Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El maestro y la virtuosa

En el corazón del piragüismo bravo español está desde hace una década Xabier Etxaniz, entrenador de Chourraut, que dedicó su medalla al resto del equipo

Chourraut y Etxaniz, que se lanzó al agua para festejar el bronce. Ampliar foto
Chourraut y Etxaniz, que se lanzó al agua para festejar el bronce. AS

Xabier Etxaniz, que se emociona y pide permiso para dar la espalda a los periodistas y dejar que su mirada se llene de la alegría de Maialen Chourraut que llena la pantalla gigante del canal dando saltos de gozo sobre el podio, dice que la piragüista es una “virtuosa”. “Una dulce virtuosa de la vida y de todo”, precisa. Y cuando le preguntan a Chourraut, “dura y sensible”, y también alegre y combativa, que a quién dedica su medalla, responde rápido, sin necesidad de pensarlo, porque ya lo llevaba dentro de ella, que al “colectivo”. “Se la dedico a todo el equipo”, proclama. Se la dedica a Etxaniz, por supuesto, el técnico que desde 2001 ha dado continuidad al trabajo de la federación española a una especialidad, el piragüismo de aguas bravas, que no cuenta con más de 300 o 400 palistas federados. “Seremos 100 veces menos que en Francia, por ejemplo”, dice Etxaniz, el maestro. Pese a ello, en los Juegos, sus tres competidores, Chourraut, el canoista Elosegi y Hernanz, han terminado tercera, cuarto y quinto.

No hacen más que decirme que hemos sido un boom en televisión. Eso se tendrá que notar”

Xabier Etxaniz

“La pena de ver que solo era bronce se transformó enseguida en alegría al recordar que era la primera medalla olímpica que conseguía el piragüismo bravo español en su historia”, dice Etxaniz, quien antes de comenzar la final estaba tan seguro de su palista que había anunciado que la mejor era Maialen, que si lo hacía bien nadie la podría superar, que su única rival era ella misma. “La medalla es un sueño hecho realidad. Cuando se cree en algo, y se trabaja, todo se puede conseguir”. La progresión como palista de Maialen Chourraut, que aprendió el asunto saltando olas en La Concha en un cursillo de verano cuando tenía 15 años (hace ya 14), ha crecido paralela a la de Etxaniz, de 40 años, como técnico. “Y su medalla nos ayuda a seguir creciendo”, dice el entrenador, quien aparte de poder ser considerado el “padre deportivo” de la piragüista de Lasarte, es también su pareja, con quien comparte vida a medias entre Lasarte, al lado de San Sebastián, y La Seu d'Urgell, en Lleida, donde se sitúa el canal olímpico español. “Una vida apacible dedicada al 100% al piragüismo, pues este es un deporte que se vive las 24 horas, no se puede decir que se entrenan tantas o cuantas, se es todo el día piragüista”.

“He sido su entrenador desde que era infantil, desde cuando solo teníamos una piragua para todos y la usábamos por turnos”, recuerda Etxaniz, uno que empezó paleando descensos de ríos y quien tras ser olímpico en Barcelona 92 y Atlanta 96 empezó a hacer cursillos de entrenador. “Hasta llegar aquí ha pasado por momentos muy duros que la han hecho más fuerte, como cuando en 2005 se le salió un hombro y hubo que operarla, y luego operarla del otro en 2006, porque amenazaba también con salirse. Entonces sus padres dudaban, ¿qué hacer?, y yo conseguí que siguieran apoyándola diciéndoles que era un diamante en bruto, que no podíamos parar”.

Etxaniz no cree que con la crisis actual, la medalla signifique más dinero para sus proyectos, pero sí que aumentará la afición y los practicantes. “No hacen más que decirme que hemos sido un boom en televisión”, dice. “Eso se tendrá que notar”.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.