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La Copa da vida al Sevilla

El equipo de Emery supera sin problemas (4-0) a un Zaragoza con muy poca intensidad, que llegó a jugar con nueve tras dos expulsiones

Dos no pelean cuando uno no quiere. El Zaragoza, más metido en sus problemas en la Liga que en el sueño de avanzar en un torneo que le ha dado tantas alegrías como la Copa, miró para otro lado en el Sánchez Pizjuán. El Zaragoza ni quiso ni pudo. Y casi puso una alfombra para que el Sevilla aliviara sus penas y siguiera disfrutando con la Copa del Rey.

La primera alegría de la era Emery llegó con cierta ayuda exterior, pero también con el gol de Negredo, las carreras de Navas y la calidad de Rakitic. Tres argumentos que desnivelan en un equipo un pelín más ordenado, donde se siente aún la transformación que bulle en las cabezas de los jugadores cuando se produce un relevo de entrenador. Emery quiere poner los cimientos de un buen Sevilla. Le costará, pero por el momento disfruta de la Copa y de una nueva semifinal que puede prender la ilusión de un sevillismo algo mustio. Entonces no será tan fácil como ante el Zaragoza.

SEVILLA, 4-ZARAGOZA, 0

Sevilla: Diego López; Cicinho, Fazio, Spahic, Navarro; Medel (Manu del Moral, m. 53), Kondogbia; Navas, Rakitic, Reyes (Stevanovic, m. 76); y Negredo (Babá, m. 72). No utilizados: Palop; Coke, Maduro y Botía.

Zaragoza: Leo Franco; Fernández, Sapunaru, Lanzaro, Paredes; Fran, José Mari; Zuculini (Movilla, m. 70), Víctor (Héctor, m. 53), Wilchez; y Álamo (Ortí, m. 34). No utilizados: Roberto; Oriol, Montañés y Postiga.

Goles: 1-0. M. 35. Negredo. 2-0. M. 48. Rakitic. 3-0. M. 66. Negredo, de penalti. 4-0. M. 91. Manu del Moral.

Árbitro: Velasco Carballo. Expulsó con roja directa a Fernández (m. 25) y a Fran González, por doble amonestación (m. 65). Amonestó a Wilchez, Spahic y Sapunaru.

Sánchez Pizjuán: 20.000 espectadores.

La Copa se ha convertido en el gran bálsamo del Sevilla. Noche agradable para el conjunto andaluz y triste para un Zaragoza que decidió dejar lo mejor de sí mismo para la Liga, harto de lesiones, desgaste e infortunios, como la expulsión del debutante Fernández a los 25 minutos. Ya no hubo partido a partir de ahí. Goles y más goles a favor de los de Emery ante un Zaragoza que acabó con nueve jugadores.

En el transcurrir del Sevilla en la Copa, el equipo andaluz ha tenido siempre el aire a su favor. Situado en el cuadro agradable del torneo, alejado de cualquier encuentro con Madrid y Barcelona, el Sevilla se vio favorecido, ronda a ronda, del poco apetitito competitivo de los rivales que se fue encontrando en el camino: un Espanyol sin entrenador y entonces colista, un Mallorca pensando en la Liga y, de colofón, este Zaragoza plagado de suplentes y jóvenes que se plantó en el Sánchez Pizjuán con Montañés, Movilla, Edu Oriol y Postiga en el banquillo. El Sevilla, este Sevilla errático y sin mucha personalidad que deambula por la competición, no tuvo más remedio que agradecer el regalo. No lo demostró con su puesta de largo fría, muy escasa de intensidad y sin ritmo, pero los acontecimientos le fueron metiendo en el partido. Por ejemplo, al recién fichado Fernández, del Córdoba, no se le ocurrió otra cosa que medir muy mal en una dura entrada a Reyes que le valió la tarjeta roja. Era el minuto 25.

El conjunto andaluz ha disfrutado del aire a favor este curso en el torneo copero

La imberbe acción del lateral abrió una distancia sideral entre ambos equipos. El Sevilla, empujado por la corriente favorable, con lesión incluida de Javi Álamo en plena desgracia maña, tomó el mando. Como siempre, Navas entró en ebullición y le siguió, a cuentagotas, Reyes, que juega su particular partido. Una carrera de Navas acabó en saque de esquina. El preciso golpeo de Rakitic al interior del área fue rematado por Negredo a gol. En el área pequeña y casi sin saltar. Leo Franco tuvo que salvar un par de acciones de peligro del Sevilla, que había mordido la debilidad de un rival diezmado. Sin un jugador, por ejemplo, capaz de hacer lo que hizo Rakitic. Al croata le falta una marcha para ser grande de verdad, pero calidad y golpeo de balón tiene a raudales. Su carrera y definición en el segundo gol fueron magistrales.

Con el 2-0, casi sobró el segundo tiempo, apenas animado por un carrerón de Cicinho que acabó en penalti transformado por Negredo o el incansable ir y venir de Navas. Un triunfo para que el Sevilla de Emery inicie su crecimiento y que luche por plantarse en otra final. En Copa, la felicidad del conjunto sevillista es palpable. En Liga, el progreso se atisba más lento, todavía con las cicatrices de la etapa de Míchel. El Zaragoza se marchó tan desanimado como entró al campo.

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