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Y Armstrong ¿por qué no confiesa?

Ante su pasado reciente, el ciclismo está dividido: ¿tiene sentido una comisión

de reconciliación para construir el futuro?

Lance Armstrong, hace una semana, en el triatlón de San Diego, que ganó. Ampliar foto
Lance Armstrong, hace una semana, en el triatlón de San Diego, que ganó. CORDON PRESS

Escribir de ciclismo en España ha sido en los últimos años escribir también una crónica histórica, policiaca, judicial, científica, médica y política. Y no se queda ahí el abanico de géneros periodísticos al que arrastran los pedales y las dos ruedas. Oyendo lo que se oye estos días, las próximas crónicas tendrán que ser inevitablemente religiosas.

Todo gira, como casi siempre, alrededor del dopaje, alrededor de los últimos años del ciclismo, alrededor de Lance Armstrong, que se declara ateo.

Todo gira alrededor de una pregunta nacida de la aparentemente inconcebible negativa del ciclista tejano a defenderse de los cargos de dopaje continuado por los que la agencia antidopaje de su país (USADA) le ha desposeído de sus siete Tours de Francia: ¿para construir el futuro deben todos los actores del ciclismo confesar lo malos que han sido o, simplemente, se puede hacer borrón y cuenta nueva, borrar la pizarra del pasado y seguir como si nada hubiera pasado?

De educación protestante, puritana, el escocés David Millar escribió un libro sobre su duro pasado de dopaje, una descarga de conciencia privada y una denuncia pública. Hace unas semanas, Millar acudió ilusionado al Mundial de Valkenburgo, donde estaba previsto que el presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), el católico irlandés Pat McQuaid, anunciara la creación de una comisión de verdad y reconciliación, y amnistía, que promovería el que todos los ciclistas confesaran sus pecados sin temor al castigo.

No tiene sentido desenterrar más escándalos”, dice McQuaid

Se llevó una desilusión tremenda Millar, quien cree que la policía salvó su vida y su carrera el día que le detuvo por dopaje. McQuaid no solo no anunció la comisión, sino que se cambió de bando radicalmente. “No tiene sentido conocer el pasado”, dijo; “no tiene sentido desenterrar escándalos”. “Se equivoca McQuaid”, replicó Millar; “solo sabiendo lo que hemos hecho mal, solo asumiéndolo y tomando conciencia del mal pasado podemos construir un futuro diferente”. Esa confesión propugnada por Millar debería incluir a todos, a la UCI y demás dirigentes del ciclismo.

Como Millar, el estadounidense Tyler Hamilton, también calvinista, también con una conciencia pesada, ha escrito un libro sobre su pasado oscuro. Tiene el interés añadido, y el morbo, de que incluye parte del pasado de Armstrong, con el que compartió equipo unos años. Un pasado nada hermoso si se cree su relato sobre el uso de EPO, transfusiones y otras técnicas.

El libro de Hamilton, quien, a diferencia de Millar, no considera una liberación el día en que un positivo le desenmascaró —antes, al contrario, se convirtió aquel día en el fin de su sueño económico—, denuncia el sistema como culpable de sus males y precisa que parte de ese sistema era la corrupción; un ejemplo, la connivencia entre Armstrong y la UCI, que, según Hamilton, tapó un positivo del norteamericano en 2001.

Tengo la conciencia muy limpia”, afirma Armstrong; “hay que mirar siempre adelante”

Puede que Armstrong sea ateo, pero ello no le priva de hablar del peso de la conciencia, como sus colegas, pero no igual. “A mí me educó mi madre, que siempre miraba hacia el futuro. Algunos no hacen eso. Algunos se sientan y no hacen más que hablar del pasado, como esos compañeros del instituto que 30 años después aún te vienen recordando cosas de entonces”, dijo Armstrong, de 41 años, recientemente en una revista de triatlón, deporte que practica a gran nivel aún; “yo me despierto todos los días con la conciencia limpia”.

“Pero no es eso, no es eso, no es eso. No es una cuestión moral, sino corrupción”, dice el abogado australiano Martin Hardie, investigador social del fenómeno del dopaje; “al no luchar contra las acusaciones, Armstrong protege a mucha gente y evita que se vea la ropa sucia. La corrupción es inherente al fenómeno deportivo, al sistema actual, basado en un sueño podrido, y lo mejor de la lucha contra el dopaje es que permite descubrir la corrupción”.

En la católica España ningún ciclista ha escrito un libro ni, salvo Jesús Manzano, ha confesado ni ha denunciado la corrupción o al sistema. La semana del 11 al 15 de febrero de 2013, más de 10 de ellos, ciclistas y exciclistas, declararán como testigos en el juicio de la Operación Puerto. Podrán, si quieren, convertir el juicio a varios médicos y directores ambiciosos en un juicio al sistema, en una oportunidad de descargar su conciencia y contribuir a un futuro diferente. O así lo puede ver un optimista que cree que el pasado no es solo cosa de arqueólogos o de amigos nostálgicos que se niegan a crecer. ¿Lo creerán ellos?

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