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Balones al cielo

Paraguay pasa a los cuartos de final después de derrotar a Japón en la tanda de penaltis; colofón a un partido de poco fútbol

Había un helicóptero sobrevolando el estadio de Pretoria. En Sudáfrica siempre hay helicópteros sobrevolando los lugares concurridos, como si vigilasen alguna cosa. Las vuvuzelas, el aturdimiento general, impedían escuchar el rotor. Pero el aparato andaba por ahí arriba, imprudentemente pilotado por gente que no se percataba del peligro que corría.

Porque ahí abajo, sobre la hierba, un puñado de paraguayos y japoneses parecían obstinados en emplear el Jabulani como armamento antiaéreo. ¿Pretendían atentar contra las fuerzas de seguridad del Estado Sudafricano? ¿Practicaban alguna disciplina esotérica? ¿Qué se propusieron?

Probablemente el asunto se archivará y nunca sabremos exactamente lo que ocurrió ayer en el estadio Loftus Versfeld. Probablemente los miles de hinchas japoneses y paraguayos que asistieron expectantes olviden pronto estos acontecimientos y solo retengan la consecuencia burocrática. La inscripción registral dará fe de que, de un modo u otro, todo acabó con Paraguay avanzando a los cuartos de final por primera vez en su historia.

PARAGUAY 0 - JAPÓN 0

Paraguay: Justo Villar; Bonet, Paulo Da Silva, Antolín Alcaraz, Claudio Morel; Néstor Ortigoza (Edgar Barreto, m.75), Enrique Vera, Cristian Riveros; Roque Santa Cruz (Cardozo, m.96), Edgar Benítez (Haedo Valdez, m.60) y Lucas Barrios.

Japón: Kawashima, Komano, Nakazawa, Marcus Tulio Tanaka, Nagamoto, Abe (Kengo Nakamura, m.82), Endo, Matsui (Okazaki, m.66), Hasebe, Okubo (Tamada, m.105) y Honda.

Penaltis: Edgar Barreto: gol (1-0); Endo: gol (1-1); Lucas Barrios: gol (2-1); Hasebe: gol (2-2); Cristián Riveros: gol (3-2); Komano: falla (3-2); Haedo Valdez: gol (4-2); Honda: gol (4-3); Cardozo: gol (5-3)

Árbitro: Frank De Bleeckere (BEL). Mostró tarjeta amarilla a Matsui (m.57), a Nagamoto (m.72), a Honda (m.90+) y a Endo (m.113)

Loftus Versfeld de Pretoria ante 36.742 espectadores.

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De la primera parte puede que recuerden una pared de Lucas Barrios con Riveros. Fue emocionante ver la recepción de Barrios, un canijo habilidoso y abnegado, de espalda a dos defensas japonenses. Pisó el balón y se giró con picardía para quedarse solo ante el portero, pero erró el tiro.

Más tarde, el zurdo Honda hizo un remate de media distancia, pero la pelota cogió demasiado efecto y se abrió lejos del arco. El resto del primer periodo fue acaparado por los porteros, Villar y Kawashima, y los jugadores de campo Tulio, Nagatomo y Ortigoza. No es que los porteros hicieran paradas muy buenas. Es que el de ayer debió ser el partido con más saques de portería del Mundial.

Fue una excelente ocasión para tirar pelotazos al helicóptero. Algo parecido intentó Ortigoza cada vez que sus delanteros se le desmarcaban. Pateó al cielo. Al éter. Lo mismo hizo Nagatomo, el lateral zurdo japonés, cambiando continuamente de frente en busca de los desmarques de Matsui, el extremo derecho.

Para no ser menos, Tulio, el central japonés nacido en Brasil, se empeñó en desplazamientos que superaban la línea de fondo y se estrellaban contra las vuvuzelas. En el intermedio, el comentario del entrenador francés Gerrard Houllier, invitado por la televisión sudafricana, no pudo ser más explicativo: "El partido todavía no ha empezado".

Fue curioso ver a los dos equipos celebrando consejos en el medio del campo, al margen de los técnicos, antes de irse al descanso. No se sabe de qué hablaron. Pero hablaron mucho y cuando salieron de nuevo Japón desplegó algo parecido a un 4-2-4 convertible en 4-1-5, como Brasil del 70 pero con Edo en lugar de Gerson.

Jugar con tantos delanteros, cuando no hay buenos volantes, es como no jugar con ninguno. El alboroto en el área de Villar no produjo remates serios. Del otro lado, los paraguayos se replegaron como en sus viejos tiempos y esperaron la prórroga. Martino dio entrada a sus cañones a última hora. Valdés y Cardozo se unieron a Barrios y entre los tres fabricaron tres buenas ocasiones. Pero no embocaron, con lo cual el partido acabó en la tanda de penaltis. Allí Komano envió su tiro al cielo, entregándole a Paraguay la satisfacción de jugar en cuartos con el vencedor del España-Portugal.

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