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Erhard Wunderlich, un revolucionario del balonmano

Firmó con el Barcelona por cuatro temporadas, pero solo permaneció un año porque no se habituó a vivir fuera de su país

Erhard Wunderlich.
Erhard Wunderlich. Diario As

El gigante Erhard Wunderlich, una de las figuras más admiradas del balonmano mundial, falleció el pasado jueves 4 de octubre en Colonia a los 55 años a causa de un cáncer. El lateral alemán brilló especialmente en la década de los ochenta en su país y fue también pieza decisiva en el estreno internacional del Barcelona, ganador de su primera Recopa en la temporada 1983-1984, además de la Copa del Rey. Igualmente poderoso fue su protagonismo con la selección de Alemania: ganó un Mundial (1978) y un Europeo (1983) y marcó 503 goles en 140 partidos.

Wunderlich inició su carrera en el Augsburgo alemán (ciudad donde nació en 1956), a los 20 años, para posteriormente fichar por el Gummersbach, club en el que ganó una Copa de Europa. En 1983 firmó por el Barcelona por cuatro temporadas, pero solo defendió la camiseta azulgrana durante un año porque no se habituó a vivir fuera de su país. En el club barcelonista hizo un tándem fabuloso por el flanco izquierdo con su también amigo Joan Sagalés. “Erhard era un jugador extraordinario, el mejor del mundo, y mejoraba a los demás”. “Si yo marcaba 20 goles en una temporada, él me hizo anotar el triple. Tenía un excelente ataque y nadie lo podía parar", reflexionaba, abatido, Sagalés. "El jugador alemán era una de las mejores personas que he conocido", añadió el extremo del Barça. "Siempre llegaba de buen humor. Nos hicimos muy amigos porque yo era de los pocos que sabían inglés, y eso nos unió mucho. En su país era una estrella, como el Maradona alemán, y cuando ibas con él por la calle todo el mundo se paraba a saludarlo. Estuve a punto de irme con él cuando dejó el Barcelona y se fue al Milbertshofen alemán". "Para el Barcelona fue un gran revolucionario”, contó Sagalés. “A partir de su llegada, el Barça ha seguido un camino de éxitos”.

Una época gloriosa que vivió en primera persona el actual seleccionador español Valero Rivera, quien sustituyó a mitad de temporada a Sergi Petit. “Yo lo tuve durante unos meses antes de que se fuera, y lo recuerdo como uno de los mejores delanteros de la historia. Era un lateral izquierdo que marcaba más goles que cualquier otro atacante. Tenía una excelente calidad de lanzamiento, a la que se unía un buen pase y una visión de juego única. Era inmejorable”. Sus más de dos metros de altura eran una pesadilla para las defensas rivales. Rivera recuerda que "cuando saltaba y cargaba el brazo para tirar no había quien lo parara. Entrenaba mucho y cada mañana hacía trabajo específico con Paco Seirul·lo".

“Fue el primer jugador que controlamos que sus lanzamientos superaban los 100 kilómetros por hora”, recordó Seirul·lo. "Y además era muy preciso". El jugador, que medía 2,05 metros, jugó siete años más hasta dejar el balonmano en 1991, después de ganar una medalla de plata en los Juegos de Los Ángeles (1984), donde anotaría 22 goles en seis partidos. "La última vez que nos vimos fue en el Mundial de Alemania de 2007", recuerda Rivera. "Acababa de escribir un libro, lo recuerdo perfectamente".

Wunderlich llevó su enfermedad de forma reservada. Quienes lo vieron jugar lo recordarán como un jugador único y letal que dio muchos momentos inolvidables para el mundo del balonmano.

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