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La cruz de Messi

La Pulga ha fallado el 26% de los penaltis que ha lanzado con el Barça, la mayoría al lado izquierdo.- Cristiano solo ha errado uno de 24 con el Madrid

Vertiginoso con la pelota en movimiento, un búfalo desbocado cuando divisa metros por delante, a Leo Messi se le estrecha la portería en el instante que coge el cuero y lo deposita en el punto de penalti. Desde que Ronaldinho hiciera las maletas rumbo a Milan, hace cuatro cursos, la autoridad de La Pulga para ejecutar los lanzamientos de 11 metros ha sido indiscutible. Tan solo Eto'o vulneró la jerarquía del argentino, pero sus fallos le hicieron retirarse a un lado. Apeado el camerunés desde hace tres años, la soberanía de Messi es incuestionable. Sin embargo, sus cifras desde los 11 metros no se corresponden con el mando que tiene sobre la esfera. De las 27 penas máximas que ha disparado el delantero desde que accediera al primer equipo del Barça, en 2005, solo ha transformado 20. Es decir, La Pulga ha errado siete, un 26%.

La última, anoche, frente al Valencia. Messi chutó seco, a media altura, pero los puños de Diego Alves repelieron el balón. La grada jaleó la parada mientras el rosarino agachaba la cabeza. Era el segundo penalti que fallaba esta temporada. "No marca mucho dónde va a disparar, por eso hay que aguantar al máximo y procurar engañarlo. En Almería ya tuve una oportunidad, pero me lo marcó. Hoy he tenido la suerte de pararlo", confesaba Alves. No es el único que ha conseguido frenar al artillero esta campaña. También se topó con el sevillista Varas en octubre.

No atraviesa por su mejor momento La Pulga, que en los últimos envites ha perdido chispa y desborde. "Son cosas que pasan", le ha defendido hoy su compañero Thiago; "es un ganador nato y tuvo la valentía de tirar el penalti". De los seis lanzamientos que ha efectuado esta campaña, el argentino ha fallado dos. Uno en la Liga y otro en la Copa. En el campeonato doméstico, ha transformado cuatro de cinco, un 80%. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, suma nueve de nueve; Falcao, cinco de cinco; y Hemed, del Mallorca, cinco de cinco también. Ellos son los pateadores más eficientes. Desde que llegó al Bernabéu, Cristiano ha tirado 24 penaltis. Ha marcado 23. Solo falló ante Diego Alves.

Más entonado estuvo Messi el curso pasado, en el que anotó las cuatro penas máximas de las que dispuso en el torneo doméstico y solo se le atragantó una en Europa, contra el Panathinaikos. En aquella ocasión, seleccionó el lado izquierdo del meta heleno. Un toque templado, un solo palmo por encima del césped. Un guion que se repite en cuatro de sus siete fallos. Le ocurrió ayer ante Alves, al igual que en la 2007/08 frente al guardameta del Benidorm. Rara vez escoge otro camino. Cuando ha optado por la vía derecha, como contra el Recreativo en la 2008/09 o el Villarreal, un año antes en la Copa, la suerte ha sido esquiva para él. También cuando hurgó en fórmulas más complicadas y buscó el ángulo ante el Betis hace un año. El esférico se perdió en el limbo.

Tozudo, insaciable y sin apenas fisuras en su juego, un compendio de virtudes asociadas a dos piernas martilleantes, como la cadencia de una locomotora, Messi parece griparse con el balón en estático y el camino despejado, sin rivales de por medio. "Soy muy crítico. Tengo muchísimos defectos, debo seguir creciendo", suele repetir el rosarino. Los penaltis son su cruz.

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