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Análisis:

La sensibilidad del Barça

"Desde su fundación, y por su carácter popular y contrastado arraigo social, el Barcelona siempre aspiró a ser una institución multidisciplinar y expansiva"

La candidatura de Rosell se planteó durante la campaña electoral recuperar el equipo de baloncesto femenino del FC Barcelona. Una vez elegido presidente, en cambio, su directiva ha acordado limitar la competitividad de las secciones no profesionales al ámbito catalán y disolver la de béisbol. Aunque se avienen a recortar los dos millones presupuestados de forma global, los delegados del béisbol, hockey sobre hierba, hockey sobre hielo, atletismo, voleibol, rugby, fútbol femenino, patinaje artístico y baloncesto en silla de ruedas han remitido una carta al consejo para que reconsidere una decisión difícil de entender porque afecta a 1.200 deportistas y va contra la carta de naturaleza de la entidad azulgrana.

Desde su fundación, y por su carácter popular y contrastado arraigo social, el Barcelona siempre aspiró a ser una institución multidisciplinar y expansiva, al punto que hoy no tiene ningún sentido que sus equipos dejen de competir en las distintas ligas españolas para participar en torneos locales, y más si se repara que en determinados deportes como el hockey hielo solo existe división española. Acaso, si se trata de discutir sobre el espíritu del Barcelona, convendría replantearse su papel como supuesto agresor deportivo de los demás clubes de Cataluña o preguntarse, por otra parte, por su interés en apartarse de la proximidad y abrazarse a la globalidad cuando hay causas como la de la USAP de Perpiñán.

La junta del Barcelona ha actuado al fin y al cabo como cualquier empresa amenazada por las deudas, necesitada de un plan de austeridad y dispuesta a defender la sostenibilidad, conceptos que funcionan igual de bien en cualquier discurso. Huelgan debates y, como analiza en su blog Álex Santos, se impone la política de hechos consumados. Alcanza con la declaración institucional de un portavoz. La diferencia es que el Barça ya no presume del eslogan més que un club, sino que ha pasado a comercializarlo. Así las cosas, el dinero ahorrado difícilmente compensará el dolor sufrido por la pérdida de identidad barcelonista. El riesgo es que, una vez llegado a la cima de la universalidad, lo prescindible sea la singularidad.

A cada éxito del equipo, la directiva ha respondido con un disgusto. Nada más ganar la Liga, se comunicó que la Supercopa sería de pago y ahora que todavía se recuerda la Champions, llega el chocolate del loro con las secciones. No se cuenta el programa económico, sino que se recuerda que el déficit obedece al despilfarro de Laporta, el traspaso forzado de Ibrahimovic y el desorbitado sueldo de jugadores y cuerpo técnico. Los tiros de la junta siempre van en la misma dirección de la misma manera que las dedicatorias de los técnicos remiten a Cruyff y también a Rexach.

La reaparición de Núñez al lado de Rosell ha aumentado la sensación de que se pretende recuperar la figura del expresidente como si se tratara de una "reparación histórica", tal que difícilmente habría existido el dream team sin la visión contable de Núñez, como si fuera tan importante tener una idea como poner el ladrillo para expresarla, más o menos lo que ha pasado con La Masia. Asegura Emilio Pérez de Rozas que a la actual directiva le preocupa que le consideren neonuñista, por su neocapitalismo, carácter populista e interés por las adhesiones. Ninguna tan delicada ni peligrosa como la de parcelar el gol norte para que 1.400 aficionados animen al equipo sin necesidad de ser socios. A pesar de que puede ser prematuro hacer consideraciones tan contundentes en una directiva en que alternan las personas con buenas intenciones con las que tienen malas ideas, su política es especialmente dura en comparación con la obra del equipo, que viaja en la dirección contraria, como si el uno no tuviera nada que ver con el otro. Al plantel de Guardiola le avalan gestos como el de Abidal en Wembley, abandera un juego suave y romántico, defiende unos valores irreprochables y practica una política especialmente pedagógica.

No es un asunto de incompatibilidades, ni puede que de maneras opuestas de tratar el fútbol, sino que sería simplemente una cuestión de sensibilidad: Unicef le deja el sitio a Catar. O, dicho de forma gráfica, la sensibilidad ha pasado del pecho al trasero.

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