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A Messi también le gusta Córdoba

Dos goles más de su insaciable estrella, que lleva 88 tantos este año, decantan la eliminatoria para el Barcelona

Messi se escapa del marcaje de Caballero. REUTERS

Acabado el partido del domingo en el Villamarín, a Messi se le preguntó por su próximo reto después de haber batido la marca goleadora de Müller (85 goles), un registro que duraba desde el año 1972. La respuesta invitaba a la grandilocuencia y parecía que iba a remitir a gestas escondidas en las hemerotecas, momentos solemnes que obligan a recurrir también a la tradición oral del fútbol. La respuesta del 10 del Barça fue tan sorprendente como respetuosa con la historia: “Mi prioridad es Córdoba”.

Y a Córdoba llegó Messi, 40 años después también de la última visita del Barça al Arcángel, el 7 de mayo de 1972, día en que un penalti de Fermín acabó con las aspiraciones azulgrana de ganar aquella Liga. Y Messi tardó solo 10 minutos en marcar uno de los goles más sencillos de su vida después de un regalo de Villa. Tan fácil se lo puso el Guaje que al 10 casi se le escapa el tiro sobre la raya de gol. La jugada tuvo un efecto terapéutico para el equipo y para la relación Villa-Messi.

CÓRDOBA, 0 - BARCELONA, 2

Córdoba: Saizar; José Fernández, Gaspar (Damián, m. 83), Aguilar, Fuentes; López Garai, Caballero; Pedro, Vico (Ayina, M.88), Dubarbier; y Rennella (Patiño, m. 62). No utilizados: Alberto García; Cristian, Abel y Tena.

Barcelona: Pinto: Alves (Montoya, m. 77), Piqué, Mascherano, Alba; Xavi, Song, Thiago; Pedro (Alexis, m. 65), Messi y Villa (Tello, m. 84). No utilizados: Oier; Puyol, Busquets y Dos Santos.

Goles: 0-1. M. 11. Messi, desde dentro del área, a pase de Villa. 0-2. M. 75. Messi resuelve una jugada colectiva.

Árbitro: Del Cerro Grande. Mostró la tarjeta amarilla a Dubarbier y Vico.

Unos 20.000 espectadores en el Nuevo Arcángel.

No quedaron dudas sobre la ambición del Barça desde que se supo sobre el viaje de Messi a Córdoba. Apostó Vilanova por una alineación muy seria, respetuosa con el partido y con el rival, plagada de titulares, como si en juego estuviera la Liga y no la ida de los octavos de la Copa, sin reparar en que el domingo aguarda el Atlético. Y seguramente hizo muy bien el técnico en no dar concesiones porque, hasta que se desfondó, jugó bien el Córdoba. El equipo respondió solemnemente a las pompas de la jornada.

A Córdoba le mola la Copa, a su presidente le ha dado por promocionar el torneo con vídeos sobre la monarquía y el independentismo catalán y se llenó el Nuevo Arcángel (20.000 aficionados) para recibir a Messi y rememorar aquella victoria de hace 40 años contra el Barcelona. Los blanquiverdes sienten que son un equipo con categoría suficiente para competir en la Liga del Barça. Le disputaron al menos el campo, el balón y el encuentro a los muchachos de Vilanova.

Muy agrupado, el Córdoba se desplegó de manera aseada y atrevida, siempre con la pelota por bandera, y cerró bien los espacios para que no profundizara el Barcelona. Hasta la llegada del descanso, los azulgrana se acomodaron excesivamente alrededor de Messi. Reanudado el juego, se fueron decididamente a por la ronda ante el desfallecimiento del Córdoba, un equipo sin punto y final, falto de gol. Tampoco andan finos los delanteros del Barça. Tanto Pedro como Villa se encogieron ante Saizar.

A veces parece que solo el 10 es capaz de marcar en el Barça: 88 este año y 32 durante esta temporada. Los tiros fallidos de los delanteros azulgrana contrastaron con las jugadas de Messi, sobre todo una en que atravesó el campo de área a área, conduciendo y regateando, imposible de seguir para sus compañeros y adversarios, vencido al final por una cancha irregular y horrorosa. Messi repitió a la hora de partido y, sorprendentemente, el portero le sacó un remate que era gol o gol. No perdonó el 10 a la tercera después de un centro de Alexis y si no metió el tercero fue porque no pudo tirar la vaselina ante la salida de Saizar. Messi tenía Córdoba en la cabeza desde que el pasado domingo acabó el partido del Betis, y no perdonó en el Nuevo Arcángel. El 10 quería un estreno como Dios manda en la Copa y se presentó con un par de goles más, los únicos de su equipo. Todos los jugadores al servicio del rey. A Messi le da igual el campo, el rival y el torneo, incluso que la pelota sea playera y la cancha esté bacheada. Él solo pregunta por el próximo partido.

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