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Al Pisha que no le llamen sénior

Casi con 49 años, Jiménez afronta cinco meses de rehabilitación, tras romperse esquiando la tibia derecha, con las ganas de seguir compitiendo

Jiménez celebra su triunfo en Hong Kong, en noviembre. Ampliar foto
Jiménez celebra su triunfo en Hong Kong, en noviembre. cordon

A Miguel Ángel Jiménez, que esconde en el cuerpo de un hombre de casi 49 años la ilusión por el golf de un chaval de 20, le toca las narices que le pregunten quienes no le conocen, quienes no saben de su carácter incombustible, si piensa participar en el circuito sénior. Y a eso, a la idea de patear con exjugadores en lugar de con la élite, responde el de Churriana de puertas afuera con su humor socarrón, pero también, por dentro, con el orgullo de quien se siente competitivo y lo demuestra. En noviembre se doctoró en Hong Kong como el ganador más veterano en la historia del circuito europeo (48 años, 10 meses y 13 días) y de su excelente madurez habla el dato de que 12 de sus 19 títulos los ha celebrado pasados los 40. Él, el último caddie jugador, una especie en extinción, pasando por delante de golfistas que podrían ser sus hijos.

Descubrió el esquí hace poco y le enganchó, porque le encanta la velocidad

De ahí que al Pisha le haya dolido especialmente esa fractura de la tibia derecha que sufrió el sábado esquiando en Sierra Nevada y de la que fue operado esa misma noche. “Con lo bien que estaba jugando…”, se lamenta Jiménez, a quien esperan ahora cuatro o cinco meses de rehabilitación. El Pisha salió del quirófano con dos clavos en la meseta tibial y, cabezota como es, regateando semanas a los médicos. He ahí su esencia. Este sábado, siete días después del accidente, cumple 49 años con una tibia rota y la carrera hecha, pero a Jiménez que no le hablen del circuito sénior. “El golf me lo ha dado todo y yo le doy lo que necesite, porque, si no, los jóvenes me mojan la oreja”, resume el andaluz, que se queja cariñosamente de no tener tiempo para nada, siempre de un lado para otro, y que quiere seguir jugando al menos hasta los 50.

Las apariencias engañan, y tras la coleta, el puro y el gusto por el rioja hay un jugador fortísimo físicamente, que se machaca como el que más en el gimnasio que antes tanto odiaba, pero al que no ha tenido más remedio que entrar para reinventarse, para seguir dando guerra. Jiménez es el hombre de las tres generaciones: la de Seve, la de Tiger y la de McIlroy. En todas ellas ha competido en la cresta. Ahora se perderá la gira del desierto que tanto le gustaba (y a la que acudía con un preparador personal), y un Masters de Augusta al que no faltaba desde 2004. Eran ya más de cinco años seguidos, 22 grandes consecutivos, presentándose a un major. Su regreso no está previsto antes de mayo o junio.

La vida viene como viene. Sabía que corría este riesgo..."

Miguel Ángel Jiménez

“Pero la vida viene como viene. Hace años le cogí el gustillo al esquí y me entusiasma, aunque sabía que corría este riesgo… Perdí el control y me caí”. Imposible para Jiménez renunciar a su filosofía de vida, a disfrutar haciendo lo que le gusta, porque entonces no sería él, ni en el campo ni fuera. Amante de la velocidad (se ha llevado más de una multa por exceso al volante) y del riesgo, al Pisha le encanta correr, así que quedó enganchado por el esquí cuando hace unos años lo probó para que sus hijos lo practicaran. Como toda vocación tardía, le enamoró, y disfrutaba hablando de Sierra Nevada, de lo bien que estaban las pistas, de la libertad y la velocidad esquiando…

Así, con “mala pata”, cerró un año 2012 en el que demostró que sigue en la élite pese a las canas y en el que disfrutó tanto como su amigo Olazábal con la conquista europea de la Copa Ryder, esta vez como vicecapitán en lugar de con los palos. Para 2013 le aguarda la ilusión de inaugurar la Escuela de Golf de Torremolinos, y una rehabilitación que medirá su amor por el deporte. El Pisha aún se siente como un júnior.

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