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El legado de Londres 2012

El 75% de los británicos están satisfechos con los 11.000 millones de euros invertidos

Vista del estadio olímpico de Londres.
Vista del estadio olímpico de Londres. cordon press

Desde el escepticismo o incluso el desdén hasta ese subidón de la euforia nacional que los británicos siguen rememorando con apego un año después. Los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuya concesión a una capital que se vende por sí sola dejó inicialmente más bien fríos a sus futuros anfitriones de a pie, han acabado ingresando en el acervo colectivo como un éxito que casi nadie discute. A la hora de hacer balance se esgrime una ajustada organización que no restó lustreal evento universal a pesar de la crisis, por supuesto también el destacado protagonismo de los deportistas del Reino Unido, pero ante todo el legado a la ciudad de la mejora y ampliación de las infraestructuras urbanas, un aprovechamiento real de las instalaciones olímpicas y la semilla de la regeneración del barrio del este de la ciudad donde tuvieron su sede (Stratford).

La inversión de 11.000 millones de euros valió la pena. Lo estiman hoy el 75% de los británicos, frente a sólo el 44% que un año antes de la cita olímpica avalaba ese esfuerzo. Aunque en el ánimo de los encuestados por YouGov se denota la oleada de patriotismo que desencadenaron los triunfos de los atletas nacionales, con su tercer puesto en el podio de las medallas (65), el contribuyente del Reino Unido también se toma muy en serio cómo gasta sus dineros el erario público. Y el reciclaje de las construcciones olímpicas para el uso y disfrute de la ciudadanía es una pieza esencial del prometido “legado permanente” de los JJ OO.

En 2011 solo el 44% de los británicos aprobaban los gastos de la organización

Ese Estadio Olímpico que vibró con el doblete conseguido en la pista por el británico Mo Farah en los 5.000 y los 10.000 metros volverá pronto a acoger el rugido de otras masas, contenido y educado en caso del mundial de rugby del próximo año y mucho más intenso a partir de 2016, cuando el West Ham United lo alquile para disputar en casa los partidos de la Premier. Excavadoras, camiones y centenares de operarios ocupan hoy el recinto que lo aloja —la que fuera Villa Olímpica— para alumbrar en un antiguo paisaje de deshechos posinduatriales el inmenso espacio verde y de recreo Queen Elizabeth Olympic Park. El parque no se abrirá al público hasta la próxima primavera, pero la pista olímpica de balonmano (Copper Box) ya se ha transmutado en un polideportivo para los usuarios de este deporte y del bádminton, un gran gimnasio, y una nueva cancha para el equipo de baloncesto London Lions.

Las obras prosiguen a buen ritmo para reconvertir en piscina pública el Centro Acuático diseñado por Zaha Hadid, y las instalaciones ciclistas en un gran velódromo al aire libre, mientras las pistas olímpicas de baloncesto y waterpolo ya han desaparecido porque fueron concebidas como estructuras temporales. Ese ha sido otro de los puntos fuertes de Londres 2012, convocar los Juegos más “verdes” de la historia a base de usar materiales reciclables, del tratamiento de alimentos y desperdicios, y de concebir construcciones efímeras cuando su futuro aprovechamiento no podía garantizarse.

Los primeros residentes de los pisos que ocuparon los atletas van a instalarse este septiembre. La zona ya cuenta con escuela propia, pero el perfil urbanístico no se completará hasta la construcción de 8.000 nuevas viviendas (la mitad, de renta moderada). El barrio de Stratford, una de las zonas deprimidas del East End londinense, aparece hoy irreconocible con su flamante estación internacional de ferrocarril —donde parará el Eurostar—, las nuevas conexiones de metro con puntos sensibles de la capital y el mayor centro comercial urbano de Europa.

Los residentes de los pisos que ocuparon los atletas se instalarán este septiembre

Más allá de los miles de empleos que han reportado este despliegue y el futuro parque, los habitantes subrayan que todavía resta mucho por hacer. Si bien el sentir general es que los JJ OO han colocado finalmente a Stratford en el mapa. Desde la cita olímpica recibe unos 700.000 visitantes semanales.

Uno de los rostros más inesperados que brindó Londres 2012 fue el de su centro histórico y atracciones más populares casi vacíos. A pesar del lavado de cara de tantas plazas y atracciones o de la mejora de la extensa red del metro. El enclave olímpico copó la atención de los visitantes extranjeros, cuyo número fue además un 5% inferior al del año anterior en ese mismo periodo, quizá disuadidos por el tipo de cambio de la libra o por el mal tiempo que había hecho en julio. A los lamentos de entonces de la industria turística el gobierno respondió que los Juegos entrañan una inversión a largo plazo, que rentabilizará la potenciación de la imagen de la ciudad.

La Oficina Nacional Estadística adelanta que el Reino Unido registró en el primer semestre del año un récord de ingresos procedentes del turismo exterior (10.202 millones de euros, con un aumento del 11%) tras la visita de 15,24 millones de foráneos. “En 2012 nos esforzamos por mostrar al mundo lo mejor y ahora vemos los resultados”, se ha apresurado a decir el ministro de Turismo y Deportes, Hugh Robertson.

Aunque los políticos suelen llevar el agua a su molino, en este caso bien puede esgrimir que Londres ha aparecido especialmente abarrotado de visitantes un año después de su tercera cita olímpica.

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