Pepe arrolla el derbi

El defensa portugués, adelantado al medio campo, marca la pauta del juego de los blancos en el Calderón

Pepe pelea un balón con Diego Costa.
Pepe pelea un balón con Diego Costa.Claudio Álvarez

El cántico más reiterado por los hinchas madridistas que invadieron la Plaza del Mercado de Dortmund, el miércoles pasado, fue la exaltación del jugador con quien más se identifica el sector menos racional de la afición. “¡Pepe, mátalo! ¡Pepe, mátalo! ¡Pepe, mátaloooooo…!”, gritaban. Como el verso indica, este marcador magnífico se ha caracterizado por su imprudente inclinación al juego duro. El hombre tiene pocos rivales en el arte de cerrar, cortar, corregir o despejar. Más allá, comienzan sus limitaciones. Y más allá lo ha situado José Mourinho. El mánager se pasó un mes diseñando una estrategia para situar a Pepe en el eje de la defensa en Dortmund y fue su peor partido en mucho tiempo. Ayer, Mourinho dio un giro a la utilización arriesgada que hace del central situándolo en el medio campo junto a Khedira. El resultado fue un torbellino de pelotazos frontales, balones divididos, carreras interminables, choques y fatigas. Cuantas más responsabilidades asume Pepe dentro del campo, menos relevantes parecen sus compañeros con más talento.

Cuantas más responsabilidades asume el defensa dentro del campo, menos relevantes parecen sus compañeros con más talento

Pepe levanta pasiones. Al ver su estampa huesuda, el Frente Atlético, el grupo más fanático del Calderón, entonó su respuesta musical al hit madridista: “¡Pepe muérete! ¡Pepe, muérete! ¡Pepe, muéreteeeeee…!”. Los acordes sazonaron el ambiente mientras el partido se agitaba sobre la hierba. Soplaba un viento frío desde Guadarrama que no facilitó la limpieza de los pases. Durante una hora, Pepe y Khedira se mostraron incompetentes para iniciar el juego con claridad, pero levantaron un muro de fuego cada vez que el Atlético intentó pasar por el medio. A los 20 minutos, el árbitro ya les había mostrado amarilla a los dos.

Se hizo difícil encontrar un solo futbolista que intentara salir jugando desde atrás con criterio en el grupo de seis que formaron la estructura defensiva madridista. Essien, Albiol, Carvalho, Nacho, Pepe y Khedira jugaron en largo durante toda la primera parte. Fueron pelotas a ninguna parte porque Kaká, estrechamente vigilado por Mario Suárez, no es una fuerza aérea, y porque Benzema dio la impresión de estar harto de recibir un melón cada media hora, siempre de espaldas a la portería y con los centrales calentándole los tobillos. El gol llegó de la única manera posible: a la salida de una falta lateral lanzada por Di María que Pepe no consiguió conectar y que Juanfran envió dentro de su propia portería ante la rigidez de Courtois.

En el descanso Mourinho tomó una decisión salomónica. Ante la evidencia de que ni su equipo ni su rival podían crecer tocando desde atrás, mandó adelantar la presión para anular al Atlético de salida y ordenó a Diego López que sacara en largo. Su intención fue buscar los rechaces con avances masivos sobre la línea del medio campo. El resultado fue un alboroto mayor que el del primer tiempo. El Madrid tardó casi 20 minutos en llegar al área de Courtois. Hubo un tiro y acabó en la red. Fue gracias a una jugada de Benzema, que pilló un balón entre líneas y pudo girarse para dárselo a Di María. Fue la acción más sofisticada de un derbi con poca chicha.

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