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El Dream Team y Song dan vida al Gamper

El Barça celebra su torneo entre el homenaje al equipo de 1992 y la llegada del camerunés

Vilanova habla con los futbolistas detrás. Ampliar foto
Vilanova habla con los futbolistas detrás. DIARIO AS

No es fácil dar sentido a los trofeos veraniegos. La hinchada ya tiene muy visto a su equipo, las televisiones han repetido decenas de imágenes de los nuevos fichajes y la caja depende del turismo. También el Gamper, ideado por Enric Llaudet en 1966, ha tenido que reinventarse para cumplir la función social que se le supone, y que no es otra que la de presentar formalmente a la plantilla profesional del Barcelona.

El cartel de la esta edición era especialmente resultón por la presencia de Alex Song, el último fichaje azulgrana, que formó ya como un miembro más del equipo, y por el homenaje al plantel que hace 20 años conquistó la primera Copa de Europa para el club barcelonista en Wembley 92. A la postal, sin embargo, le faltó vida porque Song no jugó ni un minuto contra el Sampdoria, y al estadio no acudieron ni Johan Cruyff ni Pep Guardiola.

Victoria del Sampdoria

Un gol de Soriano nada más empezar el partido (m.1) le alcanzó al Sampdoria para adjudicarse el Trofeo Joan Gamper. Jugó el Barça con los futbolistas del filial, reforzados por Villa y Afellay, y apenas creó ocasiones ante Romero. Los italianos, muy selectivos en las contras, apenas fueron exigidos por los muchachos de Vilanova en una noche especialmente calurosa, tanto que los titulares presenciaron el encuentro desde el vestuario del Camp Nou. A la hinchada azulgrana (55.498 espectadores) no le quedó más remedio que conformarse con el descaro de Deulofeu y la personalidad de Sergi Roberto. Los barcelonistas formaron con: Pinto (Oier, m.68); Montoya, Bartra, Fontàs (Sergi Gómez, m.55), Planas (Grimaldo, m.83); Sergi Roberto (Patric, m.68), Dos Santos (Ilie, m, 83), Espinosa (Lobato, m,77); Deulofeu, Afellay (Dongou, m.83) y Villa (Roman, 68).

Cruyff, ideólogo futbolístico del Barça, devolvió la insignia de presidente de honor cuando Sandro Rosell accedió a la presidencia, y Guardiola, 14 títulos sobre 19 en cuatro años, está en Nueva York. El domingo fue al soccer, a ver el partido de los Red Bulls contra los Timbers de Portland y cuando la cadena Beinsport le preguntó por el Barça y el Madrid respondió: “Hay que esperar 10 partidos como mínimo para sacar conclusiones”.

Aunque Rosell se acordó de Guardiola por la mañana, durante el XXXIII Congreso Mundial de Peñas —“Ha sido un lujo tenerle con nosotros y gozaremos siempre de su legado”— el dream team estuvo muy bien representado por figuras como Zubizarreta, director deportivo azulgrana; Stoichkov; Amor; Nadal; Eusebio; Bakero; Goikoetxea; Ferrer; Toni Bruins; Carles Rexach, y Ronald Koeman, el goleador de Wembley.

La era dorada del Barça empezó en Londres, después de ganar al Sampdoria por 1-0 en la final de la Copa de Europa de 1992, y desde entonces el estilo futbolístico azulgrana es inconfundible, con Cruyff, con Van Gaal, con Rexach, con Rijkaard, con Guardiola y ahora con Vilanova. La marca permanece por encima del más acusado de los personalismos, incluso de un futbolista tan excelso y único como Messi.

El Gamper es una noche para los jóvenes del filial y para los candidatos al traspaso o la cesión

Ninguno de los titulares, ni por supuesto La Pulga, se alineó. Jugaron los jóvenes del filial, alguno de los profesionales que están en el escaparate para ser cedidos o traspasados (Dos Santos, Afellay, Fontàs) y, naturalmente, Villa, que necesita minutos para alcanzar el punto óptimo de forma. La hinchada está encantada con el Guaje y también con Song, fichado por cinco temporadas por unos 19 millones de euros y que lucirá el dorsal 25.

“Os sorprenderá futbolísticamente porque no solo es un buen recuperador, sino también un buen jugador”, ha dicho Vilanova del camerunés. “Veo al equipo con muchas ganas y al entrenador, muy seguro de sí mismo; su ilusión se refleja en la mirada”, afirmó el presidente ante las peñas (1.488 en total), las auténticas protagonistas de la fiesta mayor del Barcelona.

Tito Vilanova saluda al público antes del partido. ampliar foto
Tito Vilanova saluda al público antes del partido. AFP

Vilanova estuvo especialmente lúcido anoche en su intervención ante la afición azulgrana. El técnico recordó el papel de Guardiola y Keita; dio las gracias por la confianza a la directiva y la dirección deportiva; animó a Abidal —“tu lucha es nuestra fuerza, te esperaremos el tiempo que haga falta”—, y aseguró que su equipo “trabajará para que la gente esté contenta con el mejor conjunto del mundo”. Al técnico se le nota sereno, seguro, convincente.

La hinchada estuvo generosa con Abidal, vestido de corto después de mucho tiempo, en proceso de recuperación de la intervención de un tumor en el hígado, y aplaudió a rabiar a Villa y Messi, que salió el último, piano piano, como si no supiera caminar sin la pelota. Song, en cambio, fue el segundo, por detrás de Alba. El protocolario desfile de la presentación lo cerraron los capitanes (Iniesta, Valdés, Xavi y Puyol).

Hay que esperar 10 partidos como mínimo para sacar conclusiones [sobre el Madrid y el Barça]

Pep Guardiola

“El equipo quiere seguir haciendo historia”, afirmó Puyol. “Esperamos volver a encontrarnos aquí a final de temporada porque querrá decir que celebraremos algún título”. Los discursos fueron comedidos, nada de grandilocuencias, como si los futbolistas fueran conscientes de que se tienen que volver a ganar la fama. Los más dicharacheros fueron seguramente los “héroes de Wembley”, tal como fueron anunciados por megafonía.

Todavía resuena la jugada del gol de Koeman relatada por Puyal, anoche de nuevo repetida por el videomarcador del estadio, y a la gent blaugrana se le pone cada vez la piel de gallina. A veces, para dar la bienvenida al futuro, representado por Song, conviene recordar el pasado, personalizado por los futbolistas del dream team. El presente era un partido contra el Sampdoria que quedaba a mitad de camino de la goleada del domingo contra la Real (5-1) y la ida de la Supercopa del jueves ante el Madrid.

El Gamper, al menos, quedó de nuevo a salvo, para suerte de quienes creen que debe celebrarse de por vida, ni que sea para honrar la memoria del fundador del Barcelona.

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