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La depresión de Adán

Mourinho deja en la grada al meta, solo mes y medio después de que le diese la titularidad por delante de Casillas

Adán, en un entrenamiento del Madrid junto a Casillas. Ampliar foto
Adán, en un entrenamiento del Madrid junto a Casillas.

Bajo la lluvia y con gesto de abatimiento, Adán ejerció de rematador, o de centrador, durante el calentamiento de porteros madridistas previo al encuentro con el Rayo. Un asistente más para que Diego López, el titular, y Jesús Fernández, el segundo meta del Castilla, se preparasen para el partido. Tras la tarea, Adán se duchó y subió a la grada. En un mes y medio, había pasado de reemplazar al mejor portero del mundo a hundirse en una depresión y, finalmente, a sentarse en la tribuna por decisión técnica. Así lo dispuso José Mourinho, el mánager del Madrid, dándole otra vuelta de tuerca a la retorcida gestión de sus porteros.

Faltaban dos días para la Navidad cuando Mourinho resolvió mandar al banquillo a Iker Casillas. Para degradar al capitán, al hombre que la FIFA considera el mejor portero del mundo, el mánager se valió de la figura de Antonio Adán. El segundo portero de la plantilla no se había visto en otra. A sus 25 años, ya maduro para el oficio, su experiencia desde las categorías inferiores no le animaba al optimismo: siempre hubo porteros mejor considerados que él. Mourinho pareció cambiar la tendencia cuando antes de jugar en Málaga le comunicó que sería titular entre promesas de respaldo inquebrantable. Debió resultar persuasivo porque los compañeros observaron que Adán se comportaba de un modo extraño. De pronto, le vieron adherirse al grupo de los portugueses como uno más. Quizá temeroso de parecer insumiso, de un día para otro guardó las distancias con todos aquellos a quienes Mourinho no considera sus más leales. Incluido Casillas.

Me han faltado el respeto, declaró, para lamentar las críticas que recibió por su actuación en Málaga

Los compañeros vieron a Adán repetir los discursos que le mandaba Mourinho. “Me han faltado el respeto”, declaró, para lamentar las críticas que recibió por su actuación en Málaga. La sumisión no surtió efecto. El técnico tardó dos partidos en prescindir de Adán, que no regresó a la portería ni cuando Casillas se lesionó de gravedad. El fichaje de López zanjó el debate en el clásico en Granada, en donde Adán descubrió que su jefe ya no contaba con él. Durante las dos semanas siguientes, la plantilla tuvo dificultades para coincidir con Adán en Valdebebas antes y después de los entrenamientos. Le veían hundido, eludiendo encuentros, avergonzado y solo. “Lo utilizaron”, comentó un compañero la semana pasada, “a Mourinho nunca le gustó realmente”. El estado anímico afectó a su trabajo en las últimas semanas. Casi dos meses después de desafiar al mejor portero del mundo vio el Madrid-Rayo sentado en la tribuna.

Preguntado por la postergación de Adán, el auxiliar del mánager, Aitor Karanka, fue sumario y expeditivo: “La convocatoria se hace pensando en los 18 jugadores que mejor están y es una decisión que se toma como otra cualquiera”.

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