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Recital de Valerón

El Deportivo, guiado por el veterano medio canario, remonta un gol a un Athletic frío

Ganó el Deportivo y su victoria, agónica como pocas, rescata a un club, a una ciudad, en la que jugadores, técnicos, directivos y aficionados han vivido un calvario desde que el pasado fin de semana un cruel empate en Gijón y los resultados de los rivales directos les dejaron en puestos de descenso. Y apenas daña al Athletic, que prácticamente tiene asegurado su regreso a Europa. El partido deja, en cualquier caso, la constatación de que los grandes siempre deciden. Tras estar al borde de la retirada, con el tendón de un donante en su rodilla izquierda, tres veces operada, Valerón dio ayer un recital. Cuando más lo necesitaba su equipo, cuando compañeros que llegaron rodeados de fastos y sobre los que se especula con sustanciosos traspasos, no dieron pie con bola, Valerón, hilo que conduce al mejor Depor, mostró lo mejor de su inacabable repertorio.

DEPORTIVO, 2 - ATHLETIC, 1

Deportivo: Aranzubia; Laure, Colotto, Lopo, Manuel Pablo; Juan Rodríguez (Aythami, m. 77), Rubén Pérez, Guardado, Valerón; Riki (Juan Domínguez, m. 90) y Adrián (Lassad, m. 85). No utilizados: Seoane; Manu, Saúl y Xisco.

Athletic: Iraizoz; Iraola, Ekiza, Amorebieta y Castillo; David López, Gurpegui (Iturraspe, m. 58), Javi Martinez (Ibai Gómez, m. 75), Muniain; Toquero y Fernando Llorente. No utilizados: Raúl Fernandez; San José, De Marcos y Urko Vera.

Goles: 0-1. M. 2. Toquero. 1-1. M. 22. Adrián. 2-1. M. 71. Castillo, en propia puerta.

Árbitro:Mateu Lahoz. Amonestó a Juan Rodríguez, Guardado, Gurpegui y Amorebieta.

Unos 35.000 espectadores en Riazor.

Remontó el Deportivo para ponerse a tres puntos de la salvación, puede que a dos. Pero padeció. Los que más, sus futbolistas. Cobran un buen dinero, pero no dejan de ser unos chicos. ¿Cómo gestionar la ansiedad sobre un campo cuando hasta tu propio entrenador se hace depositario de las ilusiones de millones de personas? Tanto sentimiento, tanta responsabilidad, debería esfumarse al correr tras la pelota. Es un juego. Pero al Depor le pesa una historia que poco tiene que ver con su presente. Muchos de los aficionados que llenaron ayer Riazor no recuerdan a su equipo sino peleando en Primera, en Europa, entre los grandes. Toda esa gloria cayó como una losa encima de los jugadores de Lotina cuando Toquero se filtró entre los centrales para marcar. Habían pasado dos minutos desde que la previa, entre la fiesta y la congoja, había dejado espacio al fútbol. Y sobre el campo empezó mandando el Athletic.

Marcó Toquero su séptimo gol de la temporada y definió con acierto en una acción nada sencilla de resolver ante Aranzubia y al Deportivo le temblaron hasta las ideas. Quizá fue ese el momento del Athletic, que encontró el balón, pero no el punto de codicia para sentenciar. Y se encontró con un rival que creció. No era complicado: estaba bajo cero, derrotado y con pie y medio en Segunda. Fue entonces el momento de Valerón, dice Lendoiro que el mejor fichaje de la historia del club. Ahora que ha dejado atrás las lesiones y que Lotina ha encontrado un dibujo en el que integrarle, con dos delanteros en los flancos que asumen el trabajo defensivo, el genio grancanario ha asumido sin ambages la conducción del equipo. También sus compañeros tienen en él una fe reverencial. Valerón sacó del atolladero al Depor, tomó la pelota y giró sobre ella para encontrar siempre un espacio. Poco importó que esos giros fueran a cámara lenta. Es posible que fuera una ilusión visual porque Valerón siempre salió victorioso de ellos y mejoró tres de cada cuatro balones que le llegaron. Se topó con Riki, de cotidiano punzante e incisivo, ayer aturdido y trompicado. Tampoco Guardado, lastrado por su enésima molestia muscular, aportó lo que se le supone.

Le costó al Deportivo plasmar en remates toda la producción de Valerón, pero arregló el desastre inicial a base de insistencia, de un gol de Adrián que nació de un rechazo y murió con otro. Sin mucho fútbol, seguramente tampoco era el momento de exigirlo. O tal vez sí.

No demandó demasiado el Athletic, que se manejó con extraordinaria frialdad en un ambiente electrizante. Quiso jugar con la ansiedad del oponente. También, con sus mayores recursos. Por ejemplo, los de Llorente, que tiene en Toquero al escudero soñado por cualquier delantero, el compañero que presiona, corre y labora. Llorente envió un testarazo al larguero poco antes de que el partido llegara al descanso. Tras el receso, se alió con el reloj, que corrió demasiado rápido para el Depor, que nunca dejó de estar atrancado, pero que vio el cielo con Valerón.

Cuando su equipo buscaba un segundo aliento, que tardaba en llegar desde el banquillo, volvió a girarse Valerón. Fabricó un pase imposible que dejó a Adrián solo con la pelota en el área y acabó con gol en propia meta de Castillo. No fue el final. Restaba la aparición de Toquero, que jamás dejó de brujulear. Casi sobre la hora encontró de nuevo la pelota en el área, un testarazo frontal. Dirigió la pelota a la escuadra, pero se fue a tres dedos de esta: el Depor sigue en la lucha.

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