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Laberinto turco

Los otomanos, comandados por el magistral Fatih Terim, alternan brillo con inconstancia

Sneijder, Inan y Drogba celebran un gol al Schalke. Wolfgang Rattay

Hamit Altintop, estrella indiscutible en el Galatasaray, tenía grandes dificultades para entrar en las convocatorias del Real Madrid. La situación del centrocampista turco, que resolvió emigrar a Estambul el verano pasado, ilustra la diferencia de potencial entre las dos plantillas y justifica la satisfacción con que el club de Chamartín recibió la noticia del sorteo. Si el Madrid no pasa a las semifinales habrá que atribuirlo a un error propio. Al equipo de Mourinho le conviene permanecer alerta. El adversario que le espera es más débil. Pero en su interior, como en el laberinto del bazar, esconde trampas para distraídos.

El cruce con el Schalke en octavos exhibió al Galatasaray como un equipo en busca de una identidad, a ratos atrevido, a ratos procurando controlar la situación desde su campo. La inconstancia, sello distintivo del fútbol turco, tiene un reverso de aplomo. El Galatasaray es peligroso —para sí mismo y para el rival— porque juega sin miedo. Con una mezcla alternativa de indolencia y arrebato. Ni la presencia en el banquillo de un maestro avisado como Fatih Terim ha terminado de estabilizarlo. Por más que en la Champions ha jugado a comportarse con prudencia táctica, de vez en cuando le pierde su tendencia natural a la suficiencia.

Yilmaz es la revelación. Buen cabeceador, hábil con ambas piernas y astuto para moverse

Los fichajes de Sneijder, proveniente del Inter, y de Drogba, posiblemente aburrido de la Liga china en el Shanghai Shenshua, le dieron una pátina de jerarquía el pasado enero. También cambiaron el funcionamiento del conjunto. En Gelsenkirchen cada saque de portería fue un balón largo al pecho o a la cabeza de Drogba, que debió acabar el partido con el cráneo hirviendo de tanto prolongar hacia Yilmaz. La compenetración del nueve marfileño con el goleador turco parece lograda. Burak Yilmaz es la revelación. Suma seis goles en seis partidos consecutivos de Champions. No ha sido casual. A sus 27 años posee la fiebre competitiva que caracteriza a los más fieros habitantes del área. Maneja ambas piernas, es astuto para desmarcarse, dispara a un toque con facilidad y es ágil para anticiparse por arriba. Coloca el balón con la cabeza con tanta precisión que parece que a su cuello le sobra una vértebra. En Turquía le sitúan en la órbita del agente Jorge Mendes, siempre dispuesto a cerrar un buen intercambio, y anuncian que es el primer candidato a reemplazar a Falcao en el Atlético la temporada próxima.

El dinero que misteriosamente riega el fútbol turco ha inundado al Galatasaray. A pesar de su condición de club social, y a pesar de las limitaciones competitivas del ámbito turco, esta institución centenaria ha sido capaz de atraer a grandes figuras. Es el caso de Altintop, el pesado centrocampista que el Madrid fichó libre en 2011. Del paso de Altintop por Valdebebas se recuerda su prolongado tratamiento de una hernia discal más que su clase y su violento disparo. También se recuerda que, en su condición de fichado con la carta de libertad, el hombre ganaba uno de los mayores salarios de la plantilla. Cinco millones de euros. Que decidiera marcharse al Galatasaray, donde no cobra menos, es una prueba de la prosperidad del Bósforo.

Los fichajes de Sneijder y Drogba en enero le dieron una pátina de jerarquía al equipo turco

Sneijder tampoco gana en Estambul menos de lo que cobraba en Milán. Su fondo físico también sigue estable: cubre una superficie de terreno tan escasa que para defender requiere del auxilio de un punta y tres volantes. Ahí entra en juego otro veterano de mil batallas: Felipe Melo. Este imprevisible medio centro brasileño, triunfador en la Fiorentina y perdido en la Juve, es el encargado de regular el tránsito por el centro del campo. Su tendencia a la dispersión, o a la ira, no le convierten en una garantía. Para cubrirle no abundan los recursos. Los centrales, Nounkeu y Kaya, son lo menos solvente del equipo.

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