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TENIS

Nunca es tarde para Federer

El suizo logra (7-5 y 6-4) ante Murray y en Dubái su primer título al aire libre en más de un año

Federer se dispone a golpear de revés
Federer se dispone a golpear de revés AFP

Abran paso, que el rey vuelve a recordar el camino: al ganar 7-5 y 6-4 al británico Andy Murray en la final de Dubái, el suizo Roger Federer no solo logró su segundo título de 2012, sino que también cerró una dura racha de más de un año sin conquistar un trofeo al aire libre. El número tres mundial, que arrolló a todo el que se le puso por delante durante el último tramo de 2011, cuando se disputó la gira de torneos bajo techo y se coronó brillantemente en la Copa de Maestros, llevaba desde enero del año pasado (Doha) sin celebrar un torneo que no llegara bajo la amable protección de una techumbre. Enfrentado en Dubái a los soplidos racheados del viento, el ganador de 16 grandes impuso los chispazos de su talento al metrónomo del sólido juego de Murray, que venía de eliminar al serbio Novak Djokovic en semifinales.

"No hay sustituto para la confianza", manifestó el campeón. "Estoy defendiendo mucho mejor que a mitad de temporada el año pasado, cuando sentí que ya no podía salir de posiciones defensivas complicadas", continuó. "Le he dado la vuelta a esa situación, y ahora solo tengo que mantener esto. Creo que ante Andy he encontrado el equilibrio adecuado".

El tiempo es un juez implacable. A los 30 años, Federer ya no tiene las piernas de un veinteañero, y renuncia con frecuencia a alguna carrera, ahorrándose esfuerzos sin sonrojarse ante todas las fotografías que le muestran fuera de sitio. Ahora más que nunca, el genio ataca sus duelos desde el tacto y la técnica. Construye desde el saque, que en Dubái le permitió descontar tres partidos sin ver un deuce, 40 juegos seguidos sin enfrentarse a una bola de break y todo el torneo con el único borrón de la rotura concedida al número cuatro en la final. Luego, Federer remata desde el talento. A Murray, por ejemplo, le sometió con un puñado de restos de revés cortado, bolitas maliciosas a media pista que pillaron al británico despistado, tan imposible como parecía que Federer optara por tan arriesgada propuesta en los puntos decisivos. El exnúmero uno se procuró nueve bolas de break y jamás le ofreció a su rival el ritmo que este necesita.

Hace tiempo que el suizo ata su destino al riesgo, que la improvisación fiada a su talento sustituye a ratos a un patrón de juego reconocible. Con Indian Wells a la vuelta de la esquina, los resultados del número tres mundial le sitúan frente a un escenario indefinido. Federer ha conquistado Rotterdam y Dubái, dos títulos que deben saberle a poco a un tenista con su increíble currículo, sobre todo si se comparan con las decepciones sufridas en los dos primeros grandes objetivos del curso, el Abierto de Australia (derrota en semifinales) y la Copa Davis (eliminación en primera ronda).

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