LIGA DE CAMPEONES | REAL MADRID-COPENHAGUE

Bale complica la empresa de Ancelotti

El galés vuelve a sufrir molestias físicas y se cae de la lista del Madrid ante el Copenhague

Ancelotti, durante el entrenamiento de ayer.
Ancelotti, durante el entrenamiento de ayer. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Gareth Bale, fichado hace un mes en el último día del mercado estival, puso patas arriba la labor que había estado desarrollando Carlo Ancelotti con el Madrid durante el verano. El galés descuadró los planes del entrenador italiano porque primero empujó a Özil a marcharse y porque desde que llegó no ha dejado de sufrir problemas físicos, o anímicos, según las diversas fuentes del club. Ayer la versión oficial insistió en que padece alguna dolencia muscular en el muslo izquierdo y que hoy le harán pruebas para determinar qué tiene exactamente. Esto le impedirá, una vez más, debutar como titular en el Bernabéu, donde esta noche el Madrid deberá resolver su crisis de juego con otros medios. El tiempo no espera por nadie en Chamartín, y menos por Ancelotti, a quien los hinchas ya pitaron el día del derbi.

“Florentino es la persona más importante del club”, dice el técnico

Florentino Pérez, el presidente, fue a buscar a Ancelotti a París para comprometerle a modificar de forma drástica el estilo de juego. Quería que el equipo pasara de organizarse en función del contragolpe a hacerlo en función de la posesión del balón. Si la tarea hubiera sido en sentido contrario habría resultado más sencilla, pero transitar del pelotazo al toque suponía un esfuerzo de sofisticación que requería unos plazos y unos instrumentos más complejos. Ante todo precisaba de futbolistas con sentido asociativo y el mejor era Özil. Pero Özil, al conocer que el club ficharía a Bale por 91 o 101 millones de euros, se imaginó marginado y cuando le abrieron la puerta se fue sin dudarlo. La paradoja es que Bale, además de ser el jugador más caro de la historia, es una bala. Corre mucho y es el atacante menos capaz de asociarse en una plantilla que se suponía que debía hacer de la elaboración su nuevo estilo.

La inmensa mayoría de los entrenadores de fútbol hacen del ejercicio de su autoridad una cuestión de principios tramada de honor, ética y liderazgo. Ancelotti es un caso aparte. El pragmatismo del italiano es célebre en el pequeño mundo de la industria europea del fútbol por su habilidad única para someterse al dictado de los dueños de los clubes conservando un nivel de competencia elevado. Ningún entrenador ha sido capaz de renunciar a más prerrogativas propias y conservar al mismo tiempo la credibilidad suficiente ante los jugadores. Ancelotti navega como nadie entre dos aguas porque además consigue éxitos. Ganó Ligas en Italia, Inglaterra y Francia, y levantó dos Champions sometiéndose a los dictados futbolísticos de algunas de las personalidades más autoritarias del universo UEFA. La lista no habla de fútbol. Habla de geopolítica: Moggi, Berlusconi, Abramovich y Al Khelaifi han encontrado en Ancelotti a un funcionario receptivo. Ahora, quien disfruta de sus servicios es Florentino Pérez.

“En el intento de tener más la posesión hemos perdido un poquito de equilibrio”

—Se habla mucho de la influencia que tiene Florentino Pérez en las decisiones que toma Carlo Ancelotti —le interpeló ayer un periodista en la conferencia de prensa—. ¿Usted cómo recibe esto cuando lo lee o lo escucha? ¿Qué fichajes fueron peticiones suyas? ¿Illarramendi, Isco, Bale…?

—Creo —respondió Carletto— que Florentino Pérez es la persona más importante que hay en el Real Madrid. Ha hecho muchas cosas para traerme aquí y creo que es un presidente muy inteligente que me ha dado todas las oportunidades de trabajar. Cuando vamos a fichar a un jugador es porque todos estamos de acuerdo. Los fichajes de este mercado fueron muy buenos. Estoy muy contento porque llegaron jugadores muy importantes con mucha calidad.

Todos en Valdebebas saben que Ancelotti es un hombre con un poderoso sentido institucional, consciente de su poder limitado, dispuesto a considerar al presidente a la hora de administrar la plantilla, porque además Pérez pagó siete millones de euros para sacarle del PSG. Se considera un simple técnico, no un caudillo, y lo asume con una franqueza despojada de vanidad que asombra a los empleados y a los jugadores. Pero unos y otros dan por seguro que el italiano jamás habría cambiado a Özil por Bale.

Ahora, en plena angustia por la Liga que peligra, el público y el presidente reclaman a Ancelotti que haga del Madrid el emporio del toque. Ayer el técnico emitió su veredicto. “Nuestro problema”, dijo, “es que todavía no hemos empezado a jugar con naturalidad. Es normal cuando haces cambios. Tienes que tomarte más tiempo para que los jugadores se adapten. Creo que en el intento de tener más la posesión hemos perdido un poquito de equilibrio y nos hemos debilitado defensivamente. Necesitamos buscar el equilibrio entre el fútbol elaborado, en lo que debemos insistir, y la recuperación. Nuestra recuperación del balón no es buena, por esto empezamos siempre el juego muy atrás contra equipos compactos. Así es difícil encontrar una solución ofensiva eficaz”.

Ancelotti observa que José Mourinho, su predecesor, le dejó un equipo pensado para jugar sin pausa. “Un equipo verticalizado”, que dicen los futbolistas del Madrid, sabedores de las limitaciones de Mou y comprensivos con las tribulaciones del nuevo jefe. El Madrid de Mourinho pasó por una crisis mucho peor hace un año pero el portugués, a diferencia de Ancelotti, lanzó una cortina de humo para desviar la atención. Ahora todo el mundo habla de fútbol. Ahora todos señalan al entrenador.

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