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COLUMNA

La sequía marchita al Madrid y a Ricky

Son legión los entrenadores, entendidos y algo menos entendidos, que se aferran a la máxima de que las defensas son las que ganan los títulos. No les falta una parte de razón, pero, llevada al extremo, conduce al fiasco. Hubo tiempos en los que triunfó el catenaccio en el baloncesto. Bozidar Maljkovic patentó el modelo en la Copa de Europa de 1993. Logró ganarla con el relativamente modesto Limoges —tampoco es que fueran mancos Bilba, Zdovc, Dacoury y Young— ante el Benetton de Treviso por 59-55. Creó escuela y, un año después, el Joventut de Zeljko Obradovic le sucedió en el historial al ganar al Olympiacos por 59-57.

La palma de la racanería se la llevó la final de 1998 en el Palau Sant Jordi, la que se llevó el Kinder de Bolonia ante el AEK de Atenas por 58-44, el resultado más bajo en las finales por el tanteo global y por el obtenido por el campeón. En el equipo boloñés jugaban figuras como Danilovic y el Rigaudeau de sus mejores tiempos y buenos jugadores como Abbio, Nesterovic y Savic. El entrenador no era otro que Ettore Messina.

Casi 23 años después, al Madrid de Messina parece que le ha dado por volver a jugar al estilo ultradefensivo de los años noventa. Tres partidos lleva en los que no supera los 65 puntos. Con los 61 que obtuvo en Belgrado logró vencer al Partizán en la Euroliga, con los 52 que anotó en Valencia perdió ante el Power de Pesic y con los 65 que sumó en Valladolid volvió a tropezar ante el Blancos de Rueda.

Dos derrotas en la Liga, cuando el Regal Barcelona está como está, descuelgan al Madrid en la tabla y vuelven a poner en solfa el proyecto de Messina. Tampoco es que pase gran cosa a nivel clasificatorio, si se exceptúa que el Barça se asienta en el primer puesto, el que da ventaja de campo en los playoffs. Pero da que pensar el paupérrimo partido de Tucker en Valladolid, con seis tiros fallados, solo dos puntos en los libres y tres balones perdidos. Dos cuartos de lo mismo puede decirse de Tomic, con otras tantas pérdidas, solo dos rebotes y todos sus libres, tres, fallados. Y Felipe Reyes y Velickovic no tuvieron demasiada continuidad. Pero, más allá de los nombres propios, fue una cuestión de conjunto. El Madrid solo anotó 12 canastas de dos puntos, con un acierto del 39%, y se dedicó a probar suerte desde más allá de la línea de los 6,75 metros con más imprecisión que otra cosa: ocho aciertos en 27 intentos. Eso, sin quitar ningún mérito a un Valladolid que no deja de sorprender y que de la mano de tres estadounidenses, Barnes, Robinson y Slaughter, dominó con autoridad. Más autoridad aún demostró el Barça en su triunfo sobre el Caja Laboral (89-66), especialmente en el último cuarto: 28-12.

En contraste con el momento pletórico por el que atraviesa Víctor Sada, la nota preocupante fue el primer cero en anotación de la temporada de Ricky Rubio, que solo se animó a probar con un triple. Su sequía ha influido sin duda en su disminución de minutos en la cancha. Ante el Baskonia tuvo que contentarse con 15.

Si la temporada del Valladolid es sobresaliente, no lo es menos la del Power Valencia, que, sin Claver, lesionado, venció en Zaragoza (72-76). El equipo de Pesic es tercero, por delante del Valladolid y de un Caja Laboral que pagó cara su derrota en el Palau y desciende al quinto puesto.

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