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Brasil se asocia con Kaká

El mediapunta se suma al proyecto de Menezes, resuelto a incorporarlo a la selección en calidad de referencia para los jóvenes que disputarán la Copa del Mundo

Kaká festeja su gol ante Irak. Ampliar foto
Kaká festeja su gol ante Irak. REUTERS

Todo regreso responde a una simetría y toda simetría remite a cierto orden. Kaká volvió a entrenarse con Brasil el jueves después de dos años de ausencia. Apenas se preparó durante media hora antes de jugar contra Irak, el viernes en Suecia, en un partido amistoso irrelevante de no ser porque señaló el reencuentro de la última leyenda del fútbol brasileño con la camiseta de la selección más bendecida por la historia. Durante la goleada que se sucedió (6-0), Kaká ejerció de ídolo involuntario y referencia futbolística para sus compañeros, casi todos nuevos. La generación llamada a ser la anfitriona en la Copa del Mundo de 2014 se asoció al veterano para emprender un camino difícil. Que Brasil no precise clasificarse no le ahorra la necesidad imperiosa de responder a las expectativas de una torcida que lleva años insatisfecha.

“Le bastaron 30 minutos de práctica para mejorar al equipo”, dice el técnico de Brasil

La fortuna de Kaká se apagó mientras permaneció lejos de su selección. Pero a Brasil tampoco le ha ido bien sin Kaká. Sometido a una presión sin límites por una hinchada cada vez más exigente con los resultados y menos atenta a las cuestiones del estilo, el equipo se regenera con dificultad tras el trauma de la Copa del Mundo de 2010. Mano Menezes, el director técnico que relevó a Dunga, ha tocando teclas, probando jugadores, en busca de una armonía en el juego y una continuidad esquiva. Brasil fue eliminado de la Copa América de 2011 en los cuartos de final después de haber ganado un solo partido. En los Juegos Olímpicos de Londres completó buenas actuaciones, pero se quedó sin el oro, perdido ante México en la final de Wembley.

En el encuentro del viernes, Kaká selló la victoria entregando el 2-0 a Oscar y convirtiendo el 3-0. Le bastaron dos relámpagos entre la banda izquierda y el carril del diez para aplastar a la desconcertada defensa rival. Su repertorio evocó sus mejores días. Hubo carreras vertiginosas, regates, pases, tiros y una buena dosis de criterio para mezclar con Neymar y Oscar.

“Es duro dar la titularidad a un jugador que no ha tenido tiempo para integrarse y solo ha dispuesto de 30 minutos para entrenarse con el grupo”, comentó Menezes, tras el encuentro; “de todas maneras, el conocimiento y la clase de Kaká le facilita las cosas a él y él se las facilita al equipo. Kaká ayuda a los que están a su alrededor a jugar mejor”.

La última vez que Kaká jugó con su selección fue el 2 de julio de 2010, el día de la eliminación del Mundial ante Holanda. El mediapunta se alineó con Julio César; Maicon, Lucio, Juan, Alves; Bastos, Gilberto, Melo; Robinho y Luis Fabiano. Ninguno formó en la alineación del viernes. El tiempo ha barrido a la práctica totalidad de un equipo que, salvando el éxito efímero en la Copa América de 2007, no estuvo a la altura de su prestigio. De la convocatoria de Dunga para Sudáfrica solo Kaká y Thiago Silva formaron parte de la última lista de Menezes.

No aparece un mediocentro predestinado. Por lo demás, Menezes cuenta con algunos buenos porteros, una línea de defensa fabulosa y tres talentos capaces de grandes hazañas de tres cuartos adelante. Son Kaká y Oscar en la mediapunta y Neymar en funciones de rematador.

“Jugar con Kaká es fantástico”, celebró el goleador del Santos; “es un crack”. Kaká, de 30 años, cedió su dorsal a Oscar, el nuevo enganche del Chelsea, antes de coincidir con él en un partido por primera vez. “Oscar es una de las grandes promesas de la última generación”, dijo Kaká, “y el diez es suyo”. Oscar, de 21 años, se confesó rendido: “Cuando era pequeño, Kaká era mi ídolo. Tenemos una forma de jugar tan parecida que a veces debemos cuidarnos de no hacer los dos la misma cosa en el campo. Nos estamos acostumbrando”.

No era internacional desde la eliminación ante Holanda en el Mundial de 2010

El 6-0 ante Irak fue un comienzo prometedor para un trío inédito hasta el viernes. La alineación de Kaká, Oscar y Neymar despierta suspicacias en el sector más cauteloso de la crítica brasileña. “Cuando juguemos contra rivales más fuertes, nos faltará un Dunga o un Emerson en el medio campo”, decía un alarmado comentarista de O Globo.

La nostalgia impide recordar el fracaso de aquel medio campo plagado de jugadores de marca en el Mundial de Sudáfrica. Mientras tanto, Menezes hace planes pensando en 2014. En su proyecto, Thiago se consolida como el eje de la defensa mientras que Kaká apunta a la capitanía en la Copa Confederaciones.

Hacía semanas que Kaká decía a sus compañeros en el Madrid que se encontraba más fuerte que nunca. Que no merecía el desdén con que lo trataba su entrenador, José Mourinho. Que la temporada pasada pudo haber brillado mucho más de haber gozado de continuidad. Que está resuelto a retirarse a lo grande y que para ello ha redoblado su trabajo en el gimnasio para fortalecer sus rodillas y cada vez que puede se entrena en doble sesión acudiendo por las tardes a practicar con el Castilla.

En 2010 Brasil cayó derrotado ante Holanda. Ese día Kaká se rompió la rodilla e inició un largo periodo de inactividad entre curaciones y marginaciones de origen técnico que no comprendió del todo. Él lo sufrió. Brasil, también.

Hasta ahora, para demostrar su valor, a Kaká le ha faltado el respaldo de Mourinho. También le ha faltado la complicidad de Menezes, que, esta vez sí, parece decidido a asociarse a su causa.

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