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Un empate vibrante

Valladolid y Málaga igualan 2-2 un partido divertido y lleno de idas y venidas

Santa Cruz, tras lograr el primer gol. EFE

A balón parado, un lugar casi desconocido en los últimos años, en dos saques de esquina, el Valladolid encontró el remedio a su poca puntería, a su buen fútbol, a la sucesión de oportunidades que no terminan en ningún sitio. Juan Ignacio Martínez tuvo que resolver las bajas de su centro del campo, la lesión de Sastre, la de Omar, el gol del Málaga cuando dominaba el choque de cabo a rabo, y terminó por remontar gracias a dos balones tensos que encontraron a la pareja de delanteros, antes de que Pawlowski cerrase un empate divertido

El Valladolid, con sus bajas, con un saldo de goles escaso, con el lastre de ser un grupo que aún no ha asimilado el cambio de técnico, apareció en el césped decidido a llevarse los tres puntos por el camino más rápido posible, dos delanteros, movilidad y libertad absoluta para los de arriba. Al Málaga le descolocó la velocidad, no es un equipo fabricado para juntarse y aguantar un asedio, para vivir alejado del balón y en cinco minutos tenía deshechas todas las costuras. Pero el equipo de Juan Ignacio Martínez está peleado con el gol, y las ocasiones se escapaban sin apenas probar los guantes de Caballero.

VALLADOLID, 2-MÁLAGA, 2

Real Valladolid: Mariño; Rukavina, Marc Valiente, Jesús Rueda, Peña; Sastre (Rossi, m. 49), Baraja; Ebert, Rama (Omar, m. 45, Alcatraz, m. 73), Osorio; y Guerra. No utilizados: Jaime, Heinz, Bergdich, Manucho.

Málaga: Caballero; Jesús Gámez, Sergio Sánchez, Angeleri, Antunes; Ignacio Camacho, Tissone; Portillo (Duda, m. 84), Pedro Morales (Pawlowski, m. 71), Eliseu (El Hamdaoui, m. 71) y Santa Cruz. No utilizados: Kameni, Anderson, Chen, Darder.

Goles: 0-1. M. 22. Santa Cruz. 1-1. M. 55. Javi Guerra. 2-1. M. 64. Osorio. 2-2. Min. 75. Pawlowski.

Árbitro: Marínez Munuera. Mostró tarjeta amarilla a Sastre, Baraja, Javi guerra

Unos 13.000 espectadores en Zorrilla.

El Málaga tuvo que organizarse en torno a la paciencia de Portillo y la capacidad para pelearse con los centrales de Santa Cruz. La posesión fue creciendo, las ganas del rival se disolvían y en esas apareció Tissone, que filtró un pase entre los centrales que el delantero paraguayo colocó en la escuadra de Mariño. Con un solo golpe el Valladolid perdió el aire y el ritmo, el Málaga comenzó a crecer y a borrar del campo al Valladolid y el partido se enredó un poco más con la lesión de Sastre, uno de los pocos medios que le quedaban sanos a Juan Ignacio Martínez.

El Valladolid encontró la solución en un lugar extraño, a balón parado, en dos saques de esquina, los dos lanzados por Ebert que hasta entonces había estado desaparecido, uno para Javi Guerra, el otro para Osorio, los dos al punto de penalti y los dos sin respuesta posible de los centrales. Pero el Málaga había sembrado el pánico cada vez que había pisado el área. Schuster movió el banco y refrescó su ataque y casi en el primer balón que se le acercó Pawlowsky soltó un zurdazo que devolvió el empate al marcador.

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