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Los ‘garotos’ hermanados

Rodrigo, delantero del Benfica, manda un mensaje de ánimo al lesionado Thiago, mucho más que un simple amigo de la infancia

Rafinha, Thiago y Rodrigo, en 2005, en Barcelona.
Rafinha, Thiago y Rodrigo, en 2005, en Barcelona.

La herencia genética, ese hilo transmisor que inocula habilidades y quizás hasta configure rasgos de conducta, hizo su parte. La calidad, el tesón para progresar y un entorno equilibrado se encargaron del resto. También la inteligencia emocional y la pizca de fortuna necesarias para conducir una carrera. Iomar do Nascimento “Mazinho” y Adalberto Machado son hoy dos exfutbolistas orgullosos de sus vástagos. Thiago Alcántara (San Pietro Vernotico, Brindisi; 1991), el hijo de Mazinho, sigue creciendo en su papel de comodín del centro del campo en el Barcelona de Tito Vilanova. Rodrigo Machado (Río de Janeiro, 1991), primogénito de Adalberto, es la principal referencia ofensiva del Benfica.

Rodrigo, Thiago, y su hermano Rafinha, que milita en el Barcelona B, crecieron juntos bajo el manto protector de sus padres, que también se conocieron muy jóvenes enfrentándose en los reputados campos cariocas: Adalberto, un elegante lateral del fantástico Flamengo de los años 80 cuya carrera se truncó por las lesiones. Mazinho, un volante defensivo que despuntó en esa época en el Vasco da Gama antes de dar el salto al fútbol europeo y de proclamarse campeón del mundo con Brasil.

Rodrigo, en un entrenamiento con el Benfica. ampliar foto
Rodrigo, en un entrenamiento con el Benfica. AFP

Adalberto recuerda de su hijo que con seis o siete años “era capaz de hacer cosas impropias de su edad a nivel de coordinación y técnica. Era una esponja que aprendía todo. Siempre quiso ser futbolista”. Rodrigo y Thiago compartían colegio y muchas horas de juegos en Río. Y también un mismo balón: formaban parte de la risueña legión de críos alistada en la categoría prebenjamín del Flamengo y jugaban también en el equipo de fútbol sala de la escuela. “Siempre estaban juntos”, cuenta Adalberto. “En un torneo escolar el director de otro colegio se quejó. Decía que era imposible que dos niños que jugaban a ese nivel, con tanta calidad, fueran juntos al mismo colegio y a la misma clase. Nos acusaban de hacer trampa y tuvimos que presentar los papeles pertinentes para demostrar que era cierto”.

En Río, Rodrigo y Thiago compartían colegio y balón: jugaban en la categoría prebenjamín del Flamengo

Los niños crecieron, sus padres colgaron las botas, pero la relación entre ambas familias continuó, incluso al otro lado del Atlántico. Mazinho creó una escuela de fútbol en Vigo (jugó tres temporadas en el Celta) y se llevó a Adalberto como director. “La escuela duró solo tres años. No cuajó, quizás porque en España, en esa época, la gente estaba más pendiente del entretenimiento que de la formación”, recuerda Adalberto. Su hijo y Thiago jugaron dos temporadas de nuevo juntos en los infantiles del Ureca, un club de Nigrán, en la comarca de Vigo, y Thiago se quedaba en casa de Rodrigo cuando Mazinho viajaba a Brasil para atender sus negocios. Hasta que en 2005 el Barcelona reclutó al mayor de los Alcántara para el equipo cadete y la familia se trasladó a la Ciudad Condal.

Rodrigo se quedó en Vigo, y tras continuar su formación en la cantera del Celta (en la que trabajó como ojeador su padre), fichó por el Real Madrid en 2009. Su evolución y aprovechamiento, muy celebrados por los técnicos de la categorías inferiores de la selección española, chocaron frontalmente con la política imperante en el club de Chamartín y Rodrigo acabó traspasado al Benfica por seis millones de euros con opción de recompra.

Rodrigo fichó por el Madrid en 2009 y acabó traspasado al Benfica por seis millones con opción de recompra

El club luso lo cedió al Bolton para el curso 2010/2011, y su técnico en los Wanderers, Owen Coyle, lo recuerda hoy como un lujo en un equipo modesto: “Y todavía tiene mucho margen de mejora porque es muy inteligente. Adora el fútbol. Siente la necesidad de ser lo mejor posible y todo obstáculo que se presente en su camino es para él un mero incidente que superar”. En el Bolton, jugó en todas las posiciones del frente de ataque, lo que ahora aprovecha también en el Benfica: se acopla a la posición de nueve clásico, pero sabe jugar por los costados, desbordar, asociarse, tirar paredes y por supuesto, olfatear el espacio en el área y hacer goles. Y todo con un nivel técnico notable. Su padre opina que “esa versatilidad es su gran virtud. Pero en algún momento tendrá que definir más su posición, supongo que como delantero centro”. El pasado verano Rodrigo renovó con el Benfica hasta 2019, obteniendo una sustanciosa mejora de contrato que además finiquitaba la opción de recompra que el Real Madrid tenía sobre el jugador. “El Benfica es el club ideal para él”, dijo Mourinho. Adalberto, que además es el representante de su hijo, sabe que la vida no termina cuando se sale de un club grande. “Lo importante es que ha cumplido su ilusión de ser jugador”.

El director de otro colegio se quejó en un torneo. Decía que era imposible que dos niños con tanta calidad fueran a la misma clase

Adalberto, padre de Rodrigo

A más de 1.200 km de Lisboa, a las afueras de Barcelona, la familia Alcántara recibía hace pocas semanas a un equipo de la televisión brasileña Globo. Una periodista les muestra imágenes históricas a Mazinho y a sus hijos. Thiago y Rafinha se retuercen de risa en el sofá cuando constatan la evidente torpeza de su padre al ejecutar algo remotamente parecido a una voltereta. Año 1988. Está celebrando un golazo suyo con el Vasco da Gama sobre el césped de Maracaná ante el Botafogo. El excentrocampista de la selección brasileña confiesa que para él era un sueño ver a sus hijos con la camiseta de la canarinha. Thiago ya ha debutado con la española, pero le queda la opción de Rafinha. El jugador del filial azulgrana se ha decidido por representar a su país de origen. Así se lo hizo saber oficialmente y en persona el pasado mes de abril a Ney Franco, por entonces coordinador de las categorías de base de la CBF. Mazinho recuerda cuando Thiago tenía 16 años y Rafinha 14. “Llamé personalmente a la CBF pidiendo información y advirtiéndoles de que en España había tres “garotos” que podían ser muy útiles para las selecciones de base de Brasil: Rodrigo, Thiago y Rafinha. ¡Me dijeron que su política era no contar con los jugadores formados fuera de Brasil! Una lástima, y no por mis hijos, sino por la calidad que ya tenían los tres”.

“Hemos compartido muchas cosas”, confirma Adalberto. “Los Alcántara y los Machado nos tratamos como una familia”. Una familia tan unida por el amor al fútbol que asume como propias las desgracias de cualquiera de sus miembros. Rodrigo confesaba el domingo su pesar por la lesión de ligamentos que Thiago sufrió en el Sanchez Pizjuan, que evitará el reencuentro de ambos en el estadio de la Luz. “Estoy muy triste por él, porque no está teniendo fortuna con las lesiones”, dice el delantero. “Es un momento difícil para Thiago, pero va a recuperarse pronto con la ayuda de todos los que le queremos. Le conozco muy bien. Es uno más de mi familia. Como si fuera mi hermano. Le he dado todo el ánimo del mundo y sé que volverá más fuerte”.

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