VUELTA DE SEMIFINALES DE LA CHAMPIONS | R. MADRID, 2 - B. DORTMUND, 0

Weidenfeller para a la caballería

El portero alemán, una especie de padre para la joven generación del Dortmund, detiene el inicio en tromba de los blancos

Weidenfeller bloca el balón ante Cristiano.
Weidenfeller bloca el balón ante Cristiano.Alberto Di Lolli / AP

La fornida silueta de Roman Weidenfeller fue la primera que se dejó ver en el césped del Santiago Bernabéu. Aún no había entrado la gran masa de seguidores madridistas, pero sí la del Dortmund, que embadurnaba de amarillo la parte superior izquierda del fondo norte. Weidenfeller fue recibido con un rugido seco y atronador salido de miles de gargantas áridas, humedecidas durante el día por las céntricas calles de Madrid. Se ajustó los guantes y se pasó los dedos por esa media melena principesca de raya al medio antes de someterse al calentamiento.

No tardó Weidenfeller en asumir el protagonismo que se le intuía ante la salida en tromba del Madrid. A los cuatro minutos se vio obligado a defender un mano a mano con Higuaín, que le quiso superar con un remate raso y cruzado. Respondió el guardameta sacando la pierna y desviando la pelota a córner con la bota derecha. No hizo grandes aspavientos para recriminar el agujero a sus centrales. Les pidió tranquilidad, un gesto que repitió sucesivamente, mientras su hinchada empezaba a corear su nombre. Poco después de esa primera intervención, Cristiano se encontró con el pecho de Weidenfeller. Era un balón largo, que caía alto, y el portugués lo cazó de cuchara. La pelota rebotó en el ancho pectoral del meta alemán, que había achicado espacio como lo hacen sus homónimos del balonmano. Sin utilizar las manos desactivó esa premisa para que el Madrid aumentara su fe con dos paradas trascendentales para el desarrollo emocional del partido en las dos direcciones. Las realizó ante los ojos del seleccionador alemán, Joachim Löw, con el que no ha conseguido ser internacional absoluto pese a estar considerado uno de los mejores parteros de Alemania en el último lustro.

El meta se lució ante Löw, con el que no ha sido internacional absoluto

Todavía, antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, tuvo que medirse en otro todo o nada con Özil, al que obligó a cambiarle el disparo por el lado que tapaba, y la pelota se fue por la línea de fondo. Fue ese cuarto de hora el mejor del Madrid, que ante el torrente de ocasiones al menos gestaba la sensación de que 90 minutos podían hacérsele muy largos al Dortmund.

Fue entonces cuando Weidenfeller, de 32 años, jugó el papel de veterano resabiado. Empezó a retrasar los saques de fondo, las faltas o los fueras de juego que se producían en sus inmediaciones. Jugó siempre al límite de la paciencia de Howard Webb mientras el Bernabéu se exasperaba y le reclamaba al árbitro que le mostrara una tarjeta amarilla. Ante un equipo plagado de jóvenes talentos, Weidenfeller lució galones de capitán para atemperar el partido y a los suyos. Ante un plantillazo de Higuaín se encaró con Webb y luego estuvo presionando al árbitro de área.

En Alemania dicen que ha rebajado su discurso bravucón y su actitud porque se siente el padre de esta joven generación. También le ha serenado su explosiva pareja, que ejerce de modelo de la ropa que vende el club.

Higuaín, Cristiano y Özil se estrellaron frente a él en los primeros minutos

Después de ese cuarto de hora sometido al estrés, el asentamiento del Dortmund corrió a cargo de Hummels, que realizó un par de cortes y de salidas con el balón jugado que estabilizaron a los suyos. Weidenfeller salió autoritario por arriba en un par de centros peligrosos. Dominaba entonces el encuentro el conjunto alemán, que parecía controlar la eliminatoria hasta que llegaron esos últimos minutos locos.

En la descarga final del Madrid, sin haber sido exigido en casi todo el segundo tiempo, volvió a surgir la figura de Weidenfeller, que detuvo un disparo por alto de Benzema con una parada acrobática en la que lució su potencia muscular. Luego arrolló a Cristiano en un balón bombeado. Cuando Benzema le fusiló de cerca, aferró el balón a su abdomen para impedir que el Madrid sacara rápido. Después fue empotrado por Ramos y vivió atacado por la certeza de que, efectivamente 90 minutos en el Bernabéu pueden ser muy largos antes de arrodillarse cuando Webb pitó el final.

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