Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL | LIGA

Navas esculpe un triunfo de manual

El Sevilla remata al Valencia con un gol de Negredo tras un majestuoso pase del extremo

Así es el Sevilla. Y así está vivo en las tres competiciones, regresa a posiciones de Liga de Campeones y supera con aparente facilidad al Valencia, tercer clasificado que llegaba al Sánchez Pizjuán después de haber realizado la mejor primera vuelta de su historia a domicilio. No es bonito, no enamora, ni se ruboriza por practicar un fútbol de defensa, presión y salida al contragolpe. Victoria extraída de su manual particular , con un gol a balón parado y otro después de una fulgurante contra esculpida por la calidad de Jesús Navas y la definición de Negredo. La jornada, sin duda, pasará a la historia por dos pases de tacón que definen a jugadores especiales. El Sevilla tiene a Navas como el Madrid a Guti, ambos tocados por la excelencia. Todo lo que el equipo andaluz tiene de rutinario se traslada a otra dimensión cuando el pequeño extremo entra en escena. Su carrera y pase a Negredo son sencillamente inolvidables, así como la ejecución del delantero. Si hay algún problema, lo resuelve Palop. Triunfo sobre un Valencia medroso, que sólo se soltó en el último cuarto de hora y con todo ya en contra. Nada más entonces soltó amarras y se acercó en el marcador.

SEVILLA 2 - VALENCIA 1

Sevilla FC: Palop; Adriano, Stankevicius, Escudé, Fernando Navarro; Jesús Navas, Zokora, Renato, Perotti (Diego Capel, m.71); Kanouté (Luis Fabiano, m.65) y Negredo (Romaric, m.75).

Valencia CF: César; Miguel, Alexis, David Navarro, Bruno; Marchena (Banega, m.57), Albelda, Pablo Hernández (Zigic, m.57), Mata; Silva (Domínguez, m.86) y Villa.

Goles: 1-0, M.21: Negredo. 2-0, M.69: Negredo. 2-1, M.90: David Navarro.

Árbitro: Pérez Lasa (Comité Vasco). Amonestó a los locales Zokora (m.16), Stankevicius (m.31), Escudé (m.51) y Perotti (m.70) y a los visitantes Albelda (m.23), David Navarro (m.26) y Bruno (m.83).

Incidencias: Partido disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán ante unos 42.000 espectadores. Terreno de juego en buenas condiciones.

Una pena tanto talento desaprovechado, a medias por la energía del Sevilla y también por la racanería de Unai Emery, técnico al que el partido le vino grande.

Tal y como andan las cosas en la Liga, Sevilla y Valencia son dos equipos de parecido corte, potencial y facultades para pelear por el trono de los mortales, ese pedazo de gloria que todavía resiste tras el fabuloso universo del Barcelona y el ascenso del Madrid donde renace Guti. Ante rivales tan monumentales, la tercera plaza sabe a gloria y con el permiso de Deportivo y Mallorca está destinada a uno de estos dos conjuntos.

Engolosinado con la Copa y a las puertas de los octavos de la Liga de Campeones, el Sevilla llevaba un tiempo alejado de las formas que durante un tiempo le concedieron galones de alternativa. El Valencia, al ritmo de Silva y con los goles de Villa como mejor aval, se plantaba en el Sánchez Pizjuán en posesión de lo que el Sevilla desea, y, además, con seis puntos de ventaja. Por eso el cuadro que Manolo Jiménez no iba a regalar lo más mínimo. Volvían Zokora y Kanouté, y el entrenador andaluz ordenó adelantar la línea de presión para que el Valencia comenzara a sufrir justo donde el fútbol se genera.

Habría que preguntarse por qué Unai Emery le dio el mando de su equipo a Albelda y Marchena. Sin exponer lo más mínimo, buscando más el empate que la yugular del Sevilla, este Valencia acobardado facilitó el camino de su rival. Tanto elenco de calidad sobre el campo para un producto mediocre, salvado quizás por las incursiones de Navas y el derroche de facultades de Zokora. Llamaba la atención tanto talento desaprovechado en el Valencia, impregnado por su medroso entrenador. El Sevilla, ya se sabe, no es un prodigio jugando al fútbol, pero compite, presiona y saca petróleo de jugadas como la del primer gol, de pura estrategia. Buen saque de esquina de Perotti, prolongación de Escudé y anticipación de Negredo en el segundo palo. Mecánico, sin brillo, pero muy efectivo.

Resultaba asombroso que el presunto poderío atacante del Valencia se resumiera en un par de disparos tímidos de Villa, que su juego no tuviera continuidad ni confianza, que no transmitiera nada. Mientras, el Sevilla, a lo suyo, a presionar y salir con rapidez. La cuestión no era tanto aumentar el 1-0 como preservarlo. Emery intentó desatascar a su equipo con la entrada de Banega y se encontró con un golazo espectacular. Sólo entonces, demasiado tarde, sin duda, se liberó Villa para gozar de dos ocasiones muy claras. David Navarro recortó distancias, muy tarde.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.