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“Así soy un jugador normal”

Nadal, sin profundidad, cae en tercera ronda ante Dolgopolov

Rafael Nadal se despide del público tras perder ante Dolgopolov.  Ampliar foto
Rafael Nadal se despide del público tras perder ante Dolgopolov. EFE

Una derrota dolorosa en la tercera ronda del Masters 1000 de Indian Wells (6-3, 3-6 y 7-6 ante Dolgopolov) llevó a Rafael Nadal a reflexionar sobre lo que separa al jugador normal del genial. Él, que es el número uno y defendía el título, cedió tras firmar un ejercicio gris, que le vio lamentar más errores no forzados que ganadores (23 a 17) y competir sin mordiente en el drive ni capacidad de desborde desde el fondo de la pista. Mejorado en el servicio pese a los tres breaks que concedió en la primera manga, el campeón de 13 grandes se negó a utilizar los dolores de espalda que padece desde la final del Abierto de Australia como explicación para la derrota en un duelo en el que mandó 4-2 y saque en el tie-break decisivo. Meditabundo tras capitular, el español hizo autocrítica para explicar las razones que le habían llevado a caer contra el número 31 y en su torneo fetiche sobre cemento, donde no perdía antes de semifinales desde 2004.

Bautista, Feliciano y Verdasco, pasan a octavos

Roberto Bautista superó al finlandés Jarkko Nieminen por 6-2, 4-6 y 7-6 (6) en dos horas y 9 minutos para clasificarse para los octavos de final de Indian Wells, en donde ya eliminó al checo Tomas Berdych en la ronda previa. Ahora, el castellonense se medirá al ganador del duelo entre el letón Ernests Gulbis y el búlgaro Grigor Dimitrov. El español ya alcanzó los octavos de final en el Abierto de Australia.

Feliciano López siguió los pasos de Bautista y accedió a octavos tras superar al kazajo Mikhail Kukushkin por 1-6, 6-3 y 6-4 en una hora y 43 minutos. Es la primera vez que el toledano logra clasificarse para octavos del torneo californiano. Por su parte, Fernando Verdasco tumbó al francés Richard Gasquet, número 9 del mundo, por 7-6(5) y 6-1 en 1 hora y 37 minutos y también pasa de ronda.

Además, el croata Marin Cilic despachó al español Tommy Robredo por 6-4 y 6-3 en una hora y 22 minutos.

“Olvidémonos de la espalda. No quiero hablar más de ella porque está bien. Las malas sensaciones estuvieron en mi drive y en mi revés. Conseguí los breaks suficientes para ganar el partido, pero no fui lo suficientemente sólido desde la línea de fondo”, explicó el mallorquín, cuyo próximo torneo debería ser el Master 1000 de Miami (desde el 22). “(...) No fui a por los puntos. Cometí demasiados errores. Cuando juegas con alguien como Dolgopolov, la forma de pararle y molestarle es la solidez, jugar largo y con altura [que la bola pique mucho]”, describió. “Cuando juego una bola alta y me devuelven una pelota corta, apuesto por ganar el punto disparando un ganador o una bola que me abra la pista. (...) Si no hago eso, me convierto en un jugador realmente muy normal. Ya no soy un gran jugador. Lo soy cuando hago esas cosas, y en los últimos dos días no las he hecho”.

Nadal no quiso poner el acento en la espalda, pero los fantasmas que le rondan la cabeza — ¿volveré a quedarme clavado, como en Melbourne? ¿fue eso algo episódico, o hay una dolencia de base?— han acabado por afectar a todo su juego. Igual que un virus, los problemas con el saque se han extendido al resto de su juego. El drive ha perdido filo. El revés, consistencia. Falta chispa en las piernas. Sin un servicio que le dé oxígeno, el número uno intenta sobrevivir con bolas altas que provoquen el fallo del contrario. Poco para su fantástico nivel de principios de curso y para el dorsal que defiende, por mucho que le sobren hambre y deseo, como demostró al romper en blanco el saque de Dolgopolov cuando este sacó por el encuentro (5-3). “Voy a descansar e intentar estar fresco mentalmente para Miami”, dijo Nadal, que emborronó en California su excepcional inicio de temporada (tres finales, para dos títulos).

Ahora espera Miami. Luego, la gira europea de tierra. En medio, la meta de limpiar el juego, recuperar la claridad y volver a la senda que pisó con paso seguro hasta que llegó el latigazo en la espalda de Melbourne. Otro reto para un tenista acostumbrado a escalar con éxito los Himalayas más difíciles.

 

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