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Un equipo por hacer

Las españolas, todas debutantes, fracasan en la primera jornada de los Europeos de gimnasia, dominados por la renacida Rusia

Jesús Carballo, el seleccionador español, decía que los Europeos de gimnasia que han empezado hoy en Berlín eran un ladrillo en la construcción de ese equipo que haga recuperar glorias pasadas en Londres 2012. Pero si se repasan las notas obtenidas por las españolas, jovencísimas e inexpertas, y el nivel de los que en unos meses serán rivales directos, los cimientos parecen más bien endebles. Vale que las dos mejores gimnastas españolas, Ana Izurieta y María Paula Vargas, se hayan quedado en Madrid por precaución -ambas salen de sendas lesiones- y vale que las Claudias, Menéndez y Vila, la preciosa Beatriz Cuesta y Ainhoa Carmona carezcan de la experiencia necesaria para afrontar un evento de este tipo, pero no hay excusas en un año en el que se deciden buena parte de las plazas olímpicas, en octubre en los Mundiales.

Solo Ainhoa Carmona logró superar los 12,000 puntos en los cuatro aparatos (las medallas se reparten alrededor de los 15,000 en la mayoría) y sus tres compañeras se vieron lastradas por algún 11 y pico e incluso algún 10,000, notas que con el nuevo código de puntuación las hunden en la mediocridad y hablan de caídas y traspiés serios en un deporte donde todos los titubeos se pagan.

"Este es un campeonato para sacar conclusiones", reconoce Carballo en conversación telefónica desde Berlín nada más terminar la competición; "salvo Ainhoa, que tiene más experiencia, las demás están en ese paso de júnior a senior, les falta aún chispa. Tenemos que trabajar mucho".

A pesar de que las puntuaciones, y los puestos, todas por debajo del 30º, hablan por sí solas. Aunque hay algunos datos, escondidos tras ellas, que permiten una tímido optimismo. Como el salto de Claudia Menéndez. La asturiana, que como todas sus compañeras se entrena en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, obtuvo un dignísimo 14,300, nota de final, en el aparato que más difícil se ha puesto para las chicas. Hizo dos saltos, requisito indispensable para ser finalista, con un Yurtchenko con doble pirueta de gran nivel y otra lección, pues el segundo devaluó el resultado y la dejó sin final: "Tenemos que introducir un segundo salto de más dificultad", en palabras de Carballo.

O la barra de Beatriz Cuesta, la más estilosa de las españolas, con un estilo propio que recuerda, por elegante, al de Lenika de Simone. A pesar de caerse, en ese mortal lateral que últimamente se le atraganta, logró 12,625.

En otra división, las rusas volvieron a demostrar que Europa se les ha vuelto a quedar pequeña. Con Aliya Mustafina al frente -fue la mejor y se clasificó para las cinco finales- dominaron la jornada de clasificación y eso que Viktoria Komova, su pequeña gran estrella emergente, no ha viajado a Berlín. Solo las rumanas, con una disminuida Ana Porgras -solo compitió en paralelas y barras- parecen amenazar a la potencia renacida.

Cumplido el trámite de los Europeos, que solo reparten medallas individuales, quedan seis meses para los Mundiales, el verdadero objetivo de Carballo y sus chicas. Pero también de sus rivales.

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