con problemas serios en ataque, peleado con el gol y con una semana menos para alcanzar un objetivo que se complica cada día un poco más. Ni el regreso de Jeffren o de Óscar, que desperdició dos ocasiones clarísimas en los últimos minutos, desatascaron a un equipo que sigue bloqueado. El choque contra el Rayo aparecía como una fecha clave para espantar el descenso, tomar distancia de los problemas pero el gol solo llegó en forma de gol fantasma que el árbitro decidió conceder.

JIM tenía un problema, sustituir a Rukavina, en un equipo casi sin laterales, pero decidió inventarse otro en la portería con la suplencia de Mariño, responsable de unos cuantos puntos salvados y que después del desastre de Sevilla dio con sus huesos en el banquillo. El problema iba a ser menor porque la historia del partido no estaba en las porterías, estaba en otros lugares en los que el Valladolid iba a perder casi todas las batallas desde su gol, después de haber podido ganarlas todas. Lo único que no le falló fue la voluntad y la energía en la presión, la misma que empleó para colapsar al Barça, resultaba casi excesiva para un rival como el Rayo, pero todo es poco cuando los puntos son tan esenciales.

VALLADOLID, 1; RAYO, 1

Real Valladolid: Jaime; Marc Valiente, Jesús Rueda, Mitrovic, Peña; Álvaro Rubio, Rossi (Víctor Pérez 76"); Jeffren (Larsson 61"), Óscar, Rama (Manucho 72"); y Javi Guerra. No utilizados: Mariño, Baraja, Omar, Bergdich.

Rayo Vallecano: Rubén; Arbilla, Zé Castro, Gálvez, Rat; Trashorras, Saúl; Rochina (Longo 86"), Bueno (Viera 69"), Falqué (Lass 76"); y Larrivey. No utilizados: Cobeño, Nacho, Raúl Baen, Adrián.

Goles: 1-0. Min. 7. Mitrovic. 1-1. Min. 44. Bueno.

Árbitro: Mateu Lahoz. Mostró tarjeta amarilla a Bueno, Rossi, Mitrovic, Valiente, Álvaro Rubio,

Unos 19000 espectadores en Zorrilla

No había ocurrido nada peligroso cuando Jeffren lanzó un saque de esquina al punto de penalti, Mitrovic remató, Zé Castro lo despejó mal, el balón golpeó a Arbilla y Gálvez lo sacó cuando apenas había rebasado la línea de gol, o no, el caso es que el asistente echó a correr hacia el centro del campo y Mateu Lahoz, el árbitro, se fio de su compañero y concedió el tanto.

El Rayo se quebró, poco, pero se extravió un buen rato. El equipo de Paco Jémez describió en la primera mitad las miserias de su temporada, su buen toque, la idea tan clara que tiene de lo que es su fútbol, el punto coral de su ataque, y su grieta defensiva, los errores que le han tenido en el pozo casi todo el año. Poco a poco se recompuso, Trashorras, encerrado entre Rubio y Rossi toda la noche decidió asomar por las bandas a la búsqueda de un socio, la posesión crecía de forma desmesurada de su lado, hasta que apareció el primer agujero, Trashorras rompió toda la línea defensiva con un pase profundo a Bueno, y el delantero, sin dejar que el cuero tocase el césped lo cruzó sin que a Jaime le diera tiempo ni a reaccionar. Al equipo de Jémez le acompañó incluso el momento del empate, al borde del descanso, sin tiempo para nada más.

El Valladolid regresó quebrado, perdido, los bloqueados eran Rubio y Rossi, que no conseguían echar el cuero a ninguna de las bandas ni a ningún espacio en el que provocase problemas al rival, pero entonces el Rayo dejó de ser el rayo, se ocupó de guardar el punto cuando el premio gordo, los tres puntos, la cuarta victoria consecutiva, casi la salvación estaba a un acelerón, eso y un par de cambios alimentaron las ganas del Valladolid. JIM colocó a Manucho al lado de Javi Guerra, a Víctor Pérez junto a Oscar y a Larsson en la banda y el choque se alborotó, los centrales del Rayo ya no tenían referencias y el resto no tenía más interés que sujetar a un equipo que estaba revolucionado. Pero el gol no llegó, Óscar se dejó dos goles claros por milímetros y el Valladolid se condenó a seguir sufriendo con un partido menos por delante.

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