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FINAL DE LA LIGA EUROPA | OPORTO 1 - BRAGA 0

Paseo triunfal del Oporto

Falcao le da al equipo de Villas-Boas la Liga Europa ante un débil Braga

En el paseo triunfal en el que ha convertido la temporada, el Oporto conquistó en Dublín la Liga Europa, según las previsiones, ante el débil Sporting de Braga. A la espera de completar el triplete ante el Vitoria de Guimarãens en la Copa lusa después de haber arrasado en la Liga. Ni siquiera necesitó su mejor versión el conjunto de Villas-Boas, sino un instante de inspiración de dos de sus colombianos, Guarín y Falcao, para conseguir su segunda Liga Europa tras la UEFA de 2002-03 con Mourinho en el banquillo.

Imposible evitar el paralelismo entre aquel Oporto de Mou con este de Villas-Boas. Dos equipos de autor, en el caso de este último, de 33 años, más partidario del buen trato al balón. Consagrados Hulk, Guarín y Falcao, este Oporto será un conjunto temible en la próxima Champions.

El pase de Guarín fue celestial. El cabezazo de Falcao, asombroso. Entre los dos colombianos cambiaron, al filo del descanso, una final anodina. El tallo largo del interior derecho Guarín engaña: es más rápido de lo que parece. Acelera y frena, recorta y otea el horizonte. ¿A dónde le conviene al cazagoles? Entre los dos centrales. Allí va el balón en una curva perfecta. Falcao se encarga de completar la obra maestra: el salto, el escorzo en el aire y la pelota a la escuadra. Su 17º gol en el torneo.

El tanto derrumbó todo el trabajo defensivo del Braga, lo único que había aportado a la final, una enorme tela de araña. El Oporto no fue el equipo eléctrico de otras tardes sino completamente anestesiado. A pesar de que Hulk trató de imponer su velocidad. No le dejaron. Cazado por una patada de Silvio, el lateral izquierdo, que le clavó los tacos en la pierna.

Mossoro abrió la segunda parte con la mejor ocasión para el Braga, la única: encaró a Helton y este desvió con el pie derecho. El Oporto controló sin brillo y, cuando lo necesitó, obtuvo la ayudita del árbitro, el español Velasco Carballo, que le perdonó la segunda tarjeta amarilla a Sapunaru en el minuto 70. El Oporto estaba convencido de su destino: el trono europeo después de haber reinado sin discusión en Portugal.