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Misteriosa Missy

El estilo de la joven estrella estadounidense, como el de los grandes nadadores, es inexplicable

Missy Franklin, en las series de los 200 espalda Ampliar foto
Missy Franklin, en las series de los 200 espalda AFP

Counsilman fue el entrenador más influyente de la historia de la natación. Sus tres libros, The Science of Swimming, The Complete Book of Swimming y Competitive Swimming Manual for Coaches, fueron los textos de referencia cuando este deporte sentó las bases de su desarrollo actual, entre los años 60 y los 80. El técnico de Indiana fue pionero de la fisiología aplicada a la natación. Pero yo le considero mejor psicólogo que fisiólogo. Pasé tres años entrenándome con él y los aproveché para escucharle hablar durante horas. Un día me dijo:

—Este manual que he escrito es para una natación mediocre. Los grandes nadadores son inexplicables. Si tú analizas la brazada de los nadadores extraordinarios, hay partes que no se pueden comprender.

El estilo libre de Missy Franklin es único. Su brazada heterodoxa. Si intentamos reproducirla en otros nadadores no obtendremos nada. Se desarrolló en un club de Colorado con infraestructuras no demasiado buenas. A veces tenía que entrenarse en piscinas de 20 metros. Su estilo primordial fue la espalda. Pero con 14 años ya nadaba muy bien el crol: hacía los 100 libre en 54s. En la final, no ha podido bajar de 53 (53,47s) y se ha quedado fuera del podio que ocuparon de arriba abajo Campbell, Sjostrom y Kromowidjojo. Todas mayores que ella. Estoy convencido de que con el tiempo ganará velocidad.

La vi en un campeonato júnior en 2009, en Seattle, y nadó los 100 y los 200 espalda, y los 100 y los 200 libre. Su crol tiene mucha fuerza. Su energía para aplicar las palancas en el agua no solo se explica por sus condiciones físicas, sus grandes pies talla 45, su estatura o su envergadura. El poder de Missy reside en su aversión por la derrota. Fuera de la piscina parece sencilla y encantadora. Dentro, no soporta ser segunda. Instintivamente lucha por imponerse. Es fiera. Tiene algo especial. Algo único, como todo gran nadador. Missy podría haber ganado unos cuantos millones después de los Juegos. Cuatro, cinco, seis… Muchas compañías buscaron identificar su imagen con la suya. Pero prefirió no hacerse profesional, como hizo Michael Phelps. Prefirió inscribirse en la universidad. Optó por California, por Berkeley. La piscina de Spieker es un núcleo histórico de concentración de talentos. Coincide allí con otras tres grandes espaldistas: Elizabeth Pelton, Rachel Bootsma y Caroline Piehl. Entre las cuatro tienen algunas de las 20 mejores marcas del año. Las entrena Teri McKeever.

La mayor evolución técnica de Missy en el último año, uno de los detalles que le han permitido ganar algunas décimas en 100 y 200 libre, son sus virajes. En Berkeley ha mejorado su aproximación y su salida de las paredes. Su brazada no me desagrada, pero los manuales dicen que la tracción en el agua no se logra exactamente así. No es purista. Pero Janet Evans tampoco lo era. Recuerdo a Doc analizando los vídeos de Janet y extrayendo una conclusión que sirve de lección magistral para entrenadores:

—Mira cómo coge el agua Janet. En teoría está mal. Pero si somos inteligentes no debemos cambiarlo. ¡Dejaría de nadar igual de rápido!

Missy es igual de misteriosa que Janet Evans, o que Sun Yang. ¿Alguien ha visto cómo estira su brazo derecho Sun Yang? ¿Alguien puede reproducir su giro de hombro? Si miras demasiados vídeos puedes acabar confundiéndote. Cada gran nadador hace una cantidad de cosas diferentes. Cada uno es único y los técnicos también debemos aprender a no intervenir.

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