FÚTBOL | LIGA EUROPA

Una siesta reparadora

El Atlético duerme el duelo y le alcanza con un remate de Godín para batir al Lazio (1-0).- El Besiktas será el rival de los rojiblancos

Godín (derecha) celebra con Juanfran su gol ante el Lazio.
Godín (derecha) celebra con Juanfran su gol ante el Lazio.JUAN MEDINA (REUTERS)

No era un partido para la heroica ni la hombrada, axioma que discute con el manual de Simeone, que entiende el fútbol como un trabajo de desgaste y de intensidad, siempre al límite. Tampoco era un duelo para los ingeniosos del Atlético, reservados en el banquillo. Ni era un encuentro que pareciera venirle en gana al Lazio, abrumado por el resultado de la ida (1-3 en el Olímpico) y que se dio por vencido antes de disputarlo, incapaz incluso de probar los reflejos y las manoplas de Courtois. Demasiada holgazanería, en cualquier caso, para Salvio, una guindilla que reclamó continuidad en el equipo, y para Godín, que remata todas las jugadas a balón parado que deja vivas Falcao. Frente al Lazio cazó una y acertó. Un gol que valió el triunfo y que selló el pase del Atlético a los octavos de la Liga Europa, donde ya aguarda el Besiktas, turco.

ATLÉTICO, 1 – LAZIO, 0

Atlético de Madrid: Courtois; Perea, Miranda (Silvio, m. 70), Godín, Domínguez; Juanfran (Arda Turan, m. 58), Gabi, Assuncao, Koke; Salvio y Adrián (Falcao, m. 61).

Lazio: Bizzarri; Zauri, Diakité, André Dias, Lulic (Rozzi, m.77); Ledesma (Zampa, m. 80), Matuzalem; Mauri, Hernanes, Candreva (Alvaro González, m. 57); y Kozak.

Gol: 1-0, M. 48: Godín, de cabeza tras un saque de esquina.

Árbitro: Martin Atkinson (Inglaterra). Amonestó a Godín, por parte del Atlético de Madrid, y a los visitantes Diakité y Matuzalem.

Unos 30.000 espectadores en el estadio Vicente Calderón, con presencia de 3.000 seguidores del Lazio.

Deprimido por la dimisión de su técnico —aunque en stand by la resolución de la misma hasta hoy—, y porque la temporada pintaba rosa y se ha oscurecido de lo lindo, fuera de la zona Champions y casi apeado de la Liga Europa ya en el encuentro del Olímpico, el Lazio resultó un equipo sin salud ni voluntad, rebajada además por el propio entrenador, que decidió alinear al portero suplente, Bizzarri, y reservar a González y Biava. El Lazio no estaba para disputas y así lo comunicó en el Calderón, cómodo en su guarida, con poca intención de atacar, con escaso fútbol. No le hizo ascos el Atlético a la bandera blanca, conforme con no agitar el duelo y con los artistas en la rebotica.

Comprendió Simeone que era la ocasión de oxigenar las piernas, toda vez que ha exigido al mismo grupo de jugadores desde que cogiera al equipo —hace nueve encuentros— que pusiera en práctica su apuesta de no dar un balón por perdido, de identificar al conjunto con la idea y los colores que un día defendió. Rotó El Cholo, también, porque acumular minutos ahora que juegan cada tres días, da tanta confianza como castiga los músculos, como ya sabe Diego. El problema ante el Lazio, sin embargo, fue que la rotación no fue comedida, fuera de una tacada la espina dorsal del equipo, con ausencias en cada línea: Filipe en la zaga, Tiago y Arda en la medular; y Falcao en el frente. Resultado: el Atlético se quedó sin el toque porque sin Diego ni Arda no hay otro con un pie superdotado para filtrar asistencias interiores, y careció de remate porque Falcao atrapa todos los balones al vuelo. Así, no había chispa, anulado Adrián porque delantero centro no es, fatigoso sin espacios ni campo por delante. Por lo que el picante quedó para el inquieto Salvio y para el oportunista Godín.

La notoriedad de Salvio, en cualquier caso, vino dada porque tanto Ledesma como Matuzalem se hicieron los remolones para recuperar el sitio, porque permitieron que rompiera desde la segunda línea, siempre en velocidad. No le echaron el lazo y el Atlético le hizo santo y seña, referencia en el ataque. Incluso punto y final: en un disparo solo Bizzarri le pudo dar la réplica; y en otro, fue el poste que, caprichoso, decidió escupir el balón hacia fuera. Quedaba el oportunismo de Godín que, por si las moscas, resolvió cualquier posibilidad de entuerto. Lo hizo en un saque de esquina, anticipándose en el primer palo a la zaga en el remate, cruzando el esférico hasta que descansó en la red. La diana, tan festejada porque resultaba definitiva, castigó la indolencia rival y prolongó el éxtasis atlético, invicto desde la llegada de Simeone.

No dio ni quiso dar respuesta el Lazio al varapalo, por más que Hernanes pretendiera el pase imposible, incomprendido en un equipo donde entrega balones y le devuelven melones. Faltaba Klose y no había ganchos en el área adversa, faltaba intención. Y el Atlético, en un traje que desconocía, el de anestesiar los partidos, encontró en Gabi a un jugador que tácticamente no tiene precio, inexacto en conectar pases que descuenten líneas, pero estupendo para el juego horizontal y para tapar huecos. Y sedado tanto el Lazio como el duelo, al Atlético le alcanzó con un gol y con otro triunfo para seguir en Europa y tratar de reverdecer el laurel que conquistó hace dos años.

Tensión y disturbios en el Calderón

J. Q. | Madrid

Una parte de la hinchada del Lazio, afín con los ultras del Madrid, alborotó de mala manera en los aledaños del Calderón. Más que cómplice, en cualquier caso, resultó otro sector de la afición del Atlético, que no pasó una, dispuesto a la pelea y a lo que hiciera falta.

Dos horas antes de que empezara el partido, unos cuantos laziales encendieron bengalas y quemaron árboles. También entraron a la refriega con los radicales del Atlético, todos sofocados por las rápidas cargas policiales. "No ha pasado nada, un poco de lío, pero sin más", explicó uno de los policías. Pudo ser peor, sobre todo porque eran cerca de 2.500 hinchas infatigables del Lazio en el estadio, y otros muchos que se quedaron fuera. Pero acordonados tanto a la entrada del estadio como a la salida, la provocación por ambas partes no pasó de eso.

Los hinchas italianos, alguno con la camiseta del Madrid, insultaron desde el principio a los rojiblancos, algunos con la elástica del Roma, que bien se pudieron quedar afónicos en los improperios. El duelo, sin embargo, poco atractivo porque ya estaba casi resuelta la eliminatoria, no aceleró los pulsos. Y, de paso, todos coincidieron en un punto, en un cántico: “Ole, ole, ole, Cholo Simeone”. Un técnico más que satisfecho con el resultado final: “El equipo respondió al completo, con jugadores que vienen jugando menos, eso es lo importante”.

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