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El Barça de Messi venga al de Cruyff

En torno al delantero argentino, el cuadro azulgrana logra una remontada histórica que le redime del fiasco de San Siro y de la final perdida en Atenas en 1994 por idéntico marcador

Los de Roura acompañarán al Madrid en el sorteo de la próxima ronda, el viernes

Al catálogo de jornadas memorables del Barcelona, santo y seña del buen gusto por el fútbol, le faltaba una remontada como signo de rebeldía y arrebato, señal inequívoca de su resistencia a claudicar, y menos por culpa suya después del fiasco de San Siro. Se tomó cumplida revancha del encuentro de ida y, si se quiere, una vez puesto a celebrar un triunfo histórico, del 4-0 de la final de Atenas de 1994. No será el Milan quien cante el réquiem al Barcelona de Messi, mitad coloso, mitad guerrero, a veces estético y en otras épico, siempre presente en una noche pletórica.

Las mejores victorias acostumbran a llegar después de las derrotas más dolorosas, sobre todo en los grandes equipos, aquellos que marcan época y defienden su jerarquía en los momentos más exigentes, como el Barcelona de Messi, excelso la noche en que se cuestionaba su reinado. El mismo equipo que presumió de despojar al Barça de su púrpura sufrió un cruel y merecido castigo. No se juega con el Barça. Todavía quedan clases en el fútbol, y los azulgrana son mejor equipo que el Milan, sobre todo mientras tengan a su cuarteto de medios y a Messi.

BARCELONA, 4 - MILAN, 0

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano (Puyol, m. 77), Alba; Xavi, Busquets, Iniesta; Messi; Pedro (Adriano, m. 83) y Villa (Alexis, m. 75). No utilizados: Pinto; Cesc, Song y Tello.

Milan: Abbiati; Abate, Mexès, Zapata, Constant; Montolivo, Ambrosini (Muntari, m. 60), Flamini (Bojan, m. 75); Boateng, Niang (Robinho, m. 60) y El Shaarawy. No utilizados: Amelia; Bonera, De Sciglio y Nocerino.

Goles: 1-0. M. 5. Messi, a la escuadra. 2-0. M. 39. Messi, desde la frontal del área. 3-0. M. 55. Villa cruza el esférico tras un pase de Xavi. 4-0. M. 92. Jordi Alba resuelve un contragolpe, un pase de Alexis.

Árbitro: Víktor Kassai (Hungría). Amonestó a Boateng, Pedro (se pierde la ida de los cuartos por sanción), Flamini y Mexès.

Camp Nou: 94.944 espectadores.

El 10 acabó con una de las mejores organizaciones defensivas del mundo como es la italiana. No hay cerrojo que se resista al pie de Messi. El catenaccio cedió ante la mejor versión del omnipresente delantero argentino. La suya es una dictadura consentida, por agradecida y amable, anoche más dulce que nunca. Alrededor del 10, el Barça edificó un partido majestuoso, muy bien gestionado tanto desde el punto de vista emocional como táctico, jugado con la cabeza y los pies, bien visto por los técnicos y los jugadores, jaleado por una entusiasta hinchada.

Apretó ya de salida el Barcelona con una alineación valiente y flexible, sobre todo por la versatilidad de Alves, ayer más extremo que lateral, justamente el papel contrario que Alba, tercer zaguero de un equipo desplegado a partir del 3-4-3. Iban y venían los azulgrana sin parar, intensos y agresivos con el balón, excelentes en la recuperación, imposibles de defender por el Milan. Al cuarto de hora ya habían contado un gol de Messi, una ocasión de Pedro que muy bien pudo ser penalti de Abate y dos intervenciones excelentes de Abbiati a tiros de Iniesta y Xavi.

Extraordinario en la presión, el Barça jugaba en el campo del Milan. Acortada la cancha, el ataque y gol era constante, como si se jugara el final del partido y no el comienzo, encarado el equipo entero hacia la portería de Abbiati. Los ataques eran rápidos, los remates selectivos y las ocasiones suficientes para igualar el marcador de San Siro. El partido pertenecía a los medios: Iniesta, Xavi, Busquets y Messi, anoche más 10 que nunca, porque Pedro y Alves abrían el campo por las bandas y Villa ejercía de 9. Los goles refrendaron la jerarquía sobre todo de Busquets y Messi.

Ambos armaron el 1-0 con la ayuda de Xavi: el pase filtrado del medio centro para romper el muro italiano, el toque sutil del volante y la rosca a la escuadra del 10. Y el 2-0 llegó después de un robo de Iniesta, igualmente clarividente en la apertura para Messi. Ningún jugador en el mundo tiene las caderas del 10. El centro de gravedad le permite regatear y quebrar a los defensas y retratar a los porteros sin tocar el balón. Ya no se le resisten ni los equipos italianos. Muy poco tuvo que decir el Milan salvo un tiro al palo de Niang en un mano a mano con Valdés.

La jugada expresó las disfunciones de la zaga del Barça. Los dos laterales profundizan sin atender que los centrales se quedan en situaciones de uno contra uno con los delanteros. Así, Alba llegó hasta la línea de fondo rossonera, puso un mal centro y en la vuelta de la jugada, Mascherano se comió el rechace y permitió la oportunidad de Niang. Esquiva en Milán, la fortuna estuvo ayer de parte del Barça porque el árbitro pasó por alto unas manos de Piqué y acto seguido Messi puso el 2-0. Alcanzado el descanso, igualada la ronda, quedaba media parte para rematar la fiesta.

La Pulga acabó con una de las mejores organizaciones defensivas del mundo

Empezaba un nuevo partido en el Camp Nou. Al Barcelona le convenía medir el riesgo, tirar la línea de cuatro defensas y al Milan no le quedaba más remedio que adelantar la línea de presión, buscar el campo del Barça. El tanteo se acabó a los diez minutos, después de un par de achuchones de los chicos de Allegri y dos faltas a Messi, cuando volvió a funcionar la línea de recuperación barcelonista: anticipó bien Mascherano y Villa coló un zurdazo espectacular a pase de Xavi para poner el 3-0. Tuvo una el Guaje y la metió para participar de la gloria como le corresponde a un campeón del mundo.

Quedaba por gestionar media hora larga para celebrar la ansiada victoria en la Champions. Fue un rato largo y sufrido, como corresponde a un torneo como el europeo, necesario para que el triunfo tenga el mayor de los impactos. El partido se debatió entonces entre el cuarto gol del Barcelona y sobre todo el primero del Milan que le hubiera dado la clasificación, ya con Bojan jugando contra Valdés. Apretaron los aficionados, se entregaron los jugadores y acertó el entrenador con la rueda de cambios. Puesto el encuentro del revés, acabó por decidir un contragolpe armado por Messi, conducido por Alexis y rematado por Alba.

El conjunto azulgrana sufrió largo rato para gestionar al final el marcador

Achicando el balón más que jugándolo, llegó el 4-0, el punto final de un partido que quedará para el recuerdo porque el remonte fue protagonizado por los mismos jugadores que han resuelto la mayoría de partidos desde la iniciativa y el buen gobierno: Messi y el cuarteto de centrocampistas manejados por Busquets dirigieron una actuación completa y redonda. Ya se sabe que la inspiración viene trabajando, y ayer el Barça fue más mágico que nunca desde laboro. No hay nada mejor para recuperar la moral que una noche de Champions como la vivida ayer en el Camp Nou.

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