Nadal tiene un problema
El tenista español vence por 6-0, 3-6, 6-3 y 6-4 al alemán Nicolas Kiefer pero deja ver a un hombre peleado consigo mismo
Rafael Nadal ha ganado al alemán Nicolas Kiefer por 6-0, 3-6, 6-3 y 6-4 y ya está en la tercera ronda del Abierto de Estados Unidos, donde jugará contra Nicolás Almagro el domingo. El español, sin embargo, no tiene razones para sentirse satisfecho, más allá de la victoria. Tiene problemas. Unos tangibles y otros no. En la primera categoría entra su revés, escaso de fuerza y profundidad, atacable hasta para un jugador como Kiefer, que languidece más allá del número 100 del mundo. Por ese lado le lloverán piedras al español si continúa su camino en el torneo y se enfrenta a los mejores. En la segunda clase de problemas, los que están en el aire y se expresan con gestos, entran sus gritos -"¡joder!"-, los ánimos desaforados de su banquillo, sus celebraciones extraordinarias de puntos ordinarios y el aire épico que le tuvo que dar a un partido de segunda ronda. Algo no marcha a gusto del número tres del mundo. No lo dijo el marcador, pero sí su actitud y la de su banquillo.
Entrado en la tercera manga, Nadal ha sido el mismo tenista que perdió contra Robin Soderling en los octavos de final de Roland Garros. Un hombre peleado consigo mismo, a disgusto, como viviendo un drama. Llevaba la bandana de diadema, había oído ya el rock de Bon Jovi de salida y vivía el encuentro como una batalla. Los números explican sus problemas. El español propulsó su primer saque a 173 kilómetros por hora de media, y el segundo a 140. En el tenis del siglo XXI, por mucho que se conozcan todos los entresijos del arte del servicio, por mucho que se recorra cada esquina, que se use cada efecto para confundir a los rivales, que es lo que hace Nadal, es improbable que eso sirva contra los mejores. Pasó contra Soderling en París. Y a punto estuvo de pasar contra Kiefer, que entró en el partido dimitido (3-0 y saque para Nadal en diez minutos) y se descubrió gobernándolo a mediados, cuando su rival parecía perdido.
El número tres del mundo ya está en tercera ronda. Tiene el mérito de haber ganado un encuentro durísimo, sobreviviendo a base de control -se anotó tantos golpes ganadores como Kiefer, 42, pero cometió 38 errores no forzados menos. Tiene, también, un problema: no se puede hacer de todos los partidos una noche épica y de leyenda.

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