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LIGA | DEPORTIVO 0 - VALLADOLID 2

El Depor reanima a Onésimo

Los desajustes de los gallegos favorecen la victoria de un Valladolid ambicioso

Nada de lo que mostró ayer el Valladolid invita a esperar grandes novedades sobre su futuro. Padecerá hasta el final por salvar la categoría, pero al menos en Riazor supo explotar sus opciones ante un rival irreconocible y reanimarse con su cuarta victoria en 27 partidos. Respira Onésimo, que se presentó con el agua al cuello, tras seis partidos en el banquillo, dos empates y cuatro derrotas, pero sobre todo con más ruido que nueces. Ganó además en un partido en el que Undiano no enseñó ni una tarjeta, lo que además destierra cualquier debate accesorio al fútbol.

Más apocado, al menos a Lotina le preocupa que su equipo juegue bien. Cree que es un deber, máxima ante la que no caben reproches. Ocurre que en esa búsqueda en ocasiones le pasa lo mismo que a Tim, aquel entrenador brasileño que comparó el fútbol con las mantas cortas, las que no consiguen tapar los pies sin descubrir la cabeza. Algo de eso le pasó al Deportivo, que jugó dos partidos en uno y los dos los jugó mal. Lesiones y sanciones auspiciaron una alineación inédita en la que cabían Lassad y Valerón en la mediapunta, Juan Domínguez tras ellos y Adrián por delante de todos, un festín para la pelota, que no sufrió por el trato como otras veces. Pero la manta destapó al colectivo porque abandonó las ayudas y se convirtió en un equipo largo, abrió el partido y concedió espacios al Valladolid, que además siempre tuvo vocación de mirar adelante y pisar terrenos alejados de su área. Hubo ambición por parte del equipo de Onésimo, pero sobre todo sobraron desajustes en el Deportivo, que no supo restar ni correr hacia atrás y abandonó a Zé Castro, ayer ocasional mediocentro y no precisamente un duro que marque territorio.

Deportivo 0 - Valladolid 2

Deportivo: Aranzubia, Manuel Pablo, Colotto, Lopo, Seoane, Zé Castro (Bodipo, m.64), Juan Domínguez, Juan Rodríguez, Lassad (Pablo Álvarez, m.46), Valerón (Mista, m.64) y Adrián.

Valladolid: Justo Villar, Pedro López, Sereno, Arzo, Del Horno, Borja (Medujanin, m.75), Pelé, Nauzet, Marquitos (Canobbio, m.66), Bueno (Marcos, m.85) y Diego Costa

Goles: 0-1, m.39: Nauzet Alemán. 0-2, m.91: Medujanin

Árbitro: Undiano Mallenco

Incidencias: encuentro correspondiente a la vigésima séptima jornada de Liga de Primera División disputado en el estadio de Riazor.

La primera parte engañó al Deportivo, que se sintió cómodo, que tocó, tiró taconazos e incluso dio la sensación de divertirse, que estuvo remiso ante el gol, tan fallón como prolífico en la zona de la verdad donde, por ejemplo, Juan Rodríguez, dejó pasar una clara oportunidad por demorar la definición allí donde nunca conceden tiempo los defensas. Acomodado en un dibujo piramidal en el que de mediocampo en adelante nadie miraba hacia la base, se creyó dominador, se gustó en los detalles. El gol de Nauzet Alemán, justo antes del descanso, le mostró la realidad. Nada de lo hecho servía para ganar, ni siquiera para empatar. Así, con el marcador en contra, Lotina acabó con las fruslerías, buscó contundencia y retomó el dibujo acostumbrado, agrupó al equipo, pero se quedó sin fútbol. Tampoco es un problema para ganar, como se ha demostrado en bastantes partidos, pero ayer lo fue. De pronto se apagó la luz, cesó el juego combinativo, la imaginación y el atrevimiento porque, sin Lassad y Valerón, Juan Domínguez se quedó sin socios y pese a sus grandes progresos todavía le falta entidad y físico para imponerse por si solo. Instalado en la mediocridad, el Deportivo fue incapaz de hacer cosquillas al Valladolid, que, sin más, esperó el momento de la sentencia. La tuvo en sus botas durante el último cuarto de hora y la encontró al final porque fue sólo entonces cuando Onésimo, aquel descarado, se animó a dar minutos a Canobbio y Medunjanin, dos de sus mejores talentos.

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