LIGA BBVA | 23ª Jornada

Bale cumple, Jesé encanta

El galés abre la victoria del Madrid (4-2) ante el Villarreal y el canterano pone en pie al Bernabéu en el segundo tiemposegundo

Jesé marca el tercer gol del partido.
Jesé marca el tercer gol del partido. PEDRO ARMESTRE / AFP

El animoso Villarreal visitó el Bernabéu en época de incógnitas. La gente acudió al campo a descubrir cómo se llenaría el vacío dejado por Cristiano, el jugador más determinante del equipo en los últimos años, sancionado con tres partidos. Lo que vieron fue la reafirmación de Jesé Rodríguez, futbolista diferente, portador del testigo de una cantera que históricamente ha producido héroes imprescindibles para comprender la grandeza del club. Bale hizo un gol y la gente lo agradeció. Pero el chico que ocupó el lugar de los sentimientos de una afición necesitada de héroes locales con los que identificarse fue el delantero canario, protagonista de una noche memorable.

Corría el minuto cinco y el partido no tenía dueño. Los equipos adelantaban las líneas, se posicionaban, achicaban, medían los espacios. El Madrid apretaba y el Villarreal se empecinaba en tener la pelota sacándola limpia desde atrás. Entonces Gareth Bale cumplió con la principal tarea defensiva que le encomienda su entrenador: presionar al central izquierdo del equipo rival. Eso hizo el galés, que se abalanzó sobre Chechu Dorado. El central se agitó, vaciló, y Bale le robó la pelota antes de salvar los metros que le separaban de Asenjo. Picó el balón sobre la salida del portero y marcó un gol que pesó sobre el encuentro como un sillar.

REAL MADRID, 4; VILLARREAL, 2

Real Madrid: Diego López; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo (Coentrão, m. 17; Arbeloa, m. 46); Illarramendi, Modric, Di María (Xabi Alonso, m. 69); Jesé, Benzema y Bale. No utilizados: Casillas, Varane, Isco y Morata.

Villarreal: Asenjo; Moisés, Musacchio, Dorado, Jaume Costa; Aquino, Bruno, Edu Ramos (Trigueros, m. 58), Moi Gómez (Joan Roman, m. 63); Jonathan Pereira (Perbet, m. 68) y Giovani dos Santos. No utilizados: Aitor Fernández, Jokic y Gabriel.

Goles: 1-0. M. 6. Bale. 2-0. M. 24. Benzema. 2-1. M. 42. Mario. 3-1. M. 64. Jesé. 3-2. M. 70. Giovani. 4-2. M. 76. Benzema.

Árbitro: González González. Amonestó a Jaume Costa y Mario.

Unos 80.000 espectadores en el Santiago Bernabéu.

Bale dio la impresión de haber superado sus aprensiones. Ahora parece físicamente bien. Le sobra potencia y sus cualidades técnicas abarcan casi la totalidad del manual del atacante. Controla bien, va bien de cabeza, maneja ambas piernas, tiene intuición para aparecer y su disparo, sobre todo con la zurda, es una gloria. Los balones le viajan estables, trazando una línea recta, hermosa. Da gusto. Cuando interviene en las jugadas y le dan espacios, o le regalan la pelota, es peligrosísimo. La cuestión no es su calidad. La cuestión es el uso que hace de ella. La administración de sus recursos. La escasa frecuencia de su participación, la distancia entre un desmarque y el siguiente, y una marcada tendencia al aislamiento. Sus compañeros lo intentaron compensar buscándole cada vez que pudieron. Illarra, Modric, Pepe, Benzema, Di María y Carvajal levantaban la vista oteando la banda derecha para entregarle la pelota. Lo sufrió Jesé, que desde la izquierda tuvo que trabajar más para que le advirtieran. No es fácil la situación del canterano. Viene de convertir goles con valor decisivo en Mestalla, San Mamés, y contra el Atlético, y sin embargo el mensaje que le trasladó Ancelotti fue claro: el carril del extremo derecho es de Bale.

El gol aturdió al Villarreal y brindó serenidad al Madrid. Ninguno de los dos equipos estableció su dominio de forma nítida y ambos llegaron a las áreas de forma esporádica. La diferencia radicó en la contundencia. Los visitantes tuvieron el gol en un centro de Giovani que no interceptó Pereira, bien vigilado por Pepe y Ramos. El Madrid se impuso con un centro de Bale que rebotó en Costa y acabó en el pie de Benzema. El francés embocó a un toque.

El premio concedió al Madrid un control que, por juego, no había merecido. Modric y Di María destacaron en esta fase, protegidos por un prolijo Illarramendi. Poco a poco le fueron arrebatando la posesión al Villarreal, que sin balón se sintió condenado, sin autoestima. La impresión de abatimiento resultó tan evidente que sugirió un partido resuelto. El Madrid debió interpretarlo así porque derivó hacia la poltrona. A la media hora dio un paso atrás y cedió la iniciativa. Lo aprovechó Mario con una irrupción desde atrás que sorprendió a Coentrão y Ramos antes de fulminar a Diego López con un tirazo que devolvió la emoción a la velada.

El partido cobró vida en la reanudación y el Villarreal comenzó a desplegarse amenazador. Se imponía una jugada decisiva, un gesto de grandeza, la aparición de un futbolista que inclinara la balanza. El hombre fue Jesé, que hasta la segunda parte había puesto en guardia al público con un par de conducciones fulgurantes. Lo lanzaron Di María y Benzema. El punta fijó a los centrales, devolvió una pared, y Di María tocó para el canterano. Jesé hizo un arranque eléctrico, orientó la pelota, desbordó a Dorado, y casi sin perfil para acabar la jugada definió suavemente con el exterior. La pelota rodó al segundo palo hasta cruzar la raya. Llorando. La hinchada se levantó de sus asientos para celebrar una obra que abarcaba mucho más que un gol. Era la firma de un jugador genial, auténtico.

El fantástico gol de Giovani, de falta a la escuadra, añadió gasolina a un duelo que Jesé acabó impregnando con cada movimiento. Se ofrecía con inteligencia, tocaba, sumaba compañeros a la faena, arrancaba, frenaba y ofrecía soluciones sorprendentes. Cosas que entretenían al público y preocupaban a los rivales, incapaces de sostenerle. Jesé le puso el punto final a la noche con una asistencia a Benzema, otro de los destacados, que ajustó el tiro desde fuera del área con un golpe de clase.

El resumen del partido

Benzema celebra el cuarto gol del Madrid
Benzema celebra el cuarto gol del MadridAlberto Martín / EFE

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