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El Madrid manda la instancia al título

Los hombres de Laso, liderados por un espléndido Rudy con 28 puntos, tumban al CSKA e igualan la desventaja de Moscú

 El alero del Real Madrid Rudy Fernández (d) tira a canasta frente al pívot serbio del CSKA de Moscú Nenad Krstic (i), durante el partidorn Ampliar foto
El alero del Real Madrid Rudy Fernández (d) tira a canasta frente al pívot serbio del CSKA de Moscú Nenad Krstic (i), durante el partido EFE

El Madrid aprobó con nota uno de los exámenes parciales más duros de la temporada. Con un profundo sentido de equipo y un afilado instinto anotador, Rudy Fernández se convirtió en el mariscal de campo que guió a los blancos ante el CSKA hasta una victoria de enjundia que les acredita como firmes candidatos a la conquista europea. Su expediente fue de sobresaliente: 28 puntos, cuatro rebotes, cuatro robos y tres asistencias para un 33 de valoración en 34 minutos de juego. El mallorquín puso en valor el vibrante trabajo de un conjunto que estiró como nunca su capacidad agonística (hasta nivelar la diferencia de 14 puntos por la que había caído en Moscú) y rellenó la instancia al título de campeón que se dirimirá en los exámenes finales de mayo en la final four de Milán. Los madridistas sellaron a lo grande su clasificación matemática para los cuartos de final, se auparon al liderato del grupo y dependen ahora de sí mismos para acabar en una de las dos primeras plazas que dan ventaja de pista en el cruce.

REAL MADRID, 93 - CSKA, 79

REAL MADRID: Llull (10), Darden (8), Rudy Fernández (28), Mirotic (15) y Bourousis (10) --cinco inicial--; Sergio Rodríguez (10), Reyes (8), Mejri (3), Slaughter (1) y Díez (-).

CSKA MOSCÚ: Pargo (10), Weems (28), Khryapa (-) y Kaun (5) --cinco inicial--; Micov (6), Krstic (14), Jackson (2), Fridzon (8), Hines (6), Vorontsevich (-),

ÁRBITROS: Belosevic (SRB), Lottermoser (ALE) y Anastopoulos (GRE). Eliminado por faltas Felipe Reyes.

PARCIALES: 24-24, 18-17, 24-20 y 27-18.

PABELLÓN: Palacio de Deportes de Madrid. 13.192 espectadores.

El plan de Laso pasaba por correr desde el inicio para desgastar a su fornido rival, por fomentar la agitación para estresar al metódico rodillo rojo, por eludir el choque para que la gracilidad triunfara sobre el músculo. Lo interpretó como ninguno Llull que, con un impetuoso arranque, lideró el parcial de 8-2 con el que el Madrid se presentó en el partido. La defensa en zona que proyectaron de salida los blancos desubicó al CSKA. Tan solo habían pasado dos minutos cuando Messina tuvo que pedir tiempo muerto para leer la cartilla a sus hombres. Le surtió efecto la reprimenda al técnico italiano, abucheado durante toda la noche, gracias a Pargo, notable en el primer acto y desaparecido después. El estadounidense reclamó el timón de su equipo, protagonizó una brillante secuencia de 10 puntos sin fallo en apenas seis minutos, y equilibró el pulso (24-24, m. 10). El mano a mano entre Llull y Pargo se extendió pronto al resto de los contendientes dando paso a una batalla de quilates.

Rudy Fernández durante el partido. ampliar foto
Rudy Fernández durante el partido. DIARIO AS

Cuestión de estilos. El Madrid buscaba el ataque a campo abierto y el CSKA ejecutaba vueltas de tuerca, las fichas blancas intentaban arrollar y las rojas desmontar a su rival pase a pase, Laso conduraba su rotación y Messina la removía sin descanso presumiendo de repertorio. Acudieron a la cita Rudy Fernández y Felipe Reyes en los locales y Weems y Krstic en los visitantes y en el duelo de dobles parejas subieron los decibelios. El conjunto ruso afinaba más ante el aro y lucía mejores porcentajes de tiro, pero el vértigo madridista le ofrecía más viajes a canasta. Un mate de Rudy tras una inocente pérdida de balón de Jackson, unido a un triple del mallorquín y dos puntos más de Felipe al contragolpe propiciaron el segundo intento de demarraje de los de Laso (33-29, m. 14). Mientras tanto Krstic chocaba con Mejri que, con un tapón y una falta recibida en dos acciones consecutivas, agigantó en ese tramo su figura ante el coco del Madrid en Moscú. No despegaron ni Mirotic ni Khryapa, pero no decayó la intensidad de dos equipos que, incapaces de alterar el equilibrio de fuerzas, se entregaron al intercambio de golpes (42-41, m. 20).

Tras el descanso, el conjunto blanco recuperó la defensa en zona encabezada por el músculo de Darden y repitió su efervescente puesta en escena, pero no tardó en rearmarse Krstic ante su archienemigo Bourousis y, con un parcial de 0-7, el CSKA recuperó la iniciativa (46-48, m. 23). Sin embargo, cuando más asentados parecían los de Messina, el Madrid entró en ebullición. Apretando los dientes en defensa los de Laso encontraron pista en ataque. Las manos rápidas de Rudy, Mirotic y Sergio Rodríguez propiciaron una colección de pérdidas de balón en las filas rojas (13 en total, por dos del Madrid) y una sucesión de contragolpes blancos que alteraron la claustrofóbica inercia del encuentro. Dos minutos de tormenta que se cerraron con un contundente parcial de 12-0 con 10 puntos del mejor del conjunto de Laso: un descomunal Rudy Fernández (58-48, m. 25).

Weems asumió el encargo de minimizar los daños de la sacudida y con un espectacular clínic de tiro (28 puntos y 35 de valoración) dio réplica a Rudy y enderezó momentáneamente a los de Messina, pero para entonces, el Madrid había descubierto la fórmula para escapar de los grilletes del CSKA, incapaz de amurallarse en torno a sus torres (a pesar de las 20 faltas que repartieron entre sus seis interiores). Unas veces con Llull y El Chacho por fuera, otras con Felipe, Mirotic y Bourousis por dentro, y siempre con Rudy, por todos los lados, los de Laso agarraron la victoria y se lanzaron a por el reto de superar la desventaja de 14 puntos por la que cayeron en Moscú (85-71). Sergio Rodríguez tomó medidas a la diferencia alcanzando la máxima renta de los blancos en el partido (85-70, a 3m 50s del final). Y en los instantes finales defendieron la renta con el impulso de los 13.192 espectadores que abarrotaban el Palacio hasta alcanzar su 47ª victoria en 49 partidos y completar un año entero sin perder en Europa como local.

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