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Ansia de venganza en Atenas

El tradicional odio a Alemania, rival en cuartos, reinó entre los festejos en Grecia

Aficionados griegos celebran la clasificación de su selección, frente al Parlamento, en Atenas.
Aficionados griegos celebran la clasificación de su selección, frente al Parlamento, en Atenas. AFP

Un estruendo se alzó en Monastiraki, la principal zona de bares y restaurantes de Atenas, en cuanto terminó el partido contra Rusia. Se escuchaban muchas voces y risas, pero el ruido dominante era el de las palmadas sobre las mesas, los golpes de los cubiertos sobre el tambor de los platos, el choque de vasos y un largo, larguísimo, aplauso. Grecia llegó al partido decisivo como colista del grupo y logró clasificarse para los cuartos de final de la Eurocopa. Eso fue una pequeña heroicidad. Además, sus rivales serán los alemanes. Y eso, para un país que odia a los alemanes tanto como durante la ocupación nazi, resulta extraordinariamente goloso. Casi embriagador.

La eliminatoria Alemania-Grecia puede dividir el corazón de los más supersticiosos. Es posible que el lector español conozca ya uno de los chistes que más circulan estos días por Atenas: “En 2004, Grecia ganó la Eurocopa, su economía entró en crisis y, al poco tiempo, se hundió. En 2008, España ganó la Eurocopa, su economía entró en crisis y, al poco tiempo, se hundió. ¡Dios mío, ay, que en 2012 gane Alemania!”.

Las frases dedicadas a Angela Merkel son en la plaza Omonia son irreproducibles

El viernes por la noche no dominaba la superstición, sino el ansia de venganza. Miles de personas confluyeron en la plaza Omonia, el lugar donde tradicionalmente se celebran los éxitos futbolísticos, para bramar contra los rivales.

Las frases dirigidas a Angela Merkel —cuya presencia es esperada para ese duelo del próximo viernes en Gdansk— que se coreaban en la plaza no son reproducibles. Resultaban, en cualquier caso, muy reveladoras sobre el estado en que la crisis financiera ha dejado a Europa: afloran de nuevo los viejos odios y los viejos fantasmas. La animosidad de los griegos contra los alemanes, a quienes ven como un pueblo arrogante que impone la miseria a un pequeño país simplemente para escarmentar a otros, no tiene límites.

Los griegos ven a los alemanes como un pueblo arrogante que impone la miseria

Fue una lástima que el único gran momento de alegría colectiva de que ha disfrutado Grecia en los últimos años, tan desesperanzados como difíciles, se mezclara con la rabia.

Durante las celebraciones, bajo un mar de banderas blancas y celestes, se exhibía una férrea convicción en la futura victoria sobre Alemania. Cuando llegue el momento, sin embargo, las cosas no serán nada fáciles. Más bien serán muy difíciles. Y si algo no le hace falta a Grecia es una nueva humillación a manos, o pies, de los alemanes.

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